Hacia un Nuevo Gobierno – La Revolución que Viene

Se supone que la gloria, así como la épica, son del tamaño que dibujan las adversidades. No es mi interés especular sobre trabas porque creo que para cada uno de nosotros hay un lugar o un rol que jugar, así que me voy a limitar a centrarme en lo mío.

Decía hace unos días Henry Ramos Allup, refiriéndose al diálogo PSUV-MUD, que las "decisiones más fáciles son las que todos quieren aunque sean incorrectas y las más difíciles son las que nadie quiere así sean correctas". Y así es, especialmente cuando quienes están en la posición de tomar esas decisiones son burócratas o politiqueros cuyo único interés es atrapar un jugoso pedazo de pastel. Y como culparlos, si nosotros mismos se los hemos permitido? Necesario es recordar: no se supone que los grandes cambios sean producidos por autómatas.

Pero de igual manera, esa frase me llamó la atención más allá de su contexto, ya que, en mi opinión, creo que ésta es aplicable a distintos niveles de nuestro sistema, en cuestiones económicas, sociales, políticas, culturales, pero sobretodo en lo que se refiere a nuestro sistema de "justicia".

Y es que, cuando se habla de justicia, la verdad pareciera ser que nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato y, mientras un montón de respetables incapaces divagan sobre los espacios que el resto de desorganizados les cedemos, cualquier proyecto de sociedad justa, pacífica y civilizada se torna inviable. Y se hace inviable no porque no se pueda de por sí, o porque requiera de algún milagro producto de mentes priviligiadas, sino porque, básicamente, las cosas que están hechas para ser resueltas por nosotros no pueden ser resueltas por otros.

Dejemos entonces de esperar salvadores. Y si ésta razón no es de por sí suficiente, entonces les doy otra: nuestros políticos ven las decisiones fáciles como difíciles debido a que su balanza solo apunta hacia sus conveniencias porque hay que mantener las apariencias para seguir abrazados del poder.

Y sí, tal como están las cosas, pareciera suponerse que los venezolanos estamos amarrados de manos y pies esperando a que quienes "saben", resuelvan en base a importantes "acuerdos" y a través de su enorme "sabiduría" de la cual somos esquivos el resto de mortales, todos estos problemas estructurales que se han convertido en una especie de hydra con la que tenemos que acostarnos y levantarnos cada día.

Permítanme entonces decirles a todos ustedes que estos problemas no están esperando al esfuerzo de unos "salvadores" para resolverse a sí mismos, sino que en realidad sólo esperan por una simple decisión, en conjunto, de toda la sociedad venezolana.

Y esa decisión, en mi opinión, es la de hacer lo que sea necesario por cualquier medio necesario para poner fín al actual sistema de cosas y producir, crear y construir la sociedad que todos deseamos.

Y para esto hace falta un cambio radical en muchas de las estructuras que "sostienen" a este país, tanto políticas como económicas, sociales, culturales y espirituales. Y ese cambio de estructuras, temido por muchos alrededor de todo el espectro económico y político, está representado por una palabra a la que a muchos les da miedo nombrar, pero que no tiene otro nombre. Se llama revolución.

No es otra cosa distinta de lo que estamos hablando... No hablamos de paños tibios para cubrir rasguños. Hablamos de que, para unos, identificados con el proceso, ese destino soñado que en algún momento vimos como un "destino en construcción", si es que en algún momento fué viable, se vió desviado y hecho pedazos hace ya suficiente tiempo. Y para otros, para los que no se identificaron nunca con el proceso, su tan anhelada sustitución de lo establecido por otra cosa distinta tampoco puede calificarse de otra manera. Así que quizás, creo yo, este sea el momento de llamar a las cosas por su nombre, haciéndonos conscientes de que no es el diálogo de las cúpulas lo que nos impide construir, es la falta de consenso entre nosotros, los distintos actores sociales, la piedra angular sobre la cual debe fundamentarse la construcción de un proyecto exitoso.

Reestructurar nuestro yo nacional no es otra cosa que una revolución y como queramos conceptualizarla será ya una cuestión de nosotros mismos. Pero la revolución es una idea, o concepto, que nos pertenece a todas y todos. Repito, no es mi interés especular ni divagar sobre trabas; para cada uno de nosotros hay un lugar, incluidas nuestras fuerzas armadas.

