No hay chavista verdadero corrupto. Los corruptos se buscan y entaparan

En los tiempos del Pacto de Punto Fijo, sobre todo en aquel lapso durante el cual AD y COPEI se turnaban en el gobierno cada cinco años, surgieron diferentes formas de corruptela y enriquecimiento fácil, que llegaron a ser del conocimiento público. Es más, se convirtieron en prácticas no sujetas a objeción alguna y de aceptación como si fuesen honorables.

Una de ellas, se basaba en compañías contratistas de capital perteneciente a dirigentes de ambos partidos. Eran “adversarios” políticos y hasta solían “atacarse” públicamente, pero en los negocios corrían en llave. Estando AD en el gobierno y el adeco en un ministerio, otro cargo importante o cerca de la fuente de contratación, el copeyano asumía la representación de la empresa privada. Aquél conseguía los contratos, éste los ejecutaba y siendo socios se repartían la cochina. Esa forma de distribución asquerosa era en buena medida la base de eso que llaman conciliación y convivencia en el lenguaje de la derecha. Por eso solían celebrar navidad y año nuevo en compañía. ¡Feliz año! Gritaban acoro y pedían a grito pelado:

-¡Qué el nuevo sea todavía mejor!

Otra, tan asquerosa como la anterior, era valiéndose de la cercanía al poder; el “doctor” o algún “ilustre” personaje, conseguía contratos como al por mayor y los vendía a constructores de verdad, quienes a los primeros pagaban jugosas comisiones, de las cuales su buena parte también, como en la primera, le tocaba a quien aquellos contratos otorgaban.

De esas prácticas surgieron fortunas y formas de vida ostentosas sin esfuerzo, aporte a la sociedad ni creatividad alguna, salvo la relativa a la de hacer trampas por demás extendidas y conocidas; sólo que están amparadas por la impunidad y hasta una especie de cultura celestina. Decirles que eran o son parásitos es elogiarles, pues son simples ladrones.

Pero en esos tiempos, los corruptos tenían una conducta distinta a los de ahora; eran partidarios acérrimos del puntofijismo, la democracia falsa de AD y COPEI, aunque aparecieran a veces como queriéndose matar entre ellos, pero eso no pasaba de allí. Eran capaces de “partirse el pecho” por la “democracia”. Si ganaba COPEI, apenas podían joderse de manera muy particular un pequeño puñado de adecos del perraje, pero los vivos seguían, como se decía en una vieja frase caribeña, “pegados al corte”. Por supuesto, el asunto funcionaba a la inversa a la perfección. El “Bachaco Fondillú”, para decirlo a lo Alí primera, siempre quedaba en la pomada.

En esta etapa que solemos llamar revolucionaria y de transición al socialismo, asunto sobre el cual ahora no quiero discrepar, el asunto ha cambiado.

El corrupto que desde el gobierno favorece y se favorece con la corruptela, no es chavista ni revolucionario. No lo es porque eso envuelve una irreductible contradicción. No hay revolucionario ni chavista en un corrupto. Puede ser infiltrado dentro del Psuv y el gobierno; esté en alto cargo, de esos donde hay, por amigo de alguien de arriba que lo cree otra cosa o simplemente se trata de un familiar que “está jodido y hay que ayudarle”, porque con la familia “con razón o sin ella”, frase por cierto de un moralismo que nada tiene de revolucionario.

Gómez, según cuenta la tradición, solía ayudar mucho a los compadres poniéndoles en cargos como aquellos de administrar aduanas donde se movía mucho real. Sólo que estos personajes debían “arrimar lo suficiente para la canoa”, porque esa era la dinámica o funcionamiento del gobierno. Si cogía para él sólo y Gómez o sus allegados lo sabían, le cortaban las patas.

Pero en aquellos corruptos había algo de “honorable”, una consecuencia con el estado de cosas tan exaltante que no sólo daban y se repartían las tajadas en buena ley sino que cotizaban a los dos partidos por partes iguales y si en público hablaban mal de alguno de ellos, lo hacían con cordialidad y sin pasar de los amagos.

El corrupto de ahora, por ejemplo ese que recibe prebendas del infiltrado en el gobierno fingiendo de chavista o un encamisado familiar de jefe, solicitud de un producto que no produce, como cien mil sacos de cal, porque sólo tiene un maletín y se gana de intermediario con sólo una llamada telefónica, en cosa de horas, una bola de billetes que, un docente como el suscrito, no se gana ni en seis años, se da el lujo de hablar hasta por los codos y en cualquier rincón o plaza pública, no del gobierno solamente, sino de difundir blasfemias contra los dirigentes del gobierno y el propio presidente. Hasta de bolsas como uno, a quien difama como receptor de beneficios del gobierno. Además no oculta, ni nadie le interesa que lo oculte, su aporte económico hasta para las guarimbas, porque incluso se da el lujo de estar en el medio de ellas.

Y es tan fácil saber de todo eso, que uno se asombra que acontezca con tanta impunidad. Entran y salen del país, como un simple mortal de estos lados que va de Barcelona a Puerto La Cruz. Compran, venden y vuelven a comprar mansiones, cuando muy poco tiempo atrás les faltaba medio para completar un real. Hoy andan por esas calles en una camioneta costosa y muy poco tiempo después en otra, sin vender la primera y más cara.

Y para más ñapa, esos tipos gritan en cualquier lado y hasta lo pintan en los vidrios de sus carros que “Maduro los está matando de hambre”.

Mientras los chavistas y revolucionarios de verdad sólo sueñan con la felicidad colectiva y, si se les ocurre hacer críticas, les ponen en una “cuarentena infinita” y les cae encima el diluvio.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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