No hubo quien no pensara que el 02 de diciembre de 2007 comenzaría un desastre y crisis social en Venezuela, la expectativa se hacía cada vez mayor al pasar el tiempo y crecía sin medida el miedo y la escasez. Las compras nerviosas no se hicieron esperar y ya en la antesala al referéndum se notaban estantes vacíos en los supermercados. Era impresionante ver la avalancha de personas caminando por el centro de Caracas, Sabana Grande y Petare, quienes salieron a las calles de la capital como si fuera el último día de plena libertad en el país.
Había quienes hacían ya planes con los días que tendrían libres, porque aseguraban que el lunes después de las votaciones el país amanecería paralizada, con disturbios, concentraciones y demás. ¡Que sorpresa para todos! Que sorpresa fue la demostración de civismo y respeto que cada uno de los venezolanos dio el día domingo. El lunes comenzó como siempre, con unos más felices que otros, con el mismo calor y alboroto, pero con algo en particular, con una conciencia de cambio y eso ¡es un triunfo!
Los comicios electorales llevados a cabo desde tempranas horas del pasado domingo, dieron pie a varios pronunciamientos de dirigentes políticos, que una y otra vez hacían un llamado a la calma, como en la rueda de prensa del vicepresidente Jorge Rodríguez, el cual le hizo un llamado al pueblo a acatar los resultados del máximo arbitro, el CNE. Con pesadumbre y muy apacible felicitó la participación de los ciudadanos en general, en un proceso histórico como lo fue el referéndum por la reforma constitucional. No era el mismo ánimo de siempre, el ímpetu y la fuerza se vieron opacados por el desconcierto de los representantes del oficialismo al observar la abstención de su pueblo, de sus seguidores.
¿Qué pasó? ¿Acaso ganó la confusión? lo cierto es que dentro de ese 44, 11% de abstención está inmerso un gran numero de personas que le dieron la espalda al proceso, lo defraudaron y jugaron con él. Abstención que le dio el triunfo a la oposición, cuyos integrantes ya planeaban la desestabilización del país, porque hasta ellos mismo ignoraban su victoria, por más "pírrica" que esta fuera. La confusión ganó espacio en la mente de esos 3 millones y tanto de ciudadanos que se debatían entre el amor al proceso y la absurda idea de perder sus propiedades, esa que sembraron desde los más bajos fondos Globovisión, Primero Justicia y, aunque duela reconocerlo el dirigente del partido político PODEMOS, Ismael García, ¿será que él si se dejó "meter gato por liebre" al pretender jugar a ser de la oposición?
Ni hablar del Goicoechea con el más vago discurcillo repetido, no se cansaba de hacer llamados de desacato a los resultados, porque hasta ellos mismos sabían que la reforma ganaría. Ese muchacho, neófito de la política universitaria, que sólo sabe decir palabras sin sentido, siguiendo los pasos de Manuel Rosales con su legado de "horrores" de oratoria. ¡Llegarás lejos Goicoechea!
Lo cierto es que ese día se discutió un proyecto de reforma inigualable, único, al que los lacayos de la oposición (y aquí se incluye la oligarquía capitalista y mediática) dijeron NO y la abstención un "no me importa que elijan otros", pero Venezuela no cambió en nada. El país sigue igual, con nuestro presidente Hugo Chávez al mando, la Constitución del 99 y la misma ignorancia de los escualidos. Estamos como en el principio, aquí no ha pasado nada. Es como en el juego de béisbol cuando hay bases llenas y se da un "fly", es out, pero nadie se mueve. La Revolución Bolivariana todavía tiene las bases llenas señores y es su turno al bate.