Aportes para una reflexión sobre la coyuntura electoral venezolana

Operación "Coincidencia Ciudadana"

Operación "Coincidencia Ciudadana"

Aportes para una reflexión sobre la coyuntura electoral venezolana

1.- Las elecciones regionales y municipales del 21 de noviembre eligen gobernadores, alcaldes, diputados a las asambleas legislativas estadales y concejales pero, al mismo tiempo, en esas elecciones se decide el destino del gobierno del Presidente Maduro, cuyas ejecutorias y omisiones han llevado a Venezuela al estado en que se encuentra. Las sanciones económicas unilaterales, ilegales y criminales impuestas por los Estados Unidos y la Unión Europea, han acentuado gravemente el deterioro de las precarias condiciones de vida de la población, por supuesto, pero no explican que en la transferencia de las estaciones Zona Rental y Plaza Venezuela, la gente ya no respete la institución de acuerdo a la cual hay una rampa para subir y otra para bajar, y se metan muchos por donde no es produciéndose cotidianamente conflictos por choques, roces, inconvenientes, molestias y retardos. Desinstitucionalizar al país no fue algo que hicieran las sanciones. También debe recordarse que, cuando las rampas funcionaban mecánicamente, cada una en su sentido, la gente se metía sin problemas en la que era, pero del desastre y la destrucción del Metro de Caracas tampoco tienen la culpa las sanciones sino el Desfalco (así, con D mayúscula).

Las elecciones Regionales y Municipales pueden significar, en los hechos, un Referendo Revocatorio gubernamental, pero también pueden funcionar como el apuntalamiento más sólido, más estructural, de la deriva corrupta, autoritaria, entreguista, neoliberal y represiva que es hoy este gobierno. Hay quienes pretenden que lo fundamental de estas elecciones son las candidaturas a las diferentes gobernaciones y alcaldías. Creo que lo esencial, eso de lo que depende dejar de seguir en caída libre por el abismo de la robadera, es el significado que éstas pueden tener como rechazo al gobierno de Maduro, si el voto opositor a éste tiene posibilidad de unificarse frente al mismo en cada gobernación, en cada alcaldía, cosa que por ahora le está si no negada, por lo menos muy dificultada.

2.- Mercedes Malavé dijo en Primera Página, por Globovisión, que no se trataba tanto de unificar a la oposición como de unificar a la población. [https://contrapunto.com/nacional/mercedes-malave-mas-que-unificar-a-la-oposicion-hay-que-unificar-a-la-poblacion/] Este texto es mi intención de comunicarme con la población, ella incluida por supuesto, sin pasar por mediación alguna, ni partidista, ni gremial, ni de ningún otro orden. Con las personas y con sus circunstancias, como diría Ortega y Gasset.

Francisco Rodríguez, en un hilo colocado en twitter, explicó lapidariamente y con cifras sobre posible participación electoral muy parcas, que el único chance de que las elecciones no le sirvieran solo a Maduro tenía que ver con que la Plataforma Unitaria (exG4) pudiera llegar a acuerdos con la Alianza Democrática a los fines de presentar candidaturas unitarias de la oposición. [https://twitter.com/frrodriguezc/status/1432826331599880195] No se le agradece la exclusión arbitraria del sector opositor que no está ni en la llamada Plataforma Unitaria, ni en la Alianza Democrática, pero se capta el mensaje.

Fernando Mires, en una clase de politología concentrada en un twitter, pone en su puesto del basurero de la historia a Juan Guaidó, ironizando sobre su postura en relación a que votar o no votar diera lo mismo, que fuera "un detallito". [https://twitter.com/FernandoMiresOl/status/1433067484916166657]

Recojo estas opiniones para dialogar con ellas con la expresa intención de construir conjuntamente una opinión, un sentido, una orientación.

