No a la institucionalidad del delito

Es innegable que la crisis económica que actualmente azota a todo el país ha hecho que las situaciones irregulares y sobre todo la corrupción se hayan incrementado hasta niveles insospechados, por ello hoy nos inspira escribir sobre este tema que al parecer algunos sectores desean que estos delitos sean vistos y tratados como algo de la vida normal, sin cuestionamientos, críticas, o penalidades.

Quizá la óptica con que analizamos este tipo de situación sea criticable, pero creemos que son los propios hechos los que nos lleva a hablar sobre esta realidad, que cada día se hace más visible en nuestra ya golpeada sociedad.

En la administración pública, por ejemplo, hemos visto que funcionarios serios y honrados que prestaron sus servicios en cargos de importancia, donde se manejan cuantiosos recursos, hoy en día son catalogados, sin ningún tipo de escrúpulos y principios, de tontos y pendejos porque no supieron aprovechar sus cargos para apropiarse de los dineros del Estado, y así asegurar su futuro. Esto es común oírlo a diario en la calle.

En otros casos, hemos visto que en nuestra sociedad figuran personajes con mala reputación que lograron, de la noche a la mañana (contrarios a los anteriores), reunir grandes capitales sin que hayan podido demostrar como hicieron para enriquecerse tan abruptamente.

Lo que es peor, a sabiendas de que andan en malas andanzas, se les adula y hay hasta quienes les son serviles, a pesar de conocer sus cuestionables procederes.

Es común observar también a personajes que llegaron "limpios", sin un centavo a la administración pública, como es el caso de muchos alcaldes, y en poco tiempo han sido vistos luciendo bienes, automóviles de marca y convertidos en todos unos supuestos empresarios dedicados fundamentalmente a derrochar el dinero mal habido.

Quizás con menos frecuencia hoy en día por la crisis, otros son vistos en hoteles, tascas y restaurantes e incluso preparando maletas para emprender viajes fuera y dentro del país; y hay quienes se dedican, como si fueran el mejor ejemplo, a cuestionar a la gente honesta, pero igualmente se les trata, a pesar de ser declarados delincuentes, con respeto y reverencia.

Igual pasa con el delincuente declarado que se dedica al robo, hurto y a la extorsión.

Incluso, sus familiares cercanos, carentes de los más mínimos valores y principios, aceptan desgraciadamente que se aparezcan en sus hogares con artículos y dinero proveniente del delito.

Pero hay también aquellos que se dedican (aún sin ser delincuentes) a tratar a estos personajes con normalidad e incluso les brindan apoyo y amistad y participan, sin el más mínimo pudor, de sus fiestas y grandes parrandas.

Hay otros, sin ningún tipo de vergüenza, que se dedican también a solicitar créditos de los organismos oficiales, para luego "hacerse los locos" y no pagarlos.

Pero en fin, de acuerdo a estos hechos, vemos que a estos "ciudadanos" se les cataloga como personas "inteligentes", que supieron aprovechar el momento. Y eso, al parecer, se desea que sea visto como algo normal y válido en nuestra sociedad.

En los últimos años hemos visto de todo. Incluso, sujetos que han operado al estilo de "Robin Hood", tras la búsqueda de amigos y afectos, gracias al dinero que han obtenido proveniente de delito.

Algunos, con ese poder que les da las grandes fortunas, hasta han pretendido llegar a las esferas más altas del gobierno a través de la política.

Más allá de los ejemplos anteriores también existen aquellos personajes que ocupando cargos de importancia en la administración pública, se valen de los mismos para trajinar y chantajear, e incluso para aplicar la "operación colchón", sin importarles, en lo más mínimo, su prestigio y el de la institución.

A pesar de ello también se les adula y se les promueve como excelentes servidores públicos, a pesar de su estela de delitos.

¿Qué podemos deducir de todo esto?.

Que no es posible que este tipo de comportamiento sea visto por nuestra sociedad como algo normal, que no merecen críticas ni mucho menos sanciones.

Los organismos encargados de velar y garantizar el buen manejo de nuestros recursos deben estar más alertas y prestos a realizar mejores controles, para así evitar estos hechos claramente punibles.

Cualquier persona o funcionario público que no demuestre como obtuvo su riqueza debería ser investigado a profundidad y de inmediato.

El común de la gente, con sus buenos principios y valores, está llamada igualmente a ser vigilante.

Las denuncias se deben formular para así evitar que el delito quede impune y éste deje de ser visto como algo común, sin importancia, y que no merezca sanción.

Todo aquel que sea partícipe de situaciones irregulares debe ser igualmente rechazado, por lo menos, hasta que pague su delito, pues de lo contrario le estaríamos haciendo un flaco servicio a la sociedad.

Nuestra generación de relevo, es decir, nuestros hijos y nietos, así lo exigen. De allí que la institucionalidad del delito, que tanto daño le hace al país, debe ser cuestionado en todas sus manifestaciones.

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*Periodista

italourdaneta@hotmail.com



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Ítalo Urdaneta

Periodista, historiador y profesor universitario

 italourdaneta@gmail.com

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