Dante Rivas, como el flautista de Hamelin o Caronte de la Divina Comedia

Dante Rivas, joven quien ha sido eficiente en todos aquellos cargos donde le han puesto, tiene ahora la responsabilidad de desmontar la maraña de trabas que el Estado Venezolano, desde siempre, ha creado para alimentar la corrupción, fortalecer la ineficiencia, paralizar al país y hacerle la vida insoportable a los venezolanos.

Consiguió que sacar una cédula de identidad y pasaporte se volviesen asuntos expeditos, cuando eran parte de todo un calvario en la IV República y comienzo de la V. La vieja picaresca se queda pendeja ante la infinidad de historias que cualquiera pudiera contar sobre el drama de obtener una cédula por las buenas.

El flautista de Hamelin logró, con sus mágicas notas, llevarse a las miles de ratas que pululaban en aquella ciudad alemana hasta el río más cercano para que allí se ahogasen.

Dante podría ser nuestro moderno flautista que aquella proeza alcance. Llevar al río las ratas de la burocracia, los agentes que de ella engordan y hasta de los burócratas de convicción que todo lo enredan por joder, estafar o dejar constancia de su macabro poder.

Es verdad, que hasta el capitalismo y los capitalistas, pueden resultar afectados por ese tupido tejido de papeles, trámites y planillas que inventan los burócratas, pero él mismo es un producto del sistema donde los burócratas y ciertos “empresarios”, tratan de sacarle beneficios hasta a una teta seca. Es decir, para los grandes del capital y maestros de las marramuncias, esas trabas no estorban en absoluto, al contrario, le ponen en ventaja frente al resto de los mortales.

Pero en fin de cuentas, los poderosos o más discretamente quienes poseen recursos, pueden resolver o desentrañar esas trabas pagando a los gestores; en cambio los pobres sufren las mayores calamidades como, en la mayoría de los casos, no poder llegar a la salida del laberinto. Pues para llegar allí, desde el inicio se enfrentan a la cruel interrogante de: ¿Cuánto hay pa´ eso? ¿Quién saca primero una carga de un puerto? ¿Quién actúa de buena fe o el otro que se vale de agentes conocidos o cómplices? Mientras más sucia es la carga más rápido se le abren las puertas de los almacenes. Entonces esas trabas forman parte también del competir.

Los viejos o para mejor decirlo, los de la tercera edad, somos doblemente afectados por aquella madeja de recaudos que solicitan para todo. Para que un ente del Estado, le diese el visto bueno a un permiso, solicitado por sus padres, para que mis nietas fuesen hace poco de Barcelona a Margarita conmigo y su abuela, hubo que sacar el RIF. ¡Vaya que le meto el coco a esa vaina y no hay manera que lo entienda! Sobre todo porque el padre, llevó a la oficina de marras la partida de nacimiento suya, de su esposa (mi hija), las de las dos niñas, el acta de matrimonio, las copias de cédulas de todos, pero no hubo permiso hasta no llevar el RIF. ¿Para qué es eso? Hasta ahora no le encuentro otra explicación que crear una traba para intentar bajarnos de la mula. Menos mal que el RIF, en Barcelona, se obtiene fácilmente. Pareciera formar parte de una inocente cosa más pero que abunde.

Cuando llegué a la edad de tramitar mi pensión del IVSS, habiendo pagado más de dos mil cuotas, me tuvieron de la ceca a la Meca, solicitándome la partida de nacimiento. Fui a Cumaná, mi querida ciudad de nacimiento, a sacarla, registré en cuánta oficina debía estar, prefectura respectiva, registro principal y no hubo manera de encontrarla porque los libros se los habían comido las ratas y en sus estómagos se llevaron mi nacimiento. Da nada valió que mostrase documentos como cédula de identidad, título de conducir, de bachiller, libreta militar, constancia de todos los años de vida que trabajé como docente, título profesional, carnet del Colegio de Profesores. Para quienes se encargaban de atenderme, aun siendo un viejo, aquel arrume de documentos no servían para un carajo ni demostraban nada. Por supuesto no podía convencerlos que, de si algo me siento orgulloso, es haber nacido y crecido en aquella poética y hasta heroica ciudad.

Por indicación de uno de ellos, llegué a la prefectura respectiva y luego al registro principal de Cumaná donde estaban los libros de la época, en los cuales debía estar mi partida y solo eran unas gruesas tapas. Dentro de ellas los restos de papel que dejaron las ratas. Al final, de tanto hablar, me dieron un papel que decía lo siguiente:

“Dejamos constancia que se presentó un señor que dijo llamarse fulano, de tantos años, cédula de identidad número tal, quién manifestó haber nacido en Cumaná y ser hijo de los señores zutanos, en tal fecha”.

Pese haber presentado mi cédula, la funcionaria que me atendió, algo así como un engendro burocrático, escribió aquello de “dijo llamarse, etc. etc.”

-“¡Coño!”, así mismo, le hable con calentera.

-“¿Entonces por las ratas de ustedes, que se comieron los libros, pese mi cédula, ni me llamo como digo, sino presuntamente y también sólo presuntamente nací en este pueblo, lo que es uno de mis mayores orgullos y sólo presuntamente soy hijo de mis viejos?”

No pude presentarles mis padres porque hacía un montón de años habían muerto y las ratas habían consumido hasta las tapas de los libros que registraron el nacimiento de ellos, como su acta de matrimonio.

Por supuesto, porque según aquel documento, era apenas un presunto en todo, tanto que hasta llegué a dudar de mi existencia, el IVSS no aceptaba darle curso a mi tramitación.

De tanto hablar del asunto, alguien, no sé si en la “llamada oficina administrativa del IVSS”, se le ocurrió hablarme de solicitar los datos filiatorios donde saqué por primera vez la cédula (Cumaná), lo que en definitiva me allanó el asunto. Pero aún después de tantos años, no le encuentro sentido alguno a aquella traba y ya Chávez era presidente.

Sobrará gente que cuente historias inverosímiles sobre este asunto que entorpece el desarrollo del país, nos tiene como maniatados, decepciona a quienes se muestran con iniciativa, paraliza a cualquiera, hasta inversionistas no dispuestos a dejarse robar impunemente, agota las fuerzas, empeño de cualquier cristiano, engorda las ratas. Por todo ello, esperamos que Dante, no sólo como el Flautista de Hamelin, se lleve las ratas a una enorme torrentera donde se ahoguen, sino como Caronte, aquel de la mitología griega y la “Divina Comedia” del Dante Alighiere, le diga a aquellas ratas, a las almas impuras, frente al Dante mismo:

“¡No esperéis ya más ver el cielo! ¡Aquí vengo a llevaros a la otra orilla de las tinieblas eternas, al calor y al hielo!”.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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