Después de sacarme la espina que significó el desconocimiento que hizo Francisco Rodríguez de la oposición al gobierno de Maduro que procede del proceso bolivariano y que no está en la llamada Plataforma Unitaria (ex G4), ni en la Alianza Democrática, paso a estar totalmente de acuerdo con lo que plantea en su hilo. La dispersión del voto opositor le entrega a Maduro el más codiciado de los trofeos: Una victoria electoral que no necesita ser clamorosa para apuntalar a su gobierno como ninguna otra cosa hubiera podido hacerlo. Aún cuando la sumatoria de votos contrarios fuese mayor que la sumatoria de votos a favor, la continuidad de dominio territorial y administrativo en gobernaciones y alcaldías, y el contexto supervisado y monitoreado que están teniendo y van a tener estas elecciones, fortalecería aplastantemente a su gobierno.

Apoyándome en la contundente conclusión de Fernando Mires respecto a la condición ética de la opción por votar como quien escoge la no-violencia frente a la violencia, me alargo a pensar, a mi aire, sin que Fernando Mires tenga ninguna responsabilidad en ello, que fue posible haber tramado una presunta participación en las elecciones como una operación de saboteo de éstas, torpedeando todos los esfuerzos unitarios y llegando a todos los sitios con la consigna de "aquí estoy por si no me han visto", y fracturar la posible unidad opositora para que, con el apoyo complaciente del programa "Con el mazo dando", esa experiencia de peculado de uso con la que semanalmente somos humillados las ciudadanas y los ciudadanos de este país, se fuese instalando la noción de para qué votar si, además de perder frente a un débil, le bordamos la narrativa; y después, el 22 de noviembre, cuando Maduro festejase su triunfo, aprovechar para decirle al pueblo: ¿se dan cuenta de que no queda sino la Guerra Civil? Reconozco que puedo estar sufriendo un ataque de hipersuspicacia, pero es que hemos visto ya tantas cosas…, tantos 30 de abril, tantas Operaciones Gedeón, que ya nada sorprende.

Antes de exponer cómo interpreto el llamado de Mercedes Malavé a unificar a la población, abro punto con algunas consideraciones necesarias.

3.- Ese 80% largo, algunos llegan a 85% de la población, que rechaza al gobierno del presidente Maduro, es un conjunto extremadamente diverso que, en relación a muchos aspectos, no solo es diverso sino diametralmente opuesto. Probablemente por razones diferentes a las mías, María Corina Machado rechaza tanto como yo al gobierno del presidente Maduro, pero ella, para salir del mismo, propugna una Guerra Civil. Contrariamente, yo actúo para que jamás eso ocurra y, en tal sentido, impulso y propugno la vigencia plena y la pulcra ejecución de lo que está pautado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Pero somos de ese 85%. La condición para pertenecer a ese conjunto es rechazar al gobierno de Maduro. Condición que cumple un grueso sector de la población que se reconoce como chavista. Esos niveles de complejidad suelen ser subestimados, por eso es necesario intentar un ejercicio de caracterización de ese vasto conjunto humano que si tuviera por delante un Referendo Revocatorio de Nicolás Maduro como presidente de la República, no tendría problema alguno en unificarse en un SÍ contundente a la pregunta: ¿Revoca usted el mandato al Presidente Maduro?, pero confrontado a la candidaturitis a gobernaciones y alcaldías tiene motivos para sentirse dividido, confundido, indignado y desilusionado, incidiendo todo esto en una actitud abstencionista que es lo que más le garantiza al gobierno la permanencia en el poder. Lo que más le conviene a Maduro.

La población que rechaza al gobierno del presidente Maduro, la que estimaremos en 80% de la población votante, cifra que considero moderada, tiene en su seno dos grandes grupos: Quienes participamos en las elecciones y quienes no lo hacen. A su vez los que no participan en las elecciones están compuestos por dos posiciones: el abstencionismo militante de izquierda y derecha que es muy pequeño y el abstencionismo circunstancial que vota o no vota dependiendo de las circunstancias. A modo de ejemplo diría que, en las pasadas elecciones parlamentarias de diciembre de 2020, cuyo índice de abstención fue del 70%, solo el 15% fue de abstencionismo "duro". El 55% restante es abstencionismo circunstancial. En el 2015 votó, en el 2020 se abstuvo.

