PSUV: la tarea es transformar la realidad

El marco general

Finalmente hemos parido a nuestro partido.

Y decir “finalmente”, “parido” y “partido” no es gratuito. El camino fue arduo, lleno de piedras, rodeos y atajos. El parto fue doloroso, lleno de dudas y temores. Pero finalmente acá estamos.

Nuestra Revolución Bolivariana ya tiene su partido: el PSUV; herramienta indispensable, capaz de tensar todas las fuerzas revolucionarias y transformadoras, y orientarlas para seguir avanzando en la construcción de la utopía: una sociedad cada vez mejor, más justa, donde el “todos” sea un deseo compartido por encima del “yo”.

Pero si hasta ahora el camino fue duro, lo que viene lo será mucho más. Cuanto más avancemos, cuanto mejores seamos, más nos van a intentar derrotar. Tenemos enemigos muy poderosos que van a luchar con todas sus fuerzas para destruir este sueño cada vez más real. En primer lugar el imperialismo (la expresión más acabada y final del capitalismo), con su exponente más poderoso, influyente y decidido, los Estados Unidos. Y también tenemos sus socios locales, a los cuales decirles lacayos es insuficiente; ellos le temen a nuestra revolución, y ese miedo está justificado, pues vamos por sus privilegios y prebendas.

Pero nuestro enemigo mayor está en nosotros mismos. Ya en 1921, cuando Lenín legaba su balance político de la experiencia revolucionara de la Unión Soviética (en El Izquierdismo enfermedad infantil del comunismo), nos decía que la lucha contra los grandes capitalistas y sus aliados internacionales había sido relativamente fácil, ya que el enemigo era visible. Pero decía que había otro enemigo más poderoso, silencioso, sutil y persistente; difícil de percibir y derrotar. Se refería a esa cultura personalista y egoísta construida a lo largo de toda una historia de relaciones sociales donde el desarrollo de las fuerzas productivas se asentaba en el individualismo y, como consecuencia de éste, en el éxito de unos (los menos), sobre la explotación de otros (la mayoría). Los productos más visibles de esa formación contra la que debemos luchar sin claudicaciones y que encontramos frecuentemente en nuestras filas revolucionarias son el personalismo, el egoísmo, el clientelismo, la ineficiencia, la falta de compromiso y la corrupción.

¿Qué es el socialismo del siglo XXI

Las experiencias exitosas o fallidas del socialismo durante el siglo pasado nos dejan algunas enseñanzas desde las que debemos construir nuestra propia versión de revolución social.

El socialismo no es un lugar a donde se llega. No es un objetivo determinado por parámetros preestablecidos referidos a equis nivel de propiedad sobre los medios de producción o de desarrollo social.

El socialismo es el camino y también la forma de caminarlo. Es un desafío de construcción y creación transformadora cotidiana, en guerra a muerte con las fuerzas que intentan frenar la construcción de una sociedad cada vez más democrática, más justa e incluyente.

Ahora bien, ¿cómo llevamos adelante esta múltiple tarea de gobernar, derrotar a nuestros enemigos internos y externos, y profundizar la transformación revolucionara de la sociedad? ¿Qué papel tiene nuestro partido en ésto?

El partido, la acción revolucionaria y la conciencia

Creemos que el papel central del PSUV es orientar la totalidad de la tarea; desde la más pequeña, hasta la más compleja. Para ello, el partido debe estar presente como tal en cada espacio de acción, y para ello, la estructura organizativa actual no alcanza.

Nuestra estructura partidaria nos ha permitido culminar con éxito el conjunto de actividades que nos habíamos propuesto: construirnos como organización política y participar en la vida política nacional. Pero no hemos sido capaces (repito, como partido), de responder contundentemente a los desafíos políticos que enfrentamos en nuestra corta historia: RCTV, Reforma Constitucional, etc., etc. Los que activamos en nuestras comunidades, en nuestros gremios o universidades, no lo hacemos como partido, y esto hace que nuestra práctica sea “espontaneísta” y, por ende, poco efectiva y con un débil saldo político.

No decimos que no avanzamos, pero lo hacemos de un modo errático y hasta casual. No es un secreto para nadie que, salvo honrosas excepciones, nuestros Batallones Socialistas están desmovilizados, desmotivados y la participación de las bases es muy baja.

Es que no puede ser de otra manera. Desde el primer momento de nuestra inscripción como aspirantes a militantes, los únicos lineamientos de acción política recibidos fueron discutir, elegir, hacer campaña, asistir a las marchas... Las comisiones o bien no se constituyeron o su trabajo es disperso, sin planificación y sin acumulación orgánica o política, pero seguimos proponiendo la creación de nuevas comisiones...

Es frecuente escuchar que la desmovilización es producto de la falta de conciencia y formación política y esto es cierto. Pero es un error creer que dicha falta de conciencia se pueda resolver con planes y tareas de formación político ideológicas.

