El Mea Culpa de los escuálidos

Es aberrante el maltrato que se hacen a sí mismos los vecinos de las urbanizaciones acomodadas de Caracas cuando apoyan o se hacen los locos con el cierre de sus propias calles y avenidas quedando confinados a su gueto particular sin poder desplazarse libremente en el Este de Caracas, donde viven, para cumplir con las más elementales necesidades. Hay varias hipótesis que buscan explicar ese extraño fenómeno. Además de las razones psicológicas, psíquicas, políticas, ideológicas y de antivalores ciudadanos, también hay un proceso religioso de expiación por las derrotas continuas de la oposición.

El yo confieso o el yo pecador de la oposición por no haber ganado en 18 elecciones ¡Por mi culpa! ¡Por mi gran culpa! Por no haber exterminado la ultraderecha a los chavistas en las intentonas del 2002-2003 ¡Por mi culpa! ¡Por mi gran culpa! Y porque Chávez Vive y la Lucha Sigue ¡Por mi culpa! ¡Por mi gran culpa!

El guarimbeo sustituye o es equivalente a la mortificación de la carne, en este caso, por los pecados de la MUD y de Capriles que no pueden con Chávez ni después de su desaparición física. Hay que torturarse privándose de la libertad de circulación, de recreación, de comprar medicinas, alimentos y de asistir a centros de salud. Todo porque la oposición majunche no gana una ¡Por mi culpa! ¡Por mi gran culpa!

Son chivos expiatorios del guarimbeo el niño o la niña, el muchacho o muchacha, el universitario o universitaria impedidos de ir a recibir sus clases; los adultos mayores imposibilitados de acudir a sus citas médicas; los que no pueden salir a cumplir con sus responsabilidades laborales y las amas de casa sin acceso a su normal cotidianidad. ¡Por mi culpa! ¡Por mi gran culpa!

No tiene nada de raro este martirio de los escuálidos si su mártir fue formado en el dogmatismo troglodita de “Tradición, familia y Propiedad” emparentada con la práctica Inquisidora de la flagelación. La cosa no pasaría de castaño oscuro si todo se quedara en la autoflagelación de la clase acomodada pero no es así porque la guarimba es una trampa para cometer los más abominables crímenes como el de Elvis Durán degollado por la guaya de una guarimba terrorista cuando se dirigía pacíficamente a su hogar. El asesinato de Elvis es el más emblemático pero lamentablemente hay otras víctimas de esas barricadas terroristas.

Los vecinos que apoyan en sus alrededores a las guarimbas, si creen en Dios, estarán cumpliendo el rito de la mortificación, pidiendo perdón por la sangre derramada, por tanta maldad cometida, por los servicios públicos destruidos, por traicionar a su patria pidiéndole a una potencia extranjera que la sacrifique y por el odio contra su prójimo. ¡Por mi culpa! ¡Por mi gran culpa!

El cilicio de la guarimba inspirado en el Código Da Vinci o en las enseñanzas del Opus Dei es algo de cuidado porque se trata de un desquiciamiento colectivo por el cual la gente se desgarra así misma y a sus hermanos. El diablo se apoderó de sus almas y la paz no está con ellos. Los vecinos guarimberos no se irán a las playas ni a rumbear en carnaval pues se quedarán en sus guarimbas pagando su penitencia, en un acto de contrición, por no haber podido derrocar a Maduro. ¡Por mi culpa! ¡Por mi gran culpa!

No es el golpe en desarrollo contra el gobierno lo más triste en este evento desestabilizador sino los despiadados golpes de pecho o latigazos masoquistas que se está dando la clase media para atormentarse por su odio recalcitrante. ¡Por mi culpa! ¡Por mi gran culpa!





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Sergio Briceño García

Profesor Universitario de Filosofía de la Educación Jubilado de la UPEL. Autor del Poemario "Porque me da la gana" y de la obra educativa "Utopía Pedagógica del Tercer Milenio". Ex Director Ejecutivo de la Casa de Nuestra América José Martí.

 sergiobricenog@yahoo.com

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