La importancia de este segmento de la población votante es tan decisoria que el deslizamiento creciente hacia la actitud de ir a votar, registrado unánimemente por las encuestas de opinión pública, motivó el cambio de las líneas políticas abstencionistas que mantenían los partidos del G4. Digámoslo así: La gente no está aumentando su disposición a votar porque el G4 la llamó a participar. Es al revés. El G4 está en las elecciones Regionales y Municipales porque la disposición a votar de la gente les hizo saber que si no se metían en éstas corrían el peligro de quedar por fuera como la guayabera.

Dentro de ese 80% que rechaza al gobierno madurista, quienes participamos en las elecciones como conducta asumida (salvo en señaladísimas ocasiones como la patraña anticonstitucional de la espuria Asamblea Nacional Constituyente de 2017), con la convicción de que quien no ejerce sus derechos los pierde, nos dividimos por nuestras respectivas opciones y posiciones políticas, lo que en condiciones normales es algo muy bueno y muy sano. En el pasado electoral inmediato, diciembre de 2020 éramos los que hoy se agrupan en la Alianza Democrática (Avanzada Progresista, MAS, Soluciones para Venezuela, Cambiemos. AD (Bernabé Gutiérrez), Copei (Alvarado), El Cambio (Javier Bertucci) y otros; y los que procedíamos del proceso bolivariano.

Para las Regionales y Municipales del 21 de noviembre de 2021, regresan a la participación electoral, al voto como instrumento de lucha, un extraño Voluntad Popular que tiene como vocero a Henry Ramos Allup, el Sec. General del otro tolete de AD, porque el dueño de la franquicia, Leopoldo López, está removiendo cielo y tierra para que la Unión Europea no envíe misión alguna a las Elecciones Regionales y Municipales que "legitiman a la dictadura". Un extraño Primero Justicia con el ¿silencio? de Julio Borges. La Acción Democrática de Henry Ramos y Un Nuevo Tiempo, esos sí, torrentosamente, llamando a votar, porque la gente iba a votar de todas formas, los iba a dejar en evidencia y se iba a perder el apoyo que efectivamente tenían.

Volvamos otra vez nuestra mirada a ese conjunto del 80% de la población votante que rechaza al gobierno de Maduro. Coloquemos la franja del ¿10-12%? que no vota porque no vota. Coloquemos la incierta franja del abstencionismo circunstancial, ese en el que se produjo el desplazamiento hacia la opción de participar en las elecciones Regionales y Municipales, y que tan fácil como se ilusiona, se desilusiona. Le doy de entrada el 50% y puede ser más. Este segmento de la población votante está mirando, está atento al espectáculo que, querámoslo o no, estamos dando los que nos oponemos al gobierno de Maduro y participamos electoralmente, que somos el 18-20% restante, con la diarrea de candidaturas en el seno de la oposición. El espectáculo entonces, más lamentable no puede ser, como lo demuestran las colitas que se da el diputado Diosdado Cabello en su programa, riéndose de lo que unos dicen de otros y viceversa. De esa manera, perfectamente consciente de la importancia decisiva de este sector de la población, se mantiene al abstencionismo circunstancial desmovilizado, desencantado, desesperanzado, abstencionista. Y, con su minoría del 20% de la población votante, el PSUV se prepara, relamiéndose de gusto, a ganar gobernaciones y alcaldías.

¿Están todas las cartas echadas?

¿Estamos condenados a nunca volver a coincidir?

Cuando lo hicimos en el 2007 para ratificar intacta a la Constitución Nacional Bolivariana, en el Referendo para tal fin, impedimos que el Libro de Todos se transformara en el libro de solo unos cuantos. Haciendo eso apuntalamos esta paz que, aún cuando permanentemente amenazada, ha sido mucho mejor que haber sido la Siria del Caribe, que habría sido nuestro destino si ganaban los que querían modificarla para que la Constitución Nacional fuera de unos y no de todos.

