Burocratismo, Corrupción, Anomia Social (I)

Estoy convencido, tal y como lo señalan las líneas de acción política del PSUV: Los próximos años serán cruciales para nuestra Revolución Bolivariana. Así debemos asumirlo, tanto la militancia como la dirigencia del PSUV y de nuestros aliados. Lo que está en juego es la posibilidad de avanzar en la profundización democrática de la sociedad venezolana, y de preservar el legado de Chávez, para seguir abriendo los caminos hacia el horizonte socialista o retrogradar al pasado del oscurantismo capitalista que impusieron el Imperio y la burguesía al pueblo de Simón Bolívar.

Luego del sensible fallecimiento del Comandante Hugo Chávez, el imperio y sus lacayos aceleraron sus planes de restitución del orden neocolonial de dominación. Nuestra Revolución Bolivariana y los Gobiernos Populares y Democráticos reunidos en la Alianza Bolivariana para nuestra América (ALBA) han sido amenazados directamente por la ultraderecha estadounidense, las fuerzas de la ultraderecha a nivel mundial y por los terroristas del fascismo latinoamericano. De nosotros depende que tengan o no éxito.

Sin dejar de reconocer los inmensos esfuerzos realizados por el Gobierno que lidera Nicolás Maduro, debemos reconocer un conjunto de fallas y limitaciones políticas que hacen que buena parte del chavismo, que es una amplia mayoría en el país, este muy molesto, descontento, y que eso se pueda convertir en una amenaza de cara a la preservación de la Revolución Bolivariana en el poder.

Es por eso, que se impone la obligación, de retomar el pensamiento e ideario de Hugo Chávez, así como se ha decretado el 8 de diciembre como día de la lealtad absoluta y del amor a nuestro Presidente siempre invicto, Comandante Inmortal, sería la de relanzar la orientación chavista de las 3R al cuadrado: Revisión, Rectificación, Reimpulso, Reunificación, Repolitización, Repolarización, la cual implica el reconocimiento de nuestros logros y de nuestras ventajas estratégicas frente a nuestros adversarios, pero también de un conjunto de errores, de deficiencias y de obstáculos que podrían dificultar el logro del objetivo estratégico, que no es otro que consolidar el camino de la Revolución Bolivariana en su avance al Socialismo.

Nuestro reto inmediato debe ser el de identificar todos esos obstáculos, combatirlos y superarlos para lograr la reunificación de todos los sujetos sociales y políticos que comparten los objetivos estratégicos y los valores sustantivos de la Revolución Bolivariana. El actual momento político y social exige de la militancia y dirigencia psuvista audacia y honestidad para defender nuestros logros y conquistas: la politización de nuestra sociedad, el protagonismo popular, la inclusión social sin excluir a los que ya se encontraban incluidos, y el avance progresivo en la satisfacción de las necesidades humanas, además de la elevación de la conciencia de nuestro pueblo y el gran logro de la reconquista de la independencia nacional (que pudiéramos perder si no entendemos esto); pero también encarar los problemas de diversa índole que afectan a nuestra organización: la burocratización, el oportunismo, el sectarismo, entre otros. Ignorarlo o subestimarlos sólo contribuiría al debilitamiento, no sólo del partido, sino alimentar el desencanto y la decepción contra la Revolución Bolivariana, que de juntarse con la campaña de neurotización y caotización de la sociedad que promueven los enemigos de la Patria, se convierte ésto en un peligroso cóctel, con alta carga explosiva.

La coyuntura que hoy vivimos exige voluntad y claridad políticas, necesarias para vencer la inercia, la dispersión, el descontento y hasta ciertos niveles de decepción que se están apoderando de buena parte de nuestra militancia revolucionaria. Estamos obligados a reafirmar el impetú revolucionario, que si bien no se ha pérdido, pienso que ha tenido de alguna manera, un freno. Pero sobre todo, nuestro reto es la unidad inquebrantable, la disciplina consciente y revolucionaria y la lealtad a los principios de nuestra Revolución.

Es fundamental en esta etapa, recuperar, reagrupar, rearticular las fuerzas dispersas. Hoy en día, pienso que las fuerzas de nuestra revolución se encuentran unidas, más dispersas, desmovilizadas, desmoralizadas o confundidas por el adversario y también muy descontentas por nuestros errores y fallas.

Nuestros adversarios nos prefieren mejor dispersos, desunidos y enfrentados en diatribas estériles, porque saben que ése es el camino más expedito para intentar poner freno al avance de las fuerzas democráticas revolucionarias.

