El mundo nuestro es un enredo o una porquería. Cambalache. Parte VI

La renta se produce en un sitio y se invierte en otro

Volviendo a lo relativo a los resultados electorales en veces adversos al gobierno central, sirve para ilustrar, como las capitales parecieran ser como poco dadas a apoyar a quienes tengan el control del poder ejecutivo. Pero por ser muy pobladas son, dedicados sobre el área de servicio y poco a la producción, son objeto de en veces demasiada atención de quienes gobiernan, con lo que, por esa vía, son dadas a contribuir a frenar el cambio. El beneficio que ellas obtengan, el bienestar que pudieran alcanzar sus pobladores, siempre será pírrico; por eso seguirán inconformes, demandando sin medida y veremos a los gobernantes, si son cuidadosos del interés público y de sus números electorales, invirtiendo en ellas en aquello que impacte. Pero sobre todo insistirán en eso, lo de invertir, construir y hasta servir, lo que no significa cambiar ni ordenar las reglas profundas del sistema. Si a ver vamos, es como un andar detrás y nunca por delante en plan de dirigente y líder; un dejarse llevar por los hechos y circunstancias.

En Caracas misma, esa área político territorial donde se mezclan espacios y habitantes del Distrito Federal y el Estado Miranda, que llaman la “Gran Caracas”, tiene una Alcaldía Metropolitana, la cual está bajo el control de la oposición; justamente de ella es Alcalde electo Antonio Ledezma, actualmente procesado por su presunta participación en actos contrarios a la legalidad. Ledezma, se parece a la Junta de gobierno de Marcos Pérez Jiménez, aquella que llamaron 101; el primer uno un general, el segundo uno, el colocado al final, otro general; en el medio un cero, el civil. Ledezma es algo así; un Alcalde, como sin jurisdicción y hasta nada que hacer; y a él le gusta, pues tiene presupuesto y nada qué hacer; ¿quién piensa que esté buscando algo qué hacer? No, lo de él es agarrar; y además está en el medio del Alcalde de Caracas, Jorge Rodríguez, y el correspondiente al municipio Sucre. Es también como un cero; pero a esos conjuntos o elementos vacíos ¡cómo les gusta llenarse! Además ese estar allí atravesado, le sirve para pasar desapercibido como Alcalde, solo por esta condición, para que nadie le reclame ni le pida cuentas, lo que le permite hacer de político militante y hasta demasiado beligerante, como se le acusa de hasta querer tumbar el gobierno o desestabilizar la legalidad y el estado de cosas de la cual forma parte como gobernante. Es un ser gobernante, pero quien no quiere serlo o por lo menos aparentarlo para no le pidan cuenta ni cargar responsabilidades. Por cierto, es un juego muy del gusto de los alcaldes y hasta gobernadores de la oposición.

Es obvio que la alcaldía metropolitana es como un adorno, un jarrón chino, elefante blanco o las tres cosas a ala vez. Es, en fin de cuentas una auténtica sinecura, como apropiada para tipos como quien ostenta el cargo.

Ellos llegan al gobierno local, lo que implica tener bajo su responsabilidad cuerpos policiales, pero no asumen todo lo que eso significa; sólo aquella de los deriven ventajas.. El caso de alcaldes como los del Municipio Sucre, y otros del Estado Miranda, el gobernador mismo y el exalcalde de San Cristóbal, el señor Ceballos, ahora también sometido a juicio, son emblemáticos. Llegaron y llegan al colmo de promover acciones violentas en su propia jurisdicción que atentan contra la vida de la gente y la propiedad pública y privada, y no les parece suficiente la intervención personal de ellos, lo que ya es una aberración, porque de hecho es una renuncia a sus responsabilidades, sino que utilizan los recursos públicos a su disposición incluyendo los cuerpos policiales, para vigorizar esas protestas y proteger, a quienes en ellas participan, de la inevitable, por disposición constitucional, intervención de las fuerzas militares utilizadas por el gobierno central.

Esa afición o tendencia de los capitalinos, aunada a la de los proyectos económicos del capitalismo, que procuran invertir donde la densidad de población sea mayor, por un simple asunto de mercado, aparece también asociada a la “buena disposición” de los gobiernos centrales a invertir para tener aquellos, los capitalinos, como lo más contentos posible, aunque con ello no consigan mucho. En el caso venezolano, esto pareciera ser un asunto como impreciso y cuando digo esto me extiendo a un largo período de la historia nacional. Caracas suele ser muy esquiva al gobierno de turno, quizás la excesiva concentración de población allí multiplica los problemas, calamidades e inconformidades; quizás, no sé, ahora no sea tanto, pero casi siempre lo ha sido. Igual podría ser Bogotá y Ciudad de México.

“Hay que invertir allí, porque son más por metro cuadrado, son también superlativamente díscolos, inconformes, cambiantes y epidémicos”, pareciera ser el razonamiento de los gobernantes. Tengo entendido que el apretujamiento contribuye al mal humor. Entonces la inversión no estaría sujeta a un plan, que se concibe para ordenar, organizar y hasta hacer más justa y productiva la sociedad, sino en función sólo de la densidad poblacional.

Ventajas sacan. Allí por ejemplo, El Troudi, construye puentes donde haga falta alguno y quizás hasta donde no; para callar a los sempiternos criticones. Jorge Rodríguez, construye teatros para toda actividad cultural, hasta para jugar metras y eso hace feliz a la gente.

Por supuesto, otras ciudades, como Valencia o Maracay, en el caso venezolano, cuyo crecimiento corrió aparejado al enclave económico nacido de las políticas de puerto, aquellas socias de la sustitución de importaciones, industrias a medio terminar o de ensamblaje, también gozaron de la atención preferencial de los gobiernos centrales por las mismas razones que privaron para tener a la capital, Caracas, como niña mimada.

Además, pareciera ser muy acertado pensar, que en los gobiernos capitalistas clásicos, para sugerir la existencia de alguno no clásico, el Estado invierte atendiendo en buena medida los intereses de quienes más hayan acumulado. Donde mayor acumulación de capital hay, habrá más población, más necesidades, más problemas y mayor disposición a invertir. No importa donde se produzca la renta que se invierte.

Eso habla de aquello de producir la renta en un sitio e invertirla en otro. Algo así como cachicamo trabajando para lapa. Fue esa tendencia, mala costumbre o injusticia, que inspiró a unos de los grandes compositores zulianos a escribir aquella conocida gaita que canta:

“Maracaibo ha dado tanto

que debería tener

carreteras a granel

con morocotas de canto”.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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