La conciencia no es producto de la lectura sino de una práctica política conciente. Esto es, ni más ni menos, enfrentar la tarea cotidiana con el plan político que nuestra capacidad, formación y conocimiento de la realidad nos permita construir. Actuamos desde dicha perspectiva, lo verificamos en la práctica, reflexionamos sobre ello, reelaboramos y accionamos. El estudio y la formación político ideológica son imprescindibles para comprender mejor la realidad, y con ello, construir nuestra política, pero la conciencia se desarrolla únicamente en la práctica política, y si la misma está fundamentada en lineamientos políticos que respondan a la realidad en sus distintos niveles de complejidad, de este modo, la acción política y la conciencia trasciende hacia un estadío superior. La contradicción entre teoría revolucionaria y práctica revolucionaria se sintetiza en la praxis política.

Propuesta de reorganización político organizativa del PSUV

De lo anterior se desprende que nuestro partido debe ser reorganizado desde la realidad concreta. Es necesario flexibilizar las instancias partidarias básicas. Si un grupo de militantes realiza una actividad dentro un ámbito determinado en el que comparten intereses y preocupaciones, lo deben hacer como partido; elaborando las acciones a seguir en el seno de una instancia partidaria, donde las decisiones se lleven a la práctica disciplinadamente, y esta instancia debe estar legitimada en la estructura partidaria.

Nos vinculamos a la vida política desde nuestra práctica social concreta; en ella somos trabajadores, estudiantes, vecinos, etc., y nuestra acción política en esos ámbitos adquiere generalmente especificidades. Dichos ámbitos de acción política deben estar orgánicamente integrados, de lo contrario, nuestra práctica política será espontaneísta. Los ejemplos de proliferación de organizaciones estudiantiles, campesinas y gremiales, cuyos miembros pertenecen al PSUV pero en la práctica misma cada uno anda por su lado. La unidad o la articulación no se construye desde acuerdos o posiciones políticas generales (somos chavistas, socialistas, o lo que sea), sino por compartir qué política es necesario llevar adelante en los ámbitos de práctica social y política concreta.

Lo anterior no significa negar la necesidad de los batallones, sino de redefinir cómo se deben vincular orgánicamente con la realidad y redefinir su rol en el partido. En este sentido, los batallones no deberían ser únicamente instancias de organización territorial, sino que los mismos se deben constituir agrupando a los militantes que compartan ámbitos de trabajo político.

Los batallones se convierten así en la instancia donde se sintetiza la acción política de varios espacios que comparten ámbitos comunes de acción política (estudiantil, campesino, territorial, obrero, etc.). Asimismo, es en los batallones donde se articulan las tareas de propaganda, finanzas, formación política y defensa territorial.

La circunscripción reúne a varios batallones, tal como hasta ahora. En el caso de la militancia en los frentes de trabajadores, campesinos o estudiantiles, la estructura y forma y dinámica de las circunscripciones se definirá de acuerdo con la necesidad de acción política de cada caso.

La segunda estructura que proponemos es la creación de instancias parroquiales.

Más allá del nombre que le pongamos, este nivel de la organización partidaria agrupará a varias circunscripciones que compartan un ámbito territorial, histórico o cultural. Es en este nivel del partido donde se produce la articulación pueblo-partido-gobierno. Ninguna acción particular se puede efectuar sin la participación de esta instancia. Se eliminan allí los cogollos y el clientelismo. La acción de gobierno para cada uno de estos espacios se acuerda y se articula en esta instancia orgánica.

Cada una de estas instancias orgánicas tendrá una sala situacional. De ser posible se imprimirá un periódico que exprese dicho “Polo Patriótico parroquial”, y es en este espacio desde donde se solicitará espacio en las emisoras locales. Asimismo, esta instancia ejercerá la función de coordinación de eventos y propaganda.

Este nivel orgánico centralizará las acciones de inteligencia y de defensa territorial. En el caso de las parroquias vinculadas a la defensa de Miraflores se establecerá un vínculo con la seguridad del presidente.

Por estas razones la instancia parroquial es la expresión en cada territorio particular del “Polo Patriótico”. No nos referimos que en ella articularemos sólo con los partidos de esa alianza, sino con todas las organizaciones que hacen vida en la parroquia. 

Conclusiones

Necesitamos reorientar nuestro partido hacia la acción transformadora de la realidad. Y, si bien jamás existieron obstáculos expresos para “inventar”, entendemos que es necesario promover formas de organización política que permitan la acción desde el marco de la organización.

No solamente deberemos promover, sino además darle institucionalidad orgánica partidaria a estos ámbitos de base y garantizar que de los mismos surjan ideas, propuestas y cuadros.

Es necesario replicar la estructura de las comisiones hasta el nivel de circunscripción, pero creemos que en los batallones no son necesarias (salvo la de defensa territorial, que debería existir pero no ser pública). La estructura de los batallones debe adaptarse a las particularidades del trabajo político que se desarrolla en su seno.

La relación pueblo-partido-gobierno debe coordinarse en la instancia parroquial. Esta decisión la deberemos comunicar a todos nuestros cuadros de gobierno y el partido deberá velar por el cumplimiento. Es vital eliminar el clientelismo si queremos un partido y que conduzca la transformación revolucionaria de la realidad. El socialismo es el camino y también la forma de caminarlo.

*Vocero del Batallón 6, Circunscripción 3
Parroquia 23 de Enero
bronstein.sergio@gmail.com



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