Nuestro trabajo como organización debe partir del principio estratégico de una profundización democrática de la sociedad venezolana, que nos permita el debilitamiento progresivo de las fuerzas antidemocráticas, reaccionarias y apátridas de la contrarrevolución. Para ello, es necesaria la combinación de un conjunto de políticas y tácticas, que neutralicen la reproducción de su ideología y logren para nosotros la recuperación de los espacios territoriales perdidos, así como consolidar, reforzar y ampliar los terrenos y posiciones ya tomados, incrementando nuestra base social de apoyo para la consolidación estratégica de la Revolución Bolivariana, y esta adopte, de manera irreversible, el camino del No Retorno.

Como lo señalan nuestras líneas estratégicas de acción política del PSUV, específicamente la número 1, referida “De la cultura política capitalista a la militancia socialista”, este ejercicio de comparación y revisión de este texto, hoy adquiere una importancia capital, porque muchos de sus postulados tienen una vigencia para la coyuntura actual.

El triunfo electoral de la Revolución Bolivariana el 6 de diciembre de 1998, y su posterior avance, se produjeron por encima de muchas de las estructuras partidistas entonces existentes, tanto de derecha como de izquierda, casi todas atravesadas por la “cultura capitalista” de apropiación y uso del poder político, cuyo origen es el modelo rentista petrolero que penetró el alma nacional y a´un esta vigente.

Esta “cultura capitalista” se expresa en el hecho de considerar que pertenecer a un partido equivale a “invertir” en él, a través de sus contribuciones financieras o con su trabajo militante, y que esa “inversión” debe ser “recompensada” o “remunerada” con puestos, cargos, prebendas o influencia s en el Estado, en el terreno de los negocios o en el mismo partido.

La fortaleza de nuestra Revolución Bolivariana se sustenta en buena medida, en la voluntad del máximo liderazgo de la Revolución, de enfrentar esta “cultura capitalista”, favoreciendo el contacto directo con el pueblo, interpelándolo, pero sobre todo dejándose interpelar por él, convirtiéndose en una suerte de intérprete de las demandas y aspiraciones populares, dándole voz a los que nunca la tuvieron y haciendo visibles a los invisibles, a los marginados, a los olvidados, a los explotados.

Luego de las rebeliones militares-populares del 4 de febrero y el 27 de Noviembre de 1992, hijas de la rebelión popular del 27 de febrero de 1989, y del proceso posterior de movilización popular liderados por el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, la Revolución Bolivariana optó por la lucha electoral, y se hizo necesaria dotarla de un instrumento político electoral, el Movimiento V República, para lograr que aquella enorme masa popular en movimiento tuviera la cohesión, disciplina y eficiencia electoral necesarias para derrotar a la oligarquía y sus partidos. Hoy, al PSUV le toca ejercer esa función y ser la vanguardia en el proceso de construcción y defensa de la Revolución Bolivariana y Socialista.

Sin embargo, el PSUV evidencia en su funcionamiento interno y su vinculación con la base social de apoyo a la Revolución. Entre esas posibles causas de esta situación, podemos verificar , en mayor o menor medida, algunas actitudes o desviaciones características de los partidos tradicionales, tales como el burocratismo, el oportunismo, el sectarismo, el nepotismo y el gradual alejamiento de la base social bolivariana, resultantes de la persistencia de la “cultura capitalista” en el seno de la sociedad.

Esta cultura es reproducida a lo interno del partido, y se expresa en que algunos sectores lo conciben como un medio para el “ascenso social” de los y las militantes con responsabilidades de direccióna distintos niveles. Algunos camaradas se consideran líderes absolutos e indiscutibles en sus espacios, y asumen la discrecionalidad de excluir del Partido, y hasta de la Revolución, a quienes se atrevan a diferir o a disentir de ellos o de ellas.

De acentuarse este tipo de comportamiento, el PSUB podría terminar convertido en un partido iglesia, una suerte de “guía de masas incultas”, que considera a sus militantes y a las diversas formas de organización popular como simples correas de transmisión de la línea indiscutible de los nuevos “sacerdotes”. De seguirse este camino, estas prácticas debilitarán la base social de apoyoa la Revolución Bolivariana.

Pero, no desesperen que esta historia apenas comienza.


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Juan Martorano

Abogado, Activista por los Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiter@s Socialistas (RENTSOC).

 jmartoranoster@gmail.com      @juanmartorano

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