El robo como norma

Es vergonzoso pero tenemos que admitirlo y aunque no todos practican ese vieja costumbre que rompe con todos los esquemas de la ética, pareciera ser que buena parte de la población y en todos los estratos sociales se ha hecho común el tratar de despojar a los demás de sus ahorros, utilizando diferentes tretas, siendo la más normal y generalizada la que se ejerce a través del mercado.

Pero pareciera que hay estados y ciudades donde esa práctica de robar al prójimo se vuelve más común y no hay autoridad que le ponga freno a la especulación y prácticas delictiva por parte de unas minorías en perjuicio de las mayorías y tenemos que decir que entre esos espacios sociales, donde los delincuentes hacen de las suyas es Ciudad Bolívar,m capital del Estado Bolívar, donde hasta el gato practica la usura y la pillería a través de diversas formas.

Trataremos de enumerar aquí las fórmulas más comunes de robar a la ciudadanía: Una es a través de la cadena alimentaria. Desde hace un tiempo, a la fecha, una mafia extranjera se ha apoderado del control de la distribución de alimentos y sus tentáculos los ha extendido a una red de buhoneros de los alimentos un exhabrupto que solo aquí se ve como algo normal y no hay autoridad administrativa, ni sanitaria que ponga fin a este atentado no solo contra la economía, sino contra la salud de la ciudadanía que se ve forzada a adquirir alimentos asoleados y con sobreprecio, que por lo general sobrepasa el 200 por ciento.

En el mercado periférico y en céntricas calle de Ciudad Bolívar, es normal encontrarse con arrumes de potes de margarina, de leche en polvo, de aceite comestible y otros rubros, a pleno sol, que deben ser mantenidos bajo moderada temperatura para su conservación y así evitar su contaminación, la cual surge cuando los productos son expuestos al sol y el preservativo que traen los envases, se deteriora y se mezcla con el alimento. Esa mercancía es vendida con sobreprecio de hasta tres veces si valor, a los consumidores y de paso con el estribillo: “Venga que si hay aquí los productos que esconde la revolución y aquí los tiene a buen precio. ¿Y saben que? Muchos de esos alimentos provienen de la red mercal y PDVAL y otros de los distribuidores, radicados en áreas adyacente al mercado, quienes no expiden facturas, cuando venden y de paso esconden los productos para expenderlos exclusivamente a través de los buhoneros de alimentos que se convierten en ejecutores del delito de usura y acaparamiento, en nombre del derecho al trabajo y ganarse el pan de su familia. Entendemos que son derechos inalienables, pero que no se pueden ejercer a través de la práctica delictiva y en esto hay responsabilidad de personeros que ejercen funciones de gobierno. ¿Hasta cuando los organismos de salud y de defensa del consumidor van a permitir esta práctica fuera de toda normativa legal?

En el caso de la reventa de los alimentos provenientes de PDVAL y Mercal, la responsabilidad recae sobre quienes coordinan esas misiones, en la región, donde ya es un secreto a sotovoce, los presuntos negocios que hay con las llamadas polleras y restaurantes y de allí que las ventas a cielo abierto que montan en Ciudad Bolívar, por lo general carecen de carne y de pollo y si lo llevan es supremamente suprimido y por eso la gente se molesta, porque luego de hacer una cola de horas, se encuentra conque no puede adquirir la proteína, que el gobierno con dinero de todos, subsidia para favorecer a los más necesitados, pero al final los más beneficiados son los mafiosos.

Lo otro normal aquí es el robo a través del cobro del pasaje en el transporte público. En esta ciudad, usted cubre un kilometro, sobre un auto o autobús y debe pagar cinco bolívares fuertes, porque el precio del pasaje que últimamente lo han venido aumentado semestralmente en complicidad con la

Alcaldía, está en cuatro bolívares, tarífa plana, pero buena parte de los conductores y colectores cuando el usuario les paga con cinco bolívares, ponen cara de cañón y se hacen los locos para no dar el cambio y si les cancelan con un billete mayor, le cobran cinco bolívares y, el usuario tiene que estar recordándoles que el precio son cuatro bolívares. En respuesta recibe una retahíla, amenazantes miradas y el bolívar de cambio lanzado de mala gana, más la negativa a prestarle el servicio en una próxima oportunidad. De paso, pese a que el aumento fue lineal,entonces los señores que explotan las rutas, a motus propio aumentan el pasaje los sábados, domingos y días feriados, violentando el acuerdo suscrito con el instituto municipal de transporte público.

Es decir que vergonzosamente debido a la ausencia de castigo para quienes infringen los principios éticos de la prestación de un servicio y de la comercialización de cualquier género de mercancía, hemos desarrollado una cultura del robo. Porque lo otro es en los grandes establecimientos, donde los sobreprecios son abismales.

La linea blanca, los repuestos automotrices, partes eléctricas y otras mercancías son ofertadas a precios que realmente son un grosero asalto y, ahora es peor. Las prácticas delictivas las justifican, porque el sistema cambiario tiene una nueva denominación. La desfachatez y la actividad fuera de toda ley y de toda lógica llega al extremos, que los distribuidores de agua potable, el envase, que hasta el domingo 20 de febrero de 2013, costaba 15 bolívares, que ya era un robo, ahora lo cobran en 18 bolívares, alegando la subida del dolar. Abrase visto semejante caradurismo. ¿ Acaso el agua es importada y comprada en dolares? Pero frente a eso no hay autoridad que le ponga freno a esta nueva cultura del robo como norma.

Periodista*

CNP 2414 cd2620@gmail.com.


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Cástor Díaz

Periodista CNP 2414

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