Pasó lo que tenía que pasar

*ESTABA ESCRITO en todas partes, en las aguas, en el viento, en el rostro de las personas. Lo decían con toda claridad las encuestas, todas sin excepción. El veredicto estaba en el rugir de las multitudes y en el silencio de los pueblos interioranos, en el murmullo apenas perceptible de los campesinos y en el ruido taladrante de los centros industriales. La victoria roja rojita estaba por todas partes. Olía a ella, con su característico olor. Con su irreductible olor. Con su avasallante olor.

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*PERO ELLOS, LOS de siempre, pensaban de otra manera. Sabían que, fatalmente, era así; pero tenían planes particulares, fuera del marco constitucional. La participación de cierto sector del liderazgo opositor no fue democrática en el proceso electoral. No fue expresión de una conducta cívica. Fue, por el contrario, una participación con piquete al revés. Con doble discurso. Con cartas marcadas. Con puñales ocultos en la manga. Se participaba con el propósito de calentar la calle, de activar alarmas, de agrupar la subversión. Siempre se les vio la costura. La ambigüedad en el mensaje, la tácita amenaza, la omisión deliberada ante el resultado final, el llamado a los aventureros, las acusaciones temerarias, la siembra de miedos los delataba. En fin, emplearon un arsenal de ataques antidemocráticos, comenzando por la descalificación obscena del CNE, del árbitro y de las consabidas triquiñuelas para echar las bases de la desconfianza y poder gritar ¡fraude! como en otras ocasiones. Sin embargo, todo falló como tenía que ser. Como dijo el filósofo Manuel Rosales en los últimos días de su campaña, "cuando la verdad no es verdad entonces se convierte en mentira". Un fabuloso apotegma que retrató con fidelidad lo que ocurrió ayer domingo.

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*¿QUÉ HACER AHORA? De inmediato hay que recoger los vidrios rotos y recomponer la convivencia. La parte de la oposición que ha reaccionado con sensatez ante la derrota y que ha confirmado su vocación democrática, debe ser tomada en cuenta. Chávez necesita interlocutores más allá del chavismo. Es indispensable demoler muros, y respetando las posiciones de cada quien, aproximar a los dos países que una vez más se han manifestado en el plano electoral. El proceso de cambios revolucionarios debe seguir adelante --tiene que seguir--, hay que lograr su profundización sin vacilaciones, pero garantizándole a todos el acceso a ese proceso.

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*CHÁVEZ LO PUEDE hacer. Tiene con qué, como lo revelan las cifras electorales. Tiene suficiente habilidad y talento para hacerlo. Y tiene algo mucho más importante: sentido de la historia. Ser el gobernante de la mayoría nacional, de los pobres y excluidos, y también de otros sectores sanos de la sociedad, es su mayor aspiración. Que nadie lo dude. Intuyo que lo logrará, y que los más recalcitrantes terminarán aceptándolo.-


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