¡Que la Euforia se Transforme en Energía Creadora!

Venía hacia nosotros un tropel de muchachos y muchachas que me hizo orillar, quedamos inmóviles dentro del carro. Sí, todos eran jóvenes, y entre ellos no vi a dirigentes psuvistas. Era una caminata espontánea que buscaba desde el “Eduardo Mathias Lossada” hacia la avenida principal norte de la urbanización San Francisco, visibilizar aún más su alegría. Con sus pitos, matracas y gritos se confundieron con el sexagenario que una cuadra más allá de nosotros, salió de su malibú para bailar al son de los altavoces que decían: “si, podemos ayudar al mundo, cambiar el sol en un segundo…”. Entretanto, los “Viva Cháaavez” intermitentes de distintas intensidades se prolongaban. Eran las diez y apenas empezaba la fiesta en la calle; cada quien tenía la necesidad de explayar sus emociones.

Emociones represadas unas horas antes cuando había incertidumbre y cada quien preguntaba o afirmaba: “¿Cómo vamos?”, “Tengo miedo que perdamos”, o “Me dijeron de sala situacional que llevamos quince por encima”, en fin. En ese tiempo, pasadas las cinco de la tarde Yolet Soto seguía llevando como patrullera del centro de votación “Jesús Obrero”, sus últimos votantes para el remate; labor compartida entre otras, con Carmen Sánchez y Yasmely Bencomo quienes con fervor patrio trabajaban al unísono por un solo objetivo. No las desamparaba Mayerling Urdaneta, mujer cuarentona con discapacidad aparente, portadora de un verbo encendido cuando defendía al Comandante. Cada quien con sus rasgos y formas de ser hizo su aporte para conseguir el resultado de 65.4% de votos a favor del Presidente en ese centro de votación, donde estuve en condición de acompañante por nuestro partido.

Todo ello me vino de golpe fresquecito, el lunes ocho muy temprano al amparo silente de la calma sintiéndome victorioso, cuando conversaba con el cultor popular Dimas Oviedo sobre los resultados electorales. Este amigo sintetizó el anhelo de millones de compatriotas en este momento histórico al sentenciar que, la euforia por el triunfo electoral debe transformarse en energía creadora, ¡Cuánto acierto camarada! Esta euforia como energía creadora, por un lado, debe abrirnos a los revolucionarios y revolucionarias en funciones públicas o no, a la crítica y autocrítica sinceras, y por otro lado, debe impulsarnos a crear y reinventar constantemente para avanzar con pasos firmes.

En esa óptica, es una energía creadora que ha de posibilitar que veamos más profundamente la necesidad de asumir por ejemplo, un nuevo modelo de producción, que admita (considerando la experiencia fallida de las cooperativas que se convirtieron en pequeñas empresas de particulares en las que muchos y muchas, decían y dicen “yo tengo mi cooperativa”) crear una relación laboral de equidad donde no exista la explotación del hombre por el hombre y contribuya con ello a defenestrar definitivamente el modelo liberal burgués que todavía nos circunda.

Esta energía creadora incitada por la euforia, también debe hacer desaparecer la miopía de algunos de nuestros dirigentes, a veces arrogantes que desoyen las solicitudes de la militancia. Y no me refiero a meras solicitudes materiales. Me refiero a la solicitud tácita evidenciada por la práctica social (producto del anclaje cultural consumista) que sugiere la orientación correcta sobre el socialismo que hay que construir, lo cual implica atender su formación como revolucionario (colocándonos por supuesto como ejemplo), para originar una organización popular sólida desde el punto de vista doctrinal y ético, que haga trascender en sus hombros, nuestro modelo político mucho, mucho más allá del año dos mil diecinueve.

Ya en las próximas horas el CNE proclamará la reelección del Presidente Chávez nuevamente. A él, quien tiene todos los atributos de un gran visionario, nuestros gobernadores, alcaldes y miembros del gran polo patriótico, debemos mirarlo y escucharlo con detenimiento durante ese momento, pues estoy seguro que abordará allí los cambios medulares que requerirá el tiempo por venir. Y hay que hacerlo para empezar a caminar con él para que no nos deje, corrijo, no nos quedemos atrás como siempre ha pasado.



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Aquileo Narváez Martínez


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