Un “cordero” profanó la sinagoga de Caracas

12 de febrero 2009. - El supuesto autor intelectual del robo al templo judío cumplía funciones de escolta por disposición de la PM.

La cara de Edgar Alexander Cordero, cabo segundo de la Policía Metropolitana, era común entre los asistentes a la Sinagoga Tiferet Israel.

Para los miembros del templo judío y sus asiduos visitantes la presencia del uniformado era señal de seguridad, de protección. A lo largo de los últimos años las puertas de estas instalaciones estaban abiertas para el policía.

Su designación como escolta del rabino Isaac Cohen le dio fácil acceso a una edificación poco frecuentada por laicos católicos, ajenos a la religión judía, debido a las restricciones propias de los seguidores de esta fe.

Cordero lograba, de esta manera, un trabajo menos riesgoso, en su nuevo papel de escolta —asignado por sus superiores— y, al mismo tiempo, una mejora sustancial de sus ingresos mensuales como cabo segundo del cuerpo de seguridad metropolitano, los cuales no superaban por mucho los mil BsF.

Al obtener la confianza de los integrantes del templo comenzó a recibir dádivas por favores realizados. El funcionario lograba duplicar sus ingresos gracias a que por cada depósito importante de dinero podía obtener de propina 50 BsF o más.

Esta favorable situación la vivió hasta diciembre del año pasado, cuando por órdenes de sus superiores fue separado de estas funciones. Se desconoce si esta disposición está vinculada con un fuerte altercado que sostuvo el cabo segundo con el comandante de la zona seis de la PM, a la cual estuvo adscrito mínimo durante los últimos cuatro años.

El año 2008 no cerró con buenos augurios para el funcionario. Durante la celebración de la fiesta navideña Cordero se enfrentó a su superior e hirió a un compañero de mayor rango, cuando éste intentó mediar en la discusión. Una noche, que significaría bebida, comida y baile, terminó en calabozo y tribunales.

El supuesto responsable intelectual del asalto a la Sinagoga fue presentado por sus propios compañeros ante un tribunal de control en flagrancia. El fiscal de la causa le imputó la presunta comisión del delito de lesiones. A pesar de que no quedó detenido ni suspendido de sus funciones, debía presentarse periódicamente ante el tribunal.

De la misma manera como terminó el 2008 comenzó el 2009, complicado, envuelto en problemas de tribunales y cargos de honorarios, sin el ingreso adicional al que estaba habituado y, que le permitía obtener cierta comodidad.

Ante esta situación Cordero, quien era considerado como “un hijo” por el rabino Cohen —según declaró el detenido en la sede del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas— le pidió ayuda a la autoridad eclesiástica. Necesitaba cancelar lo solicitado por sus abogados.

Quizás el no que obtuvo como respuesta fue el detonante para intentar el robo al templo hebreo, cometido la noche del sábado 31 de enero. Cordero amigo de uno de los vigilantes de la sinagoga —Víctor Eduardo Escalona— planificó la incursión con otro compañero de la zona seis de la PM, de nombre Francisco José Pérez Díaz.

La noche señalada estaba Escalona de guardia, quien facilitó la entrada de ocho integrantes del hampa común y de tres funcionarios policiales: Cordero, Pérez y una subinspectora del Cicpc, de nombre Yadira Torres. El ambiente creado por el conflicto Israel-Palestina dio el contexto perfecto: era fácil politizar el común robo.

Con la idea de despistar a los investigadores se pintaron consignas y dibujos ofensivos en las paredes del templo. Se creó gran desorden, generando una gran conmoción a nivel nacional e internacional. Lo que se creyó una profanación fue un robo mal dirigido, en el que resultaron engañados los perpetradores.

Aproximadamente 18 personas fueron por lana y salieron trasquiladas, como reza el popular refrán. El desorden de las instalaciones no se realizó con la intención de ofender a los seguidores de la fe judía, sino a que no se encontró el botín deseado. No estaban los 200 mil BsF ni el plato de oro prometido.

Cordero, luego de descubrir que lo robado no alcanzaba ni para un viaje “full day” a Los Roques, debió lidiar con la investigación y con los cómplices, quienes pensaron que alguien del grupo los había robado. Ellos seguían creyendo en las riquezas prometidas, pero a cambio obtuvieron un promedio de 555 BsF.

En menos de dos semanas el escolta del rabino fue detenido en su residencia, ubicada en los Valles del Tuy, donde vivía con su esposa e hijos. Anteriormente residía en Propatria.

Desde el día sábado teme a la certeza de una medida privativa de libertad, en vista de que ésto significaría su segundo proceso legal en apenas dos meses.


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