En esta guerra económica, quiénes son los soldados o milicianos nuestros y cuáles los de ellos?

Como en toda conflagración es necesario que se sepa cuál es el escenario de las batallas, los planos y planes, los recursos bélicos y demás logísticos con los que se cuenta, así como los diferentes tipos y modalidades de armas a emplear, pero, independientemente de los drones o robot y la alta tecnología, es fundamentalmente importante saber cuáles son los combatientes hombres y mujeres del enemigo, esto para que no se agarre por sorpresa con falsos aliados.

Ahora, en esta guerra económica en la que los enemigos de la Patria nos tienen envueltos, aprovechándose de propias y extrañas dificultades para la producción de los renglones alimentarios, medicinales, de construcción o de autopartes realmente necesarios y/o de consumo masivo; así, ineludiblemente, más allá de la importación y el esfuerzo gubernamental en sacar adelante por lo pronto algo de alimentos, se hace obligación el precisar realmente a qué y a quiénes nos enfrentamos.

Hablamos con plena certeza del imperio gringo, de la burguesía apátrida y parasitaria en todas sus ramificaciones, entre otras, políticas, económicas. “intelectuales” y religiosas, que, sin escatimar ninguna oportunidad al fallarle la maniobra mediática que denunciaba la pobreza en Venezuela, ahora vienen lanzando a los cuatro vientos la fulana escases y desaparición de productos, como elemento desmoralizador en los aliados del gobierno.

A todas estas, viendo que uno de los principales contrasentidos, a mi juicio, es la cantidad inmensa de petro-bolivares que circulan en las calles y se intercambian o son apropiados sin el mayor contratiempo, permitiendo que, como cualquier ser dentro en la aplicación de la lógica capitalista, los inescrupulosos se valgan de cualquier artimaña para quedarse con esa plata. No se trata necesariamente del ladrón que arma en mano asalta a todo aquel que le da el chance. Es aquí donde aparecen los tramposos (en cualquiera de sus rangos), aprovechándose de la guerra, como en toda guerra, sin importarles el daño o las bajas morales que genera, se convierten en soldados enemigos dispuestos a todo en pos de asegurarse una ganancia exorbitante o más allá de la permitida en la propia ley capitalista.

Entre muchos otros enemigos hoy tenemos a los fulanos bachaqueros y/o buhoneros, los comerciantes con o sin categoría y los funcionarios públicos que juegan a la escases o la especulación como en el caso del cemento y el gas doméstico, o de los entes privados en automercados y demás negocios que se encuentran regados por todo el territorio nacional; unos u otros son capaces de esconder los productos o frenarlos con la injustificada ineficiencia, bien consientes de crear angustia y desespero en los consumidores porque saben que al tener en grado alto la necesidad, el dinero como parte del intercambio saldrá de las aflojadas y alienadas manos sin miramientos en búsqueda de aumentar los capitales. No importa la ideología o el precio, la humillación de una cola, el control, la regulación o la amenaza cuando hay escases; ellos son capaces de matar sin empuñar armas a quienes osen perturbar sus negocios.

Ah, los soldados nuestros, fundamentalmente sin rango y hasta ahora llenos de una paciencia incomprensible para muchos, andan dispersos por todas partes, podemos definirlos como las víctimas que sufren la envestida de la especulación, acaparamiento, ineficiencia, y el burocratismo y negoceo intencionales, eso sí, pienso que, solo mientras no se hayan convertido en comerciantes de la oportunidad para aprovecharse de esta impuesta o parida crisis económica. Cuántos, quiénes son y dónde están, el desarrollo de los acontecimientos podrá determinarlo.


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Gustavo C Vásquez


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