Campesinado constituyente y la transformación estructural de la agricultura

Con honestidad se reconoce que la sorpresa provocada por el Presidente Maduro de una Asamblea Constituyente en estos momentos fue tanto para la gente opositora como la militancia revolucionaria. Todavía estamos en situación similar a cuando se aprende a manejar carros sincrónicos, corcoveamos para arrancar en nuestras interpretaciones de lo que puede ser esta constituyente. La Fiscal General de la República, ñangara de tradición, ha dicho que a la Constitución de la Republica Bolivariana de Venezuela no le falta nada, que Chávez la dejó blindada, aunque olvida que el intento frustrado de reforma tenía varios temas que todavía son objeto de discusión, entre otros la nueva geometría del poder. Y este tema es crucial para la agricultura y al respecto tengo dos propuestas.

Una gran porción de territorio rural se administra con las mismas bases políticas de los arreglos de los territorios urbanos, pero más allá, esos territorios rurales son colonias del poder establecido en las ciudades, lo que ha dejado para la situación general de tenencia y uso de la tierra agrícola que muy pocas unidades de producción, menos de mil, poseen tanta tierra como 200 mil familias campesinas asentadas en el territorio rural, y 350 mil familias campesinas apenas disponen del 20 % de la tierra. Si estas cifras no conmueven al espíritu constituyente, y hablamos de paz, pasamos por alto que las grandes revoluciones del mundo, revoluciones cruentas, se han dado por estos sistemas de desigualdad social. Estamos claros que en la Constitución vigente el latifundio se considera adverso al interés social, pero se debe ser tajante, incluso en la forma como se manifiesta ahora en sistemas fragmentados de propiedad en el espacio territorial, lo cual incluso es práctica de varias instituciones del Estado. Lo otro es que los beneficiarios de algunas propiedades rescatadas son frecuentemente asediados por los antiguos tenedores de tierras en conchupancia con órganos del Estado. Pues, la propuesta constituyente debe ser tierra rescatada es para el Pueblo; y al respecto debe señalarse la irreversibilidad de la tierra a los grandes propietarios. La técnica jurídica la pondrán los expertos constitucionalistas.

Otro aspecto, es la sobre fragmentación del sistema agroalimentario nacional. La Constitución debe reconocer la existencia de este sistema como único, orgánico, y debe ser sobre este sistema integral en el cual se monten las estadísticas del Estado en materia agroalimentaria. La agricultura per se en la forma como es tratada económicamente es un sector disminuido por cuanto no representa más del 3 al 5 % del PIB, en tanto que el sistema agroalimentario puede alcanzar hasta el 30 %, tomando categoría de sector de envergadura y demandará para llevarlo a su óptima expresión de políticas integrales desde antes de la semilla hasta después del consumo de alimentos. La jerarquía constitucional de sector relevante para la vida sana y armoniosa habrá de escribirse y desarrollarse teóricamente de manera que el país asuma otra postura diferente a la inercia importadora de alimentos y tecnologías diversas.

Nada de esto será posible si el campesinado está ausente de los procesos constituyentes, si siguen siendo aplaudidores oportunos de burócratas. Es el campesinado que podrá dejar sentir el poder de los que han estado presente en las grandes revoluciones del mundo así las historia los haya regresado a sus precarias situaciones de vida. Se necesitarán mas revoluciones.



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Miguel Mora Alviárez

Profesor Titular Jubilado de la UNESR, Asesor Agrícola, ex-asesor de la UBV. Durante más de 15 años estuvo encargado de la Cátedra de Geopolítica Alimentaria, en la UNESR.

 mmora170@yahoo.com

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