Escogencia de candidatos en las filas revolucionarias

      Las próximas elecciones para ocupar los escaños de nuestro parlamento, son de suma importancia para la continuidad del desarrollo de nuestra revolución; en lo particular no tengo dudas que obtendremos una mayoría importante, pero lo amplio que va a ser esa mayoría, dependerá entre otros factores, de la manera que hagamos la escogencia de los candidatos. Ya dimos un ejemplo encomiable con la elección de nuestros candidatos que optaron por las distintas alcaldías y gobernaciones, los cuales fueron escogidos a través de primarias. Eso marcó un rumbo en lo que debe ser el proceso de democratización de los partidos. La importancia del método empleado en aquella oportunidad, radica en que de esa manera no se desestimula a la militancia que trabaja en las bases y que válidamente aspira a combatir en trincheras de mayor responsabilidad. Eso alienta al trabajo con las bases y forma liderazgos necesarios para el desarrollo del proceso. Un diputado cuyo liderazgo sea reconocido por la militancia, en votaciones internas, es un movilizador de pueblo y una guía más del proceso.

      En la actual coyuntura política de nuestro país, la elección de nuestros candidatos por las bases es vital, sin embargo, no podemos soslayar la posibilidad de colocar directamente a algunos cuadros con experiencia parlamentaria, con demostrado compromiso ideológico y con un trabajo que refleje su eficacia revolucionaria. Este tipo de selección, distinta a las primarias, debe ser tarea de la dirigencia del partido, quienes se supone han ido evaluando las conductas y actividades de los actuales cuadros que nos representan en el parlamento o en otros cargos de gran responsabilidad y que en virtud de esa evaluación, se considere que deben estar en el parlamento, para  que con su experiencia y conocimiento, ayuden a orientar el rumbo de la actividad parlamentaria junto a los nuevos cuadros revolucionarios que se incorporarán a la asamblea.

      La inmensa mayoría de los diputados que traicionaron la confianza que el pueblo revolucionario les dio al elegirlos, no tenían ningún apego, ni compromiso con ese pueblo, porque no fueron postulados por éste y en consecuencia, ni ellos se sentían al lado del pueblo, ni el pueblo los reconocía como representantes. Eso constituyó una evidente debilidad que se manifestó de varias maneras: muy poca capacidad de convocatoria de los diputados en las actividades políticas y la saltadera de talanquera, que ni se diga.

      Tenemos cuadros reconocidos y respetados por nuestra militancia, con los cuales no habría inconveniente para su postulación directa por parte de la Dirección Nacional del partido; sin embargo, debemos tener cuidado con las postulaciones directas, ya que de no entenderse que este método es una excepción y no la regla, se estaría debilitando las bases democráticas del partido y de la Revolución.

      Otro aspecto a evaluar, es el que tiene que ver con las “alianzas” en el marco de la unidad de los partidos que apoyan el Proceso Revolucionario. Yo soy un convencido que los partidos son sólo herramientas políticas y no un fin en sí mismos. Los objetivos políticos están por encima de esos instrumentos. En revolución, la cohesión de las fuerzas revolucionarias es de vital importancia para el logro de la nueva sociedad. Eso debería ser un ABC para todo revolucionario (y no hablo de unidad táctica, sino estratégica).

      Partiendo de la presunción de buena fe, debemos pensar que cuando se hizo el llamado a las fuerzas revolucionarias para fusionarnos  en un solo partido revolucionario (PSUV), quienes prefirieron mantenerse en partidos políticos distintos, no lo hicieron para tener una parcelita con la cual “negociar”, ni lo hicieron porque se crean los ungidos del proceso revolucionario: los 144.000 mencionados en la Biblia o más allá del bien y del mal. Pensemos, en el mejor de los casos, que lo hicieron por torpeza política. Bueno eso significa que esos REVOLUCIONARIOS, están claros ideológicamente y nunca intentarían aplicar un vil chantaje, para que apoyen a sus candidatos para la Asamblea Nacional o a ningún otro cargo de elección popular. Se supone que ellos, responsablemente, asumirán el reto electoral con su propia militancia; lo cual hablaría muy bien, al menos, de su claridad ideológica.

      En todo caso, el PSUV debe trabajar fuerte, desde ya, en captar la mayor cantidad de votos posibles, para garantizar el triunfo electoral y la continuidad del proceso revolucionario. 

      ¡¡¡ Hasta la victoria siempre !!! 




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Juan Carlos Valdez G


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