Como no soy experto, ni mucho menos, repetiré lo que dicen los libros: ese síndrome es el fenómeno de empatía, generado por una persona secuestrada, hacia su captor... A lo mejor es muy común y no tiene fronteras, pero seguro está asociado a las debilidades humanas o, más concretamente, a sus vacíos intelectuales. Siendo así ese síndrome es tan común como las pasiones políticas que, sin ser reconocidas como tal, son bastantes parecidas.
No hay otra sociedad, diferente a la norteamericana, que refleje de manera tan descarnada, la masiva presencia de este síndrome. Desde su independencia en 1776, la nación norteamericana ha sido conformada, entrenada y puesta en escena, con la convicción de ser enviada por su Dios, para combatir al resto de la gente que, tal Dios, les señaló como seres despreciables.
Hace algún tiempo escribí esta singularidad de la sociedad norteamericana caracterizada por tres barbaridades: el racismo, la violencia y la ignorancia. Las tres han sido inculcadas intencionalmente, desde aquel momento, por la muy fervorosa egolatría del minúsculo grupo que, desde siempre ha controlado el poder económico, político y militar de esa nación. Tal perverso labrado ha traído extraordinarios beneficios a sus labradores y todo tipo de torcimientos en los receptores.
No es fortuito que ese país sea, por mucho, el mayor consumidor de drogas en el mundo, con 75 millones de drogomanos contabilizados, cosa que les permite, a los recaudadores, recoger 500 mil millones de dólares anuales. Por eso, no es casual que allí ocurran diariamente 7.848 muertes violentas, de ellas, 1.644 por asesinatos. Y se reporten, también diariamente, 1.918 personas desaparecidas. Cosas que no son, para nada, nuevas. Hace 165 años, Charles Dickens, escribió sobre aquel lugar de Nueva York llamado Five Points: Todo lo repugnante, degenerado y corrupto está aquí…
Hollywood antes, ahora los poderosos medios de información, se han encargado de presentar -ganando muchísimo dinero con eso- toda esta violencia, exceso, exageración, extralimitación, desmesura, desafuero, enormidad, saciedad, arrebato, furia y descompostura; como parte de la esencialidad norteamericana. Se trata sólo, de portadores inconscientes pero curiosamente incontinentes, de este tan terrible síndrome.