Observatorio de la Revolución

El sabor agridulce de la manzana de la corrupción II PARTE

La decadencia misma del caos de la corrupción en el actual sistema de realidad del neocolonialismo imperialista, aparte de evidenciar una pestilente descomposición en todas sus estructuras, ha logrado proyectar en la estrategia de sus objetivos hegemónicos precisamente lo característico de su naturaleza putrefacta. Tan sólo en una sociedad que haya perdido la orientación originaria de su cosmovisión e identidad sobre la tierra puede dejarse arrastrar por el desequilibrio de sus arrogantes pasiones. La desmedida obsesión por gastar, consumir y acabar con lo que debiera ser lo más sagradamente normativo de su entorno circundante, sólo explica el aberrante desprecio y actitud como esta “racionalidad” comporta lo que no es de su inmediato interés, es decir el medio ambiente entendido como un todo delicadamente en equilibrio y estructuralmente sujeto bajo la complementariedad entre sus formas orgánicas e inorgánicas. No es para menos pero hoy en día la revolución bolivariana de Venezuela se enfrenta a una civilización –si puede llamársele todavía así- más enfermiza y enfermizante, de claro comportamiento sicótico y disociada, que ha registrado la historia. Una sociedad agonizante e impaciente por liberar sus contradictorias e irracionales emociones asesinas y suicidas. Una sociedad racistamente hipócrita, con licenciado pensamiento para someter, esclavizar o desaparecer lo que se atraviese delante de sus maquinaciones.

Pero cuales son las causas y ganancias para que a esta –incluso- desnacionalizada sociedad o secta trasnacional, por eso de que los capitales son golondrinos, persista y encuentre bajo una avanzada y sofisticada plataforma tecnológica, comunicacional y militar, la pretensión de impulsar una globalización meramente criminal y chupa sangre, inicio definitivo de una infame y nueva etapa en las relaciones internacionales, marcadamente signadas por el terrorismo de las guerras preventivas, en función y a merced de un particular y estratégico interés: consolidar la hegemonía económica, cultural y militar de una nueva supersociedad o supersecta. El Consenso de Washington no es más que la conveniente manera de lograr articular y organizar los desmedidos esfuerzos por no entorpecerse o pisarse la manguera mientras las grandes superpotencias –G-7- saquean las riquezas de los pueblos y del mundo, literalmente acabándolo si fuera preciso. El mantenimiento del estado actual de esta realidad necesita imperiosamente no sólo de la completa eliminación de interruptores económicos, todo lo alcanzado en materia de derechos humanos, laborales, de ciudadanía, etc.- al igual que la correspondiente eliminación de cualquier impulso por mantener una contestataria y critica resistencia moral, cultural, nacionalista, ambientalista y de autodeterminación. Tal es el grado de descomposición de esta sociedad que en un principio pensar que estos mismos halcones del pentágono estuvieron ligados secretamente con el derrumbe de sus propias Torres Gemelas fue tan descabellado como lo es hoy dudar que ellos mismos fueron los que introdujeron las drogas a los barrios humildes de USA, para así frenar el avance contestatario de las Panteras Negras. El apoyo a Noriega en el narcotráfico internacional, La Guerra del Opio en China; podrían ser sólo algunos de los ejemplos como el imperialismo internacional mediante la Corrupción y el Caos han establecido formas de control social, económico, político, cultural y militar. La actual basura de todo lo relacionado con el entretenimiento comunicacional (televisivo y holliwoodense) sólo se justifica a razón de minar y ridiculizar la moral y los ejemplos de probidad que, en todo caso, podrían combatir un estado tan corrosivamente descompuesto como el que hoy sobrevivimos. (próxima entrega la parte Final).



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Waldo Munizaga


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