Las estatuas derribadas, la Constitución confiscada: dos caras de la misma traición a Chávez

Frente a la Constituyente, los dirigentes del gobierno y del partido se comportan con una candidez, una ceguera, que pasará a la historia como ejemplo de la psicopatología del poder, o quizá como la destreza de la burguesía para guillotinar un intento Socialista (¿el último?). Veamos.

Los dirigentes parecen atrapados en su propia creación que luce precipitada, improvisada, ciega: hablan de la Constituyente como si hubiesen logrado ya una mayoría definitiva, todos dan instrucciones, dicen que no se modificará la Constitución, que se construirá un nuevo modelo económico, que se blindará la vieja constitución, que se fortalecerá la juventud, que servirá para traer la paz, que hay un límite, que no se puede meter con la petrolera, la soberanía petrolera no se puede mover...

Pero hay un pequeño pero. Además de que es una falta de respeto con la constituyente, decirle que es lo que hará y lo que no hará, el gobierno viene de perder la última elección y las encuestas le dan una merma grande en el apoyo, su actitud ha sido sacarle el cuerpo a cualquiera medición, así esquivó el referéndum, dribló las regionales. Por más que se dieron excusas, quedó claro que el gobierno estaba consciente de no tener mayoría. Ahora se comporta como un ganador seguro, o están extraviados en las fiebres de la psicopatología del poder, sacaron mal las cuentas, la convocatoria es precipitada, o hay un truco que nadie conoce. Total el riesgo es grande y el desespero inmenso.

Quién sabe donde se cocinó el engendró, quién sabe cuál es la verdadera necesidad de modificar la Constitución, qué se esconde tras el desespero. Las razones no convencen, los mismos voceros se contradicen, los miembros de la Comisión Constituyentes se muestran desorientados, como forzados a defender algo y ocultar el grueso del asunto. Se les ven las costuras.

Grande debe ser la exigencia de modificarla, eso que no sabemos pero barruntamos tiene que ver con PDVSA, con la Faja, con el Arco, con la necesidad de recursos, con eliminar las trabas a la propiedad capitalista, a la privatización.

Ahora bien, en este cuadro tan raro, para decir lo menos, en medio de este tufo a componenda, los dirigentes del Chavismo siguen como rebaño todo lo que se les dice, se tragan cualquier barbaridad, creen todo, nadie duda, nadie reflexiona, todos asienten, a lo sumo y con timidez lanzan una pequeñísima objeción, aplauden poco, no sonríen, pasan pena en los programas, explican pero no aclaran.

La situación es grave, terminal, se trata, todo indica, de una operación para castrar a la Constitución de Chávez, quitarle el alma, dejar sólo la apariencia y cauterizar la esencia. En palabras más directas, se trata de enterrar junto al Comandante a su Constitución.

Y los líderes chavistas, los auténticos, los leales, se privan, se paralizan. Es necesario que reaccionen, que salven a la Revolución asediada desde adentro y desde afuera.

El derribo de las estatuas del Comandante es señal del odio de la oposición, indica el futuro. Si estos tontos, al renunciar al legado de Chávez, los dejan llegar al poder, no serán sólo los cuadros de la asamblea, no serán sólo las estatuas, su odio requerirá la sangre de los chavistas, la humillación, su esperanza. Desde adentro del gobierno, el ataque a la Constitución chavista indica la entrega del gobierno a los capitalistas, su pérdida de voluntad de lucha.

La situación es clara, hoy vivimos la claudicación del gobierno a los capitalistas, en su incapacidad para enfrentarlos sólo atina a disfrazar, a disimular la entrega, ya concluida en lo económico. Mientras el circo nos distrae, el capitalismo avanza. Ahora requiere, exige, la cabeza de la Constitución y el gobierno se la entrega, y los chavistas se pierden discutiendo pendejadas sobre la legalidad de la convocatoria, o se comen el cuento de que la convocan para reformas menores, para blindarla, para fortalecerla.

El Comandante merece que su obra tenga defensores viriles, los dirigentes chavistas deben dar un paso al frente, gritar el nuevo ¡por ahora! Que devele la entrega, la traición, que moralice a la masa, la fortalezca, para la defensa de la obra de Chávez. De no hacerlo el mañana será de llanto.



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Toby Valderrama y Antonio Aponte


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