Chávez, Kléber Ramírez, el Psuv: Mis incógnitas

Confieso que determinar la concepción de partido que había asumido Chávez, me ha costado mucho esfuerzo. Observaciones, comparaciones, discusiones con mucha gente que solían decir con un simplismo, siempre para justificarle, “Chávez no quiere nada con partido”; algunos, hasta con frustración solían agregar, como para saldar la discusión sobre el asunto, “los partidos no sirven sino para que quienes los integran, se beneficien de su status y terminen traicionándose hasta así mismo”. Pero llaman partido y aceptan como tal a la organización de la cual forman parte, que más parece sólo una eficiente máquina “horizontal” electoral.

Aquella práctica de crear estructuras, que desaparecían y daban origen a otras, por órdenes de arriba, sin que quienes las integraban llegasen a saber por qué y menos participar en el análisis y balance de aquel proceder, por largo tiempo me tuvo de cabeza y hasta molesto. Muchos artículos escribí sobre el tema fundamentándome en mi experiencia sobre el asunto que no es poca. Los de arriba tampoco se molestaban en dar explicaciones sobre aquella conducta. ¿No había nada qué decir? ¿Se estaba procediendo por ensayo y error? ¿Se dudaba o temía que la militancia, aquella más experta y hasta curtida, no asumiera el concepto? No sé, no tengo respuesta.

Mi mayor asombro, angustia y hasta alteración del estado de ánimo, concurría con aquellas inexplicables decisiones, cuando llegado un momento electoral, en el ámbito o área de nuestros batallones o patrullas, hacían su aparición personajes que pocos o casi nadie conocía y por intermedio de una llamada telefónica, cuando se llegaba casi a los límites de lo humano, nos informaban que se les había designado jefes o coordinadores de lo electoral. Aquella decisión que se comunicaba, la más de las veces, por un simpe mensaje electrónico, sin rostro, alma y menos impulso revolucionario, pero si de un acendrado espíritu burocrático, de paso dejaba sin efecto a los organismos de base que funcionaban aunque fuese precariamente y sin ningún tipo de enlace con las estructuras superiores, sin tareas ni reciclaje. Lo de superior lo digo en su estricto sentido, porque decir intermedias, sería inexacto, pues eso no reflejaría la realidad; estas no existían.

Mucha gente, llegó a culpar a los gobernadores y hasta alcaldes, quienes ejercían de primeras figuras o líderes del partido en su ámbito, si estos no eran de su gusto o simpatía con aquella práctica que consideraban inadecuada. Otros, quizás mejores observadores, pudieron percatarse que de la misma forma se actuaba en el país todo. Por supuesto, no hay duda, que esa forma de hacer las cosas y hacer operar el partido, facilita que cada quien se aproveche de las circunstancias por distintos motivos o concepciones, lo que no excluye la buena fe.

¿Cuánto clamamos un buen número de venezolanos chavistas para que los miembros del gobierno, excepción Chávez por razones muy particulares, no fuesen jefes del partido? ¿Cuántas veces se valoró tal proceder como inconveniente y contrario al interés de la revolución misma?

Tal crítica llegó a alcanzar un nivel tan alto que en un momento dado, el presidente la hizo suya, aunque quizás por los avatares de la historia actual de Venezuela, no tuvimos oportunidad que se pusiese en práctica.

Pocos días atrás, el 24 de noviembre, en el diario VEA, página 7, leí un trabajo con la firma de Alí Ramón Rojas Olaya, quien se identifica como Rector de la Universidad Católica Santa Rosa; debo llamar la atención a los lectores que por el rango del autor, uno está tentado a tomar lo que allí se dice con el debido respeto y reconocimiento. También quiero agradecerle que me haya permitido acceder a una información que buscaba sin saber dónde.

Comienza por calificar el autor que cito, al hablar de Kléber Ramírez Rojas, como “uno de los teóricos más influyentes en la visión política de Hugo Chávez que desembocará en el 4 de febrero de 1992.”

Luego agrega que Ramírez “señalaba que la crisis del Estado venezolano se resolvía solamente con la liquidación y entierro de ese estado Gomecista, creando un nuevo Estado Comunero”.

Intenté hallar el libro “Venezuela: La cuarta república”, que cita Rojas Olaya, para hablar con mayor certeza; o mejor quería leer esas opiniones de primera mano, pero no pude hallarlo. Pero creo en la validez de las opiniones e informaciones de quien lo cita.

Por eso, sin entrar en contradicción frontal por distintas razones, me pregunté de inmediato, ¿la Venezuela del año 1992, era tan simple como para definirla sólo como “un Estado en crisis” y, todo era tan sencillo como sustituir “el estado Gomecista”?

