El recuerdo de Lira

Ustedes perdonen que intente hacer un juego de palabras un tanto
simplón con el título o encabezado de esta crónica. Ocurre que cuando
uno se refiere al poeta José Lira Sosa da lo mismo decir “el recuerdo
de Lira” que “el recuerdo delira”. En ambos casos la memoria nos hace
delirar, perseguir espejismos o caer en ensueños prodigiosos, con
aliños de magia o picardía.

Para evocar la memoria del amigo entrañable no se requiere que llegue
un día preciso: su cumpleaños, el aniversario de su partida (fechas
desconocidas u olvidadas por mi), el día del maestro o del periodista.
Su recuerdo lo tengo siempre presente: en el disco duro que cargo en
el cerebro, en la gaveta de mi mesa de noche o colgado en el closet,
como una camisa favorita, que uso y vuelvo a usar cuando quiero
sentirme cómodo e informal.

Pienso en Lira cuando leo un buen poema o sencillamente cuando quiero
acordarme de mis amigos poetas, iconoclastas, eróticos o sublimes,
como Juan Liscano o Gonzalo García Bustillos. Pienso en Lira cuando
recuerdo la narración de su vida bohemia en París, donde fue
inmensamente pobre e inmensamente feliz al descubrir el surrealismo,
que fue como encontrarse a si mismo.

Pienso en Lira cada vez que lamento la ausencia de un personaje
ejemplar que pudiera unir a la militancia de izquierda en Nueva
Esparta. Pienso en el diputado que pudimos tener o en la voz
esclarecida, que sería oída y respetada en los sectores más íntegros
de nuestra población.

Pienso en José Lira Sosa con sus virtudes y defectos, que para mí son
inseparables y no podría decir cuáles eran necesarios y cuáles
inconvenientes. El de la simpatía desbordada y la risotada inimitable,
en los bares y en las barras, tras incontables tragos y raudales de
anécdotas.

Pienso en el poeta Lira comunista, execrado por los poderes fácticos
y hasta por el mismo PCV, que lo expulsó de sus filas por alguna razón
extraña y de seguro absurda.

El recuerdo de Lira me acompaña cuando veo revolucionarios que no
conocieron exilios, persecuciones o cárceles y que ahora pretenden
inventar el socialismo del siglo XXI sin haber conocido o estudiado el
del siglo XX.

augusther@cantv.net


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Augusto Hernández


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