El rostro del Libertador y las causas de su muerte

I

 

“La Filosofía de la Historia es en realidad

  en nombre de un doble grupo de problemas

  filosóficos: tiene una parte especulativa y

  una parte analítica. Y aun quienes rechazan

  la primera de ellas bien pueden (y en realidad

  deben) aceptar la segunda”

               W.H. Walsh

“La Historia, es en cierto sentido

 un estudio del pasado ¿De qué pasado?

 La respuesta es: el pasado de los seres humanos”

                                                      W.H. Walsh

Prolegómenos

      Inicio esta serie de escritos seriados –tienen que serlo por lo amplio o extenso de los temas propuestos− pero con la esperanza de que los personeros en las letras, de la revolución bolivariana, se dignen a leer a los hombres que despectivamente algunos, llaman hombres de la provincia, donde hai quizá iguales o mejores escritores de opinión, en distintas especialidades, a quienes tanto extranjero les deslumbra por asentar a priori que son sabios, i a veces resultan talentos sin probidad, en busca de oportunidades, aunque no les interesa ni el país, ni el proceso revolucionario. Voi a citar uno que ya se descubrió él mismo; Heinz Dieterich; i cito otros buenos como por ejemplo Fernando Buen Abad o Juan Carlos Monedero, verdaderamente comprometidos con nuestra causa. O en el exterior. J. Chomsky. Empero, entrevistadores de oficio en el país (porque de Walter Martínez acepