Soberanía Nacional y Lucha de Clases: Por un Patriotismo Popular y Antiimperialista

En las líneas que siguen reivindicamos los conceptos del marxismo clásico con un análisis geopolítico contemporáneo, defendiendo la soberanía nacional desde una perspectiva de clase y en contra del imperialismo.

En el imaginario colectivo, la defensa de la soberanía nacional es a menudo secuestrada por discursos reaccionarios, confundida con un patrioterismo vacío o un chovinismo agresivo. Sin embargo, existe una concepción radicalmente distinta, anclada en la tradición marxista, que reivindica la patria no como una esencia abstracta, sino como el espacio vital y político del pueblo y la clase trabajadora. La defensa de la soberanía nada tiene que ver con el nacionalismo excluyente; es, por el contrario, la condición de posibilidad para que un pueblo ejerza su derecho a la autodeterminación, a decidir su propio destino y a poner su Estado al servicio de las mayorías.

La Patria del Proletariado y la Conquista del Estado

La idea de que "el proletariado pertenece a una patria" no es una concesión al nacionalismo, sino un reconocimiento de la realidad material en la que se desarrolla la lucha de clases. Como señalaba Antonio Gramsci, las relaciones de fuerzas sociales y políticas son siempre singulares y deben analizarse en un marco nacional concreto . Lejos del internacionalismo abstracto que niega las fronteras, la experiencia de la explotación (y la organización popular apta para combatirla se) vive en un territorio determinado, con una historia, una lengua y unas instituciones específicas.

Desde esta perspectiva, la "conquista del Estado" no significa tomar posesión de un aparato burgués para ponerlo a funcionar de la misma manera. Como explicó Lenin, retomando a Marx, la clase trabajadora "no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines" . La conquista del Estado implica transformarlo radicalmente, destruir su carácter de clase (el ejército permanente como herramienta contra el pueblo, la burocracia como casta privilegiada) y reconstruirlo como un instrumento al servicio del pueblo, fundiendo el poder con la ciudadanía armada y organizada . Se trata, en definitiva, de convertir al Estado, de ser un comité de gestión de los negocios de la burguesía, en la herramienta política de la clase trabajadora para suprimir las clases y construir una nueva sociedad .

Contra el Mestizaje Forzoso y la Globalización desenmascarada como lo que es: Imperialismo

La reivindicación de la soberanía popular choca frontalmente con la ideología de la globalización neoliberal. Esta no es, como a veces se presenta, un flujo inevitable y benéfico de intercambio cultural, sino la imposición, a menudo violenta, de un modo de vida: el American Way of Life. El pueblo tiene el derecho inalienable a defender su identidad y su cultura frente a esta homogeneización. El "mestizaje obligatorio" o la adopción forzosa de costumbres ajenas es una forma de colonización cultural que despoja a los pueblos de su memoria y su capacidad de crear un futuro propio.

Este imperialismo cultural es el brazo ideológico de un dominio mucho más concreto: el de las finanzas internacionales. La aspiración a la soberanía es, en esencia, la aspiración a liberarse del yugo de los grandes poderes financieros que manejan las economías y los gobiernos a su antojo. Significa recuperar la capacidad de decidir una política industrial propia, proteger el mercado interno y priorizar las necesidades sociales sobre los dictados de la especulación. Implica, como se apunta, el derecho a no participar militarmente en conflictos que son ajenos a los intereses del pueblo y que solo benefician a las oligarquías y al complejo militar-industrial.

Geopolítica de Clase: Rusia, Ucrania y el Eje Atlantista

Esta concepción de la soberanía conduce a una lectura geopolítica que desafía los relatos oficiales. Si el enemigo del pueblo español son las finanzas internacionales y las oligarquías que nos mantienen "de rodillas", la geopolítica debe ser vista a través del prisma de la lucha de clases. Desde esta óptica, tiene todo el sentido cuestionar la imposición, "como a una colonia", de considerar enemiga a Rusia. La Federación Rusa no es un enemigo histórico de España, y su política exterior, más allá de su carácter de Estado capitalista, responde a sus propios intereses objetivos de una nación soberana con derecho a defenderse, no a una supuesta vocación expansionista en territorios que le serían hostiles.

Esta perspectiva lleva a mostrar solidaridad con el pueblo ruso frente a las agresiones del nazismo ucraniano y su instrumentalización por parte del Eje Atlantista. Hay que poner de relieve un punto central para este análisis: el papel desestabilizador del "eje Washington-Londres-Tel Aviv". Estos son vistos como los verdaderos centros de poder que, a través de la OTAN y de gobiernos atlantistas sumisos, buscan envolver a Europa en guerras sanguinarias y fratricidas. La guerra en Ucrania se percibe así como una guerra por delegación, donde los pueblos europeos (incluido el ruso) son utilizados como "carne de cañón" en beneficio de intereses ajenos, los propios de la oligarquía anglo-yanqui-sionista, que en realidad no tiene patria y que emplea los Estados del Occidente colectivo como herramientas para el saqueo.

La Necesidad de una Instrucción Geopolítica de la Clase Trabajadora

En este contexto, se vuelve una tarea fundamental la instrucción de la clase trabajadora en geopolítica. Comprender que los conflictos bélicos no son accidentes de la historia ni choques inevitables de civilizaciones, sino la continuación de la política económica por otros medios, que a su vez no es sino ejercicio descarnado del Poder. Se trata de desenmascarar la propaganda belicista y mostrar cómo las oligarquías corruptas utilizan el patriotismo más zafio para lanzar a los trabajadores de unos países contra los de otros. No somos "Occidente", somos clase trabajadora de nuestra propia patria. Queremos paz y solidaridad con todos los pueblos del mundo.

Por ello, el "NO A LA GUERRA" adquiere hoy un carácter profundamente revolucionario. No es un pacifismo genérico, sino un anti-belicismo militante que identifica a los responsables: el atlantismo y el sionismo como expresiones del imperialismo contemporáneo. Es una postura que exige a cualquier fuerza que se reclame de izquierdas, anticapitalista o marxista, una ruptura nítida e inmediata con el atlantismo y con los partidos del sistema que lo sostienen. Porque un proyecto de emancipación social no puede construirse sobre la sumisión de la patria a los designios de las potencias imperiales. La defensa de la soberanía nacional, entendida como la capacidad de un pueblo de decidir su futuro, construir su cultura y elegir sus alianzas, es hoy una trinchera irrenunciable en la lucha por un mundo multipolar y justo.



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