4.- No es bueno votar a históricamente, como si fuese cierto que fuéramos un país, una nación, una República, con su Constitución Nacional en plena vigencia y no, como en efecto es, que somos una hacienda que el PSUV administra con el criterio de lo que le da la gana, de lo que le convenga.

Las Regionales y Municipales nos agarran en un momento en que la robadera generalizada y almirantizada busca ropaje legal y se cubre bajo el entramado de la presunta Ley Constitucional Antibloqueo y sus carnales Zonas Económicas Especiales. El trajín es de tal magnitud que una de las más insignes plumas del oficialismo, y de las letras nacionales, que conste, Luis Britto García, ha dicho que lo de "las Zonas Económicas Especiales es cambiar la soberanía por un plato de lentejas pero sin las lentejas".

Cada vez que la falta de mantenimiento determinada por la falta de presupuesto generada por el Desfalco hace de las suyas en el Sistema Eléctrico Nacional, el ministro de turno saca la barajita del ataque terrorista a las instalaciones y, cual si fuéramos una nación de pocetas, no se siente obligado a mostrar evidencias, ni indicios, ni mucho menos responsables del presunto ataque terrorista. Y menos que menos explicar por qué, instalaciones de esa importancia y magnitud no tienen la vigilancia y custodia proporcional.

La caída del techo del maravilloso pasillo cubierto de Carlos Raúl Villanueva en la UCV, la caída del piso de la pasarela que va de San Agustín del Sur a Parque Central, con saldo de una persona fallecida y varias personas heridas, no son metáforas del país. Son radiografías. Nos estamos cayendo a pedazos y no podemos seguir consintiéndolo.

La percepción cada vez más nítida de que, con el dinero del Desfalco, están comprando al país a precio de gallina flaca, en fin.

No es cierto que el 21 de noviembre de 2021 sea más importante elegir gobernadores, alcaldes, diputados estadales y concejales que decirle ¡FUERA! al gobierno del presidente Maduro. Lo primero es muy importante, nadie lo niega, pero es en relación a lo segundo que tenemos la posibilidad de amanecer el 22 de noviembre a la consolidación, al blindaje del gobierno de Maduro o, por el contrario, a otro país diferente y pleno de esperanza.

El 21 de noviembre de 2021 es mucho más un día para votar contra que para votar por. Lo deseable es vivir en un país donde sea lo lógico votar por, pero no hemos recuperado ese país todavía.

Estamos votando en el país en el que para ir a Carúpano hay que sacar pasaporte porque la carretera está en manos de otro gobierno distinto.

Estamos votando en el país de "la colaboración para los frescos" en las innumerables alcabalas.

No podemos hacernos los locos. Estamos votando en ese país antes descrito, y nadie va a venir a hacerlo por nosotros.

5.- Si el G4 no tuvo la grandeza necesaria para reconocer el épico enfrentamiento de la gobernadora Laidy Gómez contra el despojo de sus atribuciones y de sus recursos para favorecer al aparato que el gobierno del presidente Maduro puso a disposición del anticonstitucional "protectorado" de Freddy Bernal en el estado Táchira; si no tuvo la honestidad de reconocer el liderazgo de Henry Falcón en el estado Lara, pero si tuvo la mezquindad y el cálculo para no hacerle sombra a Gustavo Duque en Chacao, sería bien iluso esperar un sentido de unidad de una actitud tan desconocedora del pasado inmediato, como si nadie fuera responsable de haber despilfarrado la apabullante victoria electoral del 2015, en fin, una actitud tan 4G.

Pareciera obvio que Henry Ramos Allup mira las Regionales y Municipales como el chance de liquidar a la Acción Democrática de Bernabé Gutiérrez más allá de que el pueblo adeco lo que quiera es salir del gobierno de Maduro.