¿La Venezuela contra la que Chávez irrumpe, la del 1992, con todos los elementos de la sociedad, su composición social y las relaciones de ella con el capitalismo mundial, se podía definir sencillamente como un estado gomecista y para llegar donde se proponían los revolucionarios bastaba con liquidarlo? Ahora me asalta otra pregunta. ¿Era pertinente creer que el sólo proceso constituyente liquidaría eso que Ramírez llamó “Estado Gomecista” para que naciese el “Estado Comunero”?

Pero todavía me quedan más preocupaciones. Alí Rojas Olaya, nos ofrece el siguiente juicio de Kléber Ramírez:

“Los partidos políticos no son instituciones permanentes, tienen vigencia en determinado momento, luego su razón de ser desaparece o puede desaparecer, para convertirse en verdaderas empresas expoliadoras de las necesidades y esperanzas populares”.

Empiezo por decir que lo primero que observo es que quien así habló metió a todos en el mismo saco, hasta al Partido Comunista Cubano con el cual Chávez tuvo magníficas relaciones y esa forma de hablar suele pecar de exagerada. En el caso venezolano, no creo justa ni acertada tal sentencia. Si tomamos en cuenta que los partidos los forman hombres, entonces aquí no quedaría títere con gorra. No parece acertado, justo y hasta generoso decir los partidos necesariamente se convierten en “empresas expoliadoras…..”

Por supuesto, al decir que “su razón de ser desaparece o puede desaparecer”, la de los partidos políticos, se hace una afirmación que pareciera como para el gusto de todos y suavizar lo que luego viene. Pues no niega la necesidad de la existencia de los partidos, sino que llama o pareciera llamar a la vigilancia para que ellos se transformen de conformidad a la dialéctica de la vida. Lo que parece confuso es que Ramírez, califica a los partidos como epifenómenos, lo que de acuerdo al significado de la palabra pudieran no tener influencia en los acontecimientos, lo que luce como contrario a su necesidad.

Más adelante, Rojas Olaya nos muestra una larga cita de Ramírez en la cual, en lo esencial dice:

“La sociedad debe estar dirigida por quienes trabajan realmente, no por quienes viven del engaño a los demás”. Por su tremendismo luce como digna de aplausos y elogio; pero antes de seguir adelante, quisiera preguntarme, ¿en la sociedad venezolana quienes trabajan? ¿La dirigen sólo quiénes trabajan? ¿No serían muchos o muy pocos?

Para entender mis preguntas habría que leer lo escrito por Kléber Ramírez, citado por Rojas Olaya:

“Sería más conveniente crear una Fuerza Revolucionaria Socialista, con una estructura horizontal de amplia participación que apoye el proyecto del presidente y su gestión”.

De lo anterior, Ramírez espera que “conduzca a la transformación del hombre individual, hacia el hombre colectivo y políticamente formado….”

Esa estructura “horizontal”, que por serlo, no llega al fondo, la constituye una élite que además, de acuerdo a lo anterior es la que “trabaja”. Entonces, pregunto: ¿trabaja en qué?

El aparato productivo de una sociedad socialista no puede ser una “élite”; no puede serlo desde las perspectivas cualitativa y cuantitativa. Eso no tendría nada de socialismo. Trabajan todos o una enorme mayoría y siendo trabajadores, deberían tener un rol importante en el proceso productivo y creativo de la sociedad. Entonces, ya el partido no podría ser una estructura horizontal, no llegaría con eficiencia hasta el fondo, no escucharía el vocerío ni recogería con eficiencia la sabiduría y hasta el mandato popular. De esa manera corremos el riesgo que el partido derive hacia una “empresa expoliadora”.

Otra pregunta:

¿Si queremos transformar “al hombre individual hacia el hombre colectivo y formarlo políticamente”, porque hacer del partido una estructura horizontal? Eso pareciera una versión nueva de la revolución en dos etapas; en este caso referido al individuo.

Pero hay otras inquietudes, ¿el partido debe crearse para que apoye al presidente y su gestión? ¿Entonces, el presidente, no importa cómo se llame, está por encima del partido y toda la gente a quien este debe dirigir y de quién debe recibir los mandatos o lo que es lo mismo de la sociedad toda?

Este juicio es contrario a lo que el mismo Ramírez dice, citado por Rojas Olaya, “la única realidad es el pueblo, con sus necesidades, anhelos e inquietudes.”

Quiero terminar diciendo, como mi humilde aporte, todas esas cosas deben discutirse y no pasar por alto, que pese a todos los esfuerzos del gobierno, su empeño en distribuir generosamente la renta, rescatar la soberanía y muchas conquistas sociales de las cuales hoy goza el venezolano, no hemos avanzado mucho en eso de hacer “avanzar al hombre individual hacia el hombre colectivo”, al estado comunal y la gran cosecha de relaciones de producción socialistas y temo que una de las tantas razones sea la horizontalidad del partido.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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