Los niños de la basura

Hace unos cuantos años salieron unas calcomanías y/o tatuajes que llevaban por nombre “Garbage pail kids”. Esos “stickers” llegaban a las inocentes manos de niños y niñas que ansiaban tener esas figuritas con nombre casi impronunciable y, por tanto, muy apetecibles. Pero…este engendro publicitario, nacido en los Estados Unidos, no era un producto hermoso y tierno. Al contrario! Se trataba de una colección de imágenes que, con “humor negro”, mostraban niños y niñas en actitudes grotescas, irreverentes, asqueantes.

“Los niños de la basura”, “la pandilla de la basura”, entre otros, fueron los nombres con los que se conocieron en nuestros países de habla hispana. Una apología a lo escatológico y grotesco. Y, por efecto de la publicidad y la presión de grupo, los padres y madres le compraban a su prole, las mentadas figuritas de “moda”.

Tal como en aquellos años 80, hoy salen a la palestra, nuevamente, los niños de la basura. También, por supuesto y como es de esperarse, respondiendo a un libreto profundamente gringo, como una moda que recorre el mundo y se difunde profusa y artísticamente (no solo por lo bien montado de las imágenes sino por lo “hermosas” que pueden resultar estas, a cierta población previamente sensibilizada para aceptarlas) como una campaña publicitaria que promueve la muerte, el incendio, lo escatológico, lo grotesco como posibilidad real y concreta para expresar el desacuerdo con cualquier gobierno, especialmente si este no es afín a los Estados Unidos.

Así vemos a una serie de carajitos-as, fundamentalmente clase media, saliendo a las calles a “protestar pacíficamente”, cerrando los accesos a urbanizaciones o sectores enteros, limitando la libre circulación consagrada en nuestra constitución, tocando cacerolas y quemando. Sí, quemando. Pero no queman cualquier cosa. Queman basura. Cauchos también, sí. Pero, fundamentalmente se especializan en la quema de bolsas de basura. Inundando así sus propios espacios de nauseabundos, contaminantes e insanos olores.

Estos nuevos niños de la basura, o pandillas de la basura, tienen constante suplencia de su combustible preferido. Cuando se les agotan las bolsas de basura en sus zonas, hay camionetas especializadas en llevarles nuevos, suculentos y combustibles paquetes incendiables. Cuentan, también, con ciertas diligentes Alcaldías, que hacen operativos de limpieza y les dejan apiladitas, juntitas y acomodaditas las bolsas de basura que usarán en sus noches de encendida locura. Es decir, siguen los padres y las madres (mentores biológicos o políticos) colocando en manos de su prole las “barajitas” de moda.

Esos pandilleros de la basura se han descubierto piromaníacos, y su accionar ocurre en determinados focos, asociados generalmente con espacios de vida de los propios manifestantes y/o a espacios geográficos donde gobierna un alcalde opositor, y por tanto permisivo. La magnitud de sus heroicas protestas es magnificada, multiplicada y ensalsada de tal forma por la canalla mediática nacional e internacional, que sus pequeñas y atómicas acciones son presentadas como la realidad cotidiana de un país que se cae a pedazos, que está incendiado por los cuatro costados y cuya población entera, pide a gritos que su presidente se vaya, pero que se vaya ¡YA!

Es de esta manera que una guerra o golpe suave, profunda y esencialmente atómico y atomizable, aparece en escena como calco y copia de experiencias adelantadas en otros países, con características comunes con el nuestro: tienen recursos energéticos y/o naturales apetecibles para Estados Unidos, ocupan un espacio geoestratégico para el despliegue de avanzadas de dominación o de aseguramiento de recursos, sus gobiernos no son serviles o dóciles ante el imperio, experimentan procesos de gobierno con profundo contenido social, nacionalizan empresas o bancos centrales, se proclaman independientes y soberanos.

Mediáticamente somos víctimas de una guerra sin cuartel. La guerra atómica. La guerra atomizada. La guerra focalizada en dos o tres espacios emblemáticos, con profunda carga de violencia, destrucción y muerte. Esta última alcanza, sin discriminación, a tirios y troyanos. Y su concreción no es asumida por los pandilleros como producto repudiable de sus actos (disparos, colocación de guayas o miguelitos, lanzamiento de bombas molotov, etc.), sino como algo ajeno a ellos o en todo caso, producto de la imprudencia o imbecilidad de las propias víctimas. Y si estas llegan a ser chavistas…entonces…EUREKA!...Un chavista menos!...Tendremos un día Pepsi…Avanzamos! Y, sobre todo, siempre son responsabilidad del gobierno.

Pero lo que más preocupa de todos estos eventos es la ausencia de razones, de motivaciones colectivas de arraigo social. En esos focos repiten como loros que su lucha es contra la inseguridad, por la paz (¿), contra la escasez y el acaparamiento, contra la impunidad, por la libertad…pero, cuando el gobierno acomete acciones como el programa por la paz y la vida, la ley orgánica de precios justos, inspecciones que develan al empresariado corrupto, condena a quienes violentan la ley, crea una institución para hacerle frente a la guerra económica, llama constantemente al diálogo y a la paz, etc., entonces, el gobierno es un controlador, inepto, incapaz, etc.

Si se les hace una observación acerca de las libertades que ellos lesionan en la búsqueda de su supuesta libertad perdida, entonces, se hacen los locos y justifican todo su accionar sobre la base de que los resultados, supuestamente, nos favorecerán a todos y todas. Todavía andamos preguntándonos cómo la quema o destrucción de la fiscalía, de vehículos de Corpoelec, Mercal y Pdval, sedes de la UNEFA o CDI, parques y plazas, areperas, etc., nos va a beneficiar. Cómo es que afectando los servicios públicos, las instalaciones que garantizan salud y educación gratuita para todos y los espacios de esparcimiento colectivo, vamos a construir una mejor Venezuela.

Las pandillas de la basura, como instrumento fascista de un libreto diseñado en otras latitudes para favorecer intereses ajenos a los nuestros, prometen atomizar aún más sus protestas, haciendo más generalizados los focos de alteración del orden público y la paz social. Su sueño es ver basura quemándose por cada calle del país. Deberían nombrarlos gerentes de los botaderos de basura a cielo abierto. Allí, seguramente, llegarían al climax de su existencia: basura, candela, humo, contaminación…Todo junto en un solo lugar, indefinidamente.

Que aprovechen que este pueblo es paciente y que aún se permite seguir líneas del presidente que mayoritariamente escogimos. El pecho no es de hierro, ni los lomos de algarrobo…



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Ninfa Monasterios Guevara


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