Las ofertas Haier o ¡cuidado con los chinos!

Los tres jóvenes estaban instalados en el área frontal externa, la misma del estacionamiento, del mercado Bicentenario. Estaban juntos y charlaban animadamente. Cada uno de ellos tenía a su lado varios bultos o cajas, en las cuales, según pude ver, había una lavadora, un televisor de 42 pulgadas y otro artefacto que no pude precisar.

-“Hola muchachos”, les saludé al acercarme a ellos.

-“Hola maestro. ¿Cómo está?”. Me respondieron como en coro.

-“¿Cómo se hace para comprar esas cosas?” Pregunté.

Me respondió aquel que parecía ser el más joven de todos.

-“Bueno, para eso hemos hecho una cola desde las tres de la madrugada y pasado tres peas para poder aguantar”.

Habiendo escuchado mal la última palabra, opté por preguntar:

-“¿Se forman muchos zaperocos en esas colas?”

El mismo joven volvió a tomar la palabra y me dijo de manera sonriente:

“Peos no. Peas. Aquí donde usted nos ve, estamos pasando la tercera”.

También sonreí al escuchar su explicación. Hice un gesto de despedida y me dispuse a continuar mi marcha.

Uno de ellos, distinto al joven que antes me había hablado, de inmediato se dirigió a mí en estos términos:

“Bueno maestro, si usted quiere comprar algo de esto o todo, podemos conversar”.

Detuve mi marcha y solicité a quien me habló de aquella manera, sólo por curiosear, me diese detalles, por cuánto vendían cada cosa. Pude enterarme de dos detalles, que ellos compraban para revender y con sobre precios escandalosamente altos con respecto a lo que habían pagado por adquirirlos. De esto último me enteré al hablar con las personas que, en el Bicentenario, hacían los trámites para vender aquella mercancía.

Aquella larga jornada, la de hacer una cola desde la madrugada y haber “pasado tres peas”, le reportaría a cada uno de ellos más doce mil bolívares, por la “medida chiquita”, como decimos los venezolanos. Una cantidad superior al ingreso mensual de una buena cantidad de profesionales. Me alarmé de sólo pensar la cantidad que obtendrían de hacer esa cola las veces que al mes les sea permitido.

Hay comentarios abundantes y de mucho crédito que desde dentro de las organizaciones que distribuyen o venden esos aparatos chinos, se están haciendo similares negocios. Pareciera que estamos ante una gran estafa a la renta nacional y generación de unos procederes que conducen al lucro fácil, fuera y dentro de la organización del Estado. También que ha nacido una ocupación novedosa y bien remunerada, la de hacer la cola para adquirir aquellas ofertas y venderla al primero que se aparezca por una buen cantidad.

Pero no quiero ahondar demasiado en el asunto porque no creo nada difícil para el gobierno saber con certeza lo que antes hemos comentado, que hasta forma parte de la picaresca nacional actual. Como que mientras el consumidor final no consigue harina de maíz, en el mercado público, a ojos vistas de todo el mundo, eso incluye a las autoridades mismas, algunos vendedores la ofrecen al comprador a precios especulativos. Sólo quiero hacer algunas preguntas:

¿Por qué nuestro gobierno tiene que vender televisores de 42 pulgadas a precios irrisorios con respecto a los del mercado? ¿De esa manera no se incita al consumo superficial, innecesario y se generan necesidades y hábitos indebidos? ¿El venezolano no puede ver televisión, en el caso que eso sea indispensable, en aparatos pequeños? ¿Estamos obligados, por algún convenio, a comprarle a los chinos esos aparatos, otros y colocarlos a cualquier “precio” en manos de compradores? ¿Es importante para el proceso revolucionario lograr la meta que todo venezolano tenga dos y tres televisores de esos enormes en su casa? ¿No será que los chinos tienen necesidad que el mercado devore su mercancía y por eso tratan de cautivar compradores?

Pero todavía quedan otras preguntas como que:

¿Cuánta cantidad de dinero en divisas extranjeras nos cuesta esa fiebre “electrodoméstica”? ¿No hay forma de evitar cosas como esas que narré al inicio y hasta en medio del texto?

¿En qué medida esas prácticas favorecen al proyecto socialista y hacen crecer al venezolano? ¿Es muy difícil extirparlas? Pareciera que no, salvo que en lo relativo a los chinos, por aquello que todos se parecen ante nuestros ojos, nos metan gato por liebre.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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