El asunto es confrontarse con la realidad de que son esperables, en cada gobernación y en cada alcaldía, tres candidaturas de la oposición por una del gobierno. La del G4, usufructuante de la tarjeta de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), la de la Alianza Democrática y la de la Alianza Popular Revolucionaria conformada por el PCV y diversas expresiones del proceso bolivariano. Fracturados en esos términos, en la mayoría de las gobernaciones y alcaldías, no en todas, eso es importante aclararlo, la primera minoría es el PSUV y, en Venezuela, no hay segunda vuelta. De nada serviría ser mayoría contra Maduro si no encontramos una forma de superar el obstáculo objetivo de la división.

6.- Ante la sugerente idea de Mercedes Malavé, en el sentido de desestimar la unidad de los partidos para privilegiar la posible unidad de los ciudadanos, me planteo formular, con el fin de profundizar la discusión, las que pudieran ser las bases de una coincidencia que, sin aspavientos ni eventos públicos, pero con mucha comunicación ciudadana horizontal, la que en el pasado llamábamos Radio Bemba, vaya produciendo la sensación de creciente consenso posible, de coincidencia en relación a un conjunto de circunstancias que nos afectan a todas y todos por igual. Empecemos.

Coincidimos en que el 21 de noviembre de 2021 vamos a ir a votar no porque nos lo diga nadie, sino porque en lo profundo de nuestro ser reconocemos la obligación moral de hacer lo que se tiene que hacer ciudadanamente para salir de la degradación de la vida cotidiana que confrontamos. Que lo hacemos porque ni queremos ni aceptamos que nadie lo haga por nosotros en tanto en cuanto es nuestro problema y nos compete exclusivamente a nosotros el resolverlo. Que lo hacemos como manifestación expresa de nuestra voluntad de paz.

Coincidimos en que el 21 de noviembre de 2021 es más importante rechazar al gobierno del presidente Maduro que cualquier otra cosa incluidas las personas concretas que resulten electas como gobernadores y alcaldes. Me explico con el que muy probablemente sea mi voto en el Municipio Libertador de la ciudad de Caracas. Jamás hubiese votado por Antonio Ecarri lo que en absoluto es un juicio sobre su persona. En mi caso, rechazo visceralmente su uslarismo, no de ahora sino desde hace mucho tiempo. Pero si alrededor de su nombre se produce la coincidencia ciudadana que le quite a Caracas el peligro de la bota militar, yo voto por Antonio Ecarri. Eso es a lo que me refiero. Coincidimos que es más importante ganarle territorio concreto al gobierno de Maduro, a que el candidato o candidata de nuestra preferencia llegue en segundo lugar.

Coincidimos en que el voto que podemos llamar parlamentario, para diputados a las asambleas legislativas regionales y para las cámaras municipales, es una perfecta posibilidad para que cada quien vote con su particular historia, con su particular narrativa, con su particular objetivo de acumulación de fuerzas. Me explico con el que muy probablemente sea mi voto a la Cámara de Concejales del Municipio Libertador. Pienso votar por la plancha de la Alianza Popular Revolucionaria para protestar la humillante injusticia cometida en la persona de Eduardo Samán, al impedirle arbitraria y alevosamente ser candidato a la alcaldía de ese municipio, y no porque esté de acuerdo con todos los postulados de esta agrupación política. Pero así como yo tengo mi motivo, entiendo el del adeco que vote en la tarjeta de la MUD por diputados regionales y por concejales, para afear la conducta de quienes recibieron los símbolos y atribuciones partidistas de un TSJ como éste. Y también entiendo el motivo del adeco que vote en la tarjeta de la AD de Bernabé Gutiérrez para cobrarle a Henry Ramos todo el tiempo que lechuguinos y petimetres estuvieron dirigiendo a Acción Democrática como si le tuvieran a él algún secreto, a juzgar por su silencio de esfinge. Creo que es posible que esos dos hipotéticos adecos y yo, en lo que al voto por gobernadores y alcaldes se refiere, tendríamos claridad en optar por quien tuviera capacidad objetiva de derrotar la propuesta madurista.

¿Coincidiríamos en confiar a un pool de cinco empresas de análisis de opinión, en concreto pienso en Datanálisis, Delphos, Datincorp, Varianzas y Consultores 21, que nos digan el 14 de noviembre, una semana antes del 21 de ese mes, día de las Elecciones, cuáles representantes de la oposición al gobierno de Maduro tienen los mejores números en las 23 gobernaciones y las 335 alcaldías, para unificarnos en torno a quien haya obtenido la mejor puntuación, respetando nuestra determinada visión política expresada en el voto que llamamos parlamentario?

Coincidimos en que no estamos tanto proponiendo una regla como evidenciando una excepción. Estamos votando en la Venezuela del año 2021 y no queda de otra.

Entiendo que este artículo llega después de la intervención de Luis Fuenmayor Toro con la propuesta del voto inteligente. [https://www.costadelsolfm.org/2021/09/22/luis-fuenmayor-toro-impulsemos-el-voto-ciudadano-inteligente/] Es obvio que formo parte de ese intento de impedir que la fatalidad se cierna sobre nosotros por no haber surgido contra la malcriadez criminal de quienes, por pura mezquindad, nos exponen a las fatales consecuencias de la división. Pero reivindico haber tratado de colocar en discusión un mecanismo concreto para impedir la dispersión del voto. Ciertamente que no lo preferiría, pero también es cierto que no estamos en condiciones de preferir.

7.- Si por algo tengo tanto orgullo de haber participado en el levantamiento de la candidatura de Vladimir Villegas a la Alcaldía de Caracas es por las cualidades didácticas, pedagógicas o como se las quiera llamar, pero por la capacidad de enseñar que tenía esa candidatura. Esa candidatura tenía la capacidad de representar la voluntad de enfrentar y derrotar al gobierno madurista que pudiera tener cualquiera de las expresiones políticas que hacen vida en el 80% de la población que rechaza al gobierno del presidente Maduro. A toda la Alianza Democrática que fue la primera en proponerlo como candidato a la Alcaldía de Caracas. A todo el G4 que no tiene duda en la frontalidad de Vladimir Villegas contra lo que el gobierno de Maduro representa. A todo el sector que, como Vladimir, procede del proceso bolivariano, aunque hoy tenga una reconocida independencia política y una brillante hoja de vida como servidor público, ya como político activo, constituyente de 1999, ya como comunicador social.

Por eso es tan dramático que, a pesar de su carácter de "tiro al piso", el odio y el sectarismo se hayan interpuesto a la que debiera ser la conducta a seguir en todas las gobernaciones y alcaldías del país, y tanto más en la alcaldía de Caracas.

Pero si traje el caso a colación es para decir que nos debemos confrontar a lo que realmente está pasando y no a lo que hubiéramos querido que pasara.

Quiero terminar este texto eminentemente electoral con unas palabras de sincero agradecimiento hacia el PSUV, como partido, y hacia su presidente, el presidente Nicolás Maduro y su Vicepresidente, el diputado Diosdado Cabello, así como al resto de las fuerzas que integran el llamado Gran Polo Patriótico, por haber realizado el acto de instalación del Comando de Campaña Aristóbulo Istúriz en las instalaciones, valga la redundancia, del Hotel Humboldt, allá arriba en el Waraira Repano que muchos conocen como Cerro Ávila. Fue toda una exhibición de sinceridad política, pues no se lleva a cabo un evento político de tanta importancia en un ícono de la desigualdad social, del derroche de los ricachones en los casinos, de la impagable abundancia de los bodegones, de la prosperidad de las Zonas Económicas Especiales si no se quiere significar algo, si no se quiere enviar el mensaje de que aquí sí hay "fuerza". Ciertamente, no todo el mundo puede hacer lo mismo. Quedaron retratados como los magnates que son. Eso siempre será de agradecer. Pueden decir que no engañan a nadie.

Los familiares de los pacientes en las salas de emergencia de los hospitales de este país, los productores que perdieron sus cosechas por falta de gasoil, los estudiantes llamados a un regreso a clases que no tiene maestros para recibirlos, en fin, el pueblo sufriente de este país quedó profundamente representado en un acto tan lucido.

Caracas, 30 de septiembre de 2021



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Santiago Arconada Rodríguez


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