"Ante este mundo de ganadores vulgares y deshonestos, de prevaricadores falsos y oportunistas, de gente importante que ocupa el poder, de todos los neuróticos del éxito, del figurar, del llegar a ser. Ante esta antropología del ganador, de lejos prefiero al que pierde". Pier Paolo Pasolini
Mientras, el papa León XIV envía un mensaje de fraternidad a las naciones que se preparan para celebrar el Año Nuevo Lunar el 17 de febrero, e insta a que esta festividad sea un motor para la concordia internacional y el fortalecimiento de los vínculos humanos.
Desde el norte de América nos encontramos con un matón y delincuente en acción, que además se considera el Mandamás del mundo. Amenaza a Europa con ir por Groenlandia. También lo hace con Irán, Canadá, México y agrade a Venezuela, secuestra a su presidente, Nicolás Maduro y a la primera dama, Cilia Flores.
Y, además, declara, con total descaro que "el negocio petrolero venezolano lo manejo yo directamente".
Y afirma "Hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande".
En ese contexto, haremos unas reflexiones sobre el poder en las Relaciones Internacionales.
De la simple observación del escenario internacional se puede evidenciar que la igualdad jurídica de los Estados no existe, es una ficción; y la razón está en que unos Estados tienen más poder que otros, lo cual conduce a decir que el derecho internacional, en palabras del escritor argentino Marcelo Gullo, sería una especie de telaraña que atrapa a la mosca más débil, pero que deja pasar a la mosca más fuerte. Ciertamente, los Estados existen como sujetos del sistema internacional, pero en tanto y en cuanto poseen poder; y sólo aquellos que poseen poder pueden tener la capacidad de construir su propio destino. Los Estados no son iguales unos a otros, sencillamente, porque algunos tienen más poder que otros.
En el escenario internacional existen señores y siervos; Estados subordinantes y Estados subordinados. Y para el ejercicio de su dominio, los Estados subordinantes utilizan tanto el poder militar, el económico, el poder cultural y, sobre todo, el poder tecnológico.
Siguiendo con Marcelo Gullo en el artículo: "Apuntes para una teoría crítica de las relaciones internacionales" , se sostiene que los Estados no son iguales unos a otros, sencillamente porque algunos tienen más poder que otros y que: Por la propia naturaleza del sistema internacional, donde rige, en cierta forma, una situación que se asemeja al estado de naturaleza, los Estados con poder tienden a constituirse en Estados líderes o a transformarse en Estados subordinantes y, por lógica consecuencia, los Estados desprovistos de los atributos del poder suficiente para mantener su autonomía tienden a devenir en Estados vasallos o Estados subordinados, más allá de que logren conservar los aspectos formales de la soberanía.
Por su parte, Tucídides, en la Historia de la guerra del Peloponeso, al referirse al diálogo entre los embajadores de Atenas y Melos, dice: "Vosotros sabéis, como nosotros sabemos, que –tal como suceden las cosas en el mundo– el derecho es un tema del que tratan sólo los que son iguales entre sí por su poder, en tanto que los fuertes imponen su poder, tocándoles a los débiles padecer lo que deben padecer". Cuando están en juego los intereses vitales de las grandes potencias, el principio de la igualdad jurídica de los Estados se transforma en una ficción que apenas sirve a fines decorativos.
La política internacional comporta siempre un choque de voluntades: aquella que busca imponerse y la que lucha por no dejarse imponer la voluntad del otro, porque está constituida por Estados que pretenden determinarse libremente. En términos jurídicos, y siguiendo con Gullo, se estaría hablando de Estados subordinantes y Estados subordinados. Los primeros, en el ejercicio de su dominio, utilizan tanto el poder militar como el poder económico y el poder cultural y tecnológico, que es el que últimamente les está dando mucho rédito. Para los segundos, el querer decidir sobre su propio destino implica, siempre, una tensión dialéctica entre el temor a las sanciones que pueda recibir y el deseo de alcanzar la libertad o la máxima capacidad de autonomía posible que es capaz de conquistar. Situados como subordinados y pensando cómo salir de esa condición, es imperativo entonces elegir entre ser simples espectadores o protagonistas de la historia. De allí que sea siempre importante tener una visión totalizadora de las relaciones internacionales, que contemple no sólo la mirada desde el "poder", sino también desde la carencia del mismo, las características y el funcionamiento del sistema mundial, las posibilidades que tienen sus miembros de actuar en función de sus propios intereses y la perspectiva desde la que uno se ubica, para comprender el funcionamiento del sistema.
Con el escritor ruso Alexander Dugin (2018), diríamos: o somos sujetos de la historia nuestra o seguimos siendo objetos de la historia hecha por otros. Hay que tener presente que las relaciones internacionales nacieron como una disciplina occidental, con una particular visión –la etnocéntrica– y que, dentro de una concepción de reconocimiento del otro, no se debe negar o ignorar, pero que nos conmina a desarrollar construcciones propias en el campo epistemológico.
En el caso particular del derecho, debemos –como diría Boaventura de Sousa Santos, en Derecho y emancipación (2012)– tener claro que existe el pluralismo, esto es, hay varios tipos de derecho que coexisten y no operan uniformemente sobre la base de una misma racionalidad ni sobre los mismos espacios sociales. Estos distintos derechos operan articulados y jerarquiza dos, pero sin reflejar un criterio homogéneo de unión en todos los casos.
Así, que la verdad sea dicha.