Enroques revolucionarios

El enroque es una jugada del ajedrez que consiste en mover dos piezas en una acción simultánea y complementaria. Como se sabe, para los políticos criollos el juego favorito es el dominó, pero aún así son expertos en enroques, particularmente en lo atinente al intercambio simultáneo de altos funcionarios que se turnan en importantes cargos oficiales u oficiosos, ergo, partidistas.

En épocas preelectorales, como la que estamos viviendo, los enroques son frecuentes y casi siempre abruptos o inesperados. Los diputados del Gobierno pasan a ocupar ministerios y los ministros se rotan sin tregua en el gabinete hasta que salen como embajadores.

El último grito de la moda lo dan los parlamentarios, ministros y hasta diplomáticos que se postulan para gobernadores y alcaldes.

Naturalmente todo ello se realiza de manera democrática y participativa. De repente un ministro compatriota o el camarada presidente de una corporación nacional aparece en Tucusiapón de Abajo para competir con el compañero que lleva años bregando el liderazgo local, recibiendo y echando bollos dentro y fuera del Psuv.

Como es lógico, los camaradas de alto rango compiten en estricta igualdad de circunstancias con los aspirantes regionales o municipales. Claro está que no se les puede culpar si hay legiones de directores, subalternos y contratistas del organismo a su cargo que se presentan voluntariamente, con franelas timbradas y vistosas pancartas, para hacer campaña a su favor. Dichos espontáneos son tan incontrolables como los que se lanzan al ruedo en las corridas de toros, aunque menos temerarios.

A estas alturas debe estar clara la diferencia entre un experto en enroques y un candidato enroscado. Las roscas no tienen cabida en el partido socialista y pertenecen a la oposición conchupante.

De todos modos, y por si acaso, nos permitimos proponer una fórmula que resultaría equitativa para los involucrados. Así, cuando el aspirante a gobernador o alcalde sea un ministro o alto funcionario, al ser nominado debería cederle el cargo al camarada que haya ocupado la posición inmediata.

El enroque quedaría democratizado y los desplazados no tendrían razones para quejarse.

augusther@cantv.net


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Augusto Hernández


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