Quiero además entregarle a mi pueblo esta humilde reflexión: Reconstruir la patria en torno al ideal de justicia.

La Patria Justa, Pacífica y Civilizada.

Que pasaría si les dijera, queridos hermanos, que es posible vivir en una sociedad totalmente pacificada. Que pasaría si les dijera que, en cuestión de un año (que podría ser este mismo 2017), pudieramos vivir en un país en el que no haya una sola arma de fuego en las calles. Que pasaría si les dijera que 200.000 venezolanos que están -o estamos- destinados a ser asesinados en los próximos 10 años pueden evitar ese destino. Que pasaría si les dijera que pudieramos vivir en un país donde los corruptos y los asesinos nos generen un valor agregado a toda la sociedad, mientras pagan en una cárcel, con su trabajo, por el daño que han causado. Que pasaría si les dijera que podemos vivir en un país en armonía, sin guerras de bandas, sin calles sucias, alcoholizadas, sin violencia, sin escándalos.

Que pasaria si les dijera que no hace falta ceder a nuestros principios ni ideologías para lograrlo. Aunque seguramente si tengamos que ceder todos en algo para generar ésto: una nueva cultura.

Pero para eso hay que comenzar por lo primero: nuestra justicia debe ser justa.

Y mientras quien mata a un hermano para quitarle un bolso, una prenda o un aparato tecnológico, mientras quien mata por encargo a otro hermano poniendo valor a la vida humana, mientras que alguien pueda refugiarse en su entorno, su edad, su familia o su posición para quitar la vida a otro, y mientras todos puedan regresar o seguir en las calles como si nada, pues la justicia que habrá será la que hoy tenemos. Y seguiremos pagando todos por esas vidas arrebatadas y esto será lo que tendremos y se habrá hecho justicia con una sociedad de cómplices.

Y mientras la policía haga lo que le de la gana, mientras vuelen granadas y nuestras calles estén plagadas de armas, mientras hayan OLPs porque las leyes no vayan acordes a la realidad y la sociedad aplauda desesperada por la falta de un sistema que la represente en sus necesidades y exigencias, seguiremos pagando todos por esa falta de orden y esto será lo que tendremos y se habrá hecho justicia con esta sociedad de cómplices.

Y mientras quien desfalca al país, mientras el explotador, el corrupto, el nepotista y el empresario de maletín puedan seguir saliéndose con la suya, pues la justicia que habrá será la que hoy tenemos. Seguiremos pagando entonces todos por esos reales robados y esto será lo que tendremos y se habrá hecho justicia con esta sociedad de cómplices.

Y mientras sigamos yendo hacia el facilismo y la viveza, mientras reproduzcamos sistemas que no hemos pensado ni originado, mientras pongamos lo material por encima de lo espiritual, mientras no nos atrevamos a invertir tiempo y esfuerzo en el problema cultural y tratemos de solucionar todo tendiendo a las soluciones simples o a lo que otros piensen de nosotros sin atrevernos a cuestionar nuestros sistemas de creencias desde la raíz y sin experimentar con libertad de conciencia dentro de los procesos fundamentales que moldean a ese yo colectivo, al ser nacional, pues seguiremos pagando todos por esta sociedad de excluidos y autoexcluidos y esto será lo que tendremos y se habrá hecho justicia con esta sociedad de cómplices.

Yo pregunto, ¿es verdad lo que Ramos Allup dice? ¿Es tan difícil hacer lo correcto?

Se supone que la gloria, así como la épica, son del tamaño que dibujan las adversidades. Si la patria en la que queremos vivir es del tamaño de las dificultades que tenemos frente a nosotros, entonces todo vale la pena.

Lo que políticos, politiqueros y sus jalabolas digan no vale un quinto y esa es la verdad verdadera. Si lo queremos, este año 2017 comenzará con una nueva revolución, un nuevo gobierno y una nueva sociedad:

La sociedad que yo me atrevo a llamar: la de La Patria Nueva.

Al carajo con todo lo demás.



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José Sharif

Comerciante. Master en producción, sonido y grabación, con estudios académicos en armonía clásica, composición contemporánea y Jazz. Fundador de la Nación de Dioses del Sur y FNN. Ha militado en PSUV, Marea Socialista y MDI. Impulsor hoy de Nuevo Proyecto Nacional. Creo en la Unión Suraméricana.

 josegp1983@gmail.com      @JoseSharif

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