La odiada responsabilidad

La limitada capacidad intelectual y la carencia de experiencia y formación política de los mediáticos figurones de la oposición no les permite vislumbrar ni diseñar ninguna estrategia inteligente para enfrentarse al gobierno, lo único que se les ha ocurrido es mendigar ayuda y consejos a sus amos gringos, quienes, en consonancia con su naturaleza y su historia, ordenan la destrucción del país, saboteando la economía, los suministros y en general el funcionamiento del país, porque a ellos sólo le interesa apoderarse del mismo y es mejor si es arrasado porque así cobrarán por la reconstrucción; de aquí se deriva todo el acoso que sufre Venezuela, que se manifiesta con todo tipo de declaraciones ofensivas, sanciones, bloqueos...etc, estas acciones que, en conjunto, han sido llamadas guerra económica cuya existencia, a pesar de lo evidente, es negada, interesadamente, por aquellos que desean destruir el país para cargarle las culpas al gobierno y así desprestigiarlo y tumbarlo.

Dicho lo anterior, es necesario reconocer que el éxito de esta guerra económica ha tenido un éxito reconocible gracias a la ayuda recibida del gobierno nacional, mediante, entre otros elementos, la designación de funcionarios incapaces,permisividad con la corrupción de todo tipo y a todo nivel, falta de control del funcionamiento de instituciones y proyectos y políticas económicas desacertadas.

Especial atención merece, para mi, lo relativo a los altos funcionarios designados por el gobierno para presidir las grandes empresas y los institutos del estado, porque la práctica normal ha sido escoger militares, amigos y familiares y militantes del partido, sin ningún elemento que les avale, y las exigencias establecidas para su desempeño recuerdan las travesuras juveniles que a manera de chiste uno le hacía a las muchachas: ante una apuesta cualquiera uno le decía a la muchacha, "si yo gano te doy un beso y si tu ganas tú me das un beso",la cosa terminaba entre risas y empujones; la situación con estos funcionarios es similar, pareciera que lo que se les plantea al hacer la designación es: "mira, acepta este cargo, si no te va bien (como es de esperar, porque la persona no esta capacitado para la tarea) no hay problema, ya que te trasladamos a otro puesto igual o mejor y ya, ahora bien, si la plasta que pones es muy grande, tampoco pasa nada ya que te mandamos a una embajada en Europa para que se olvide tu desastre y después regresas repotenciado", o sea no hay deberes, ni metas que cumplir ni castigo por mal desempeño, en una palabra no tienen una responsabilidad por la cual dar la cara.

Este virus de apatía, desapego e indiferencia por los más trascendentales asuntos del país se ha extendido a todas las personas, a todos los ámbitos y a todos los niveles sociales y económicos, incluso la actuación de la oposición está signada por la irresponsabilidad, no muestran compromiso con la salud y el bienestar del país y nadie les exige otra conducta ni se le cobra tal vileza; el policía, el soldado, el bachaquero, el obrero de las empresas básicas, el maestro, los gerentes y en general a la población no les importa lo que pasa con el país y yo creo que esta cultura ha permeado desde los más altos niveles de la sociedad y del gobierno hacia la población toda, como una epidemia imparable; es necesario cambiar el rumbo y la única manera de mitigarla y enfrentarla es de la misma manera como se sembró: con una actuación muy sólida, muy constante y muy persistente de quienes moldean las conductas del pueblo, de quienes están, siempre en las portadas de los periódicos, especialmente y principalmente del Presidente y sus ministros quienes deben resaltar y jerarquizar la labor de control y seguimiento cercano e intenso de la acción gubernamental y se exija,con rigor y transparencia, cumplimiento de compromisos, de metas, y se apliquen medidas punitivas como despidos fulminantes, acusaciones contra los culpables de faltas a la responsabilidades asignadas. Este debe ser el primer paso para revaluar el trabajo (y la responsabilidad) como el valor primordial para el crecimiento y realización de los hombres y del país, resaltando el olvidado placer del deber cumplido y el disfrute del trabajo bien hecho.



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Jesús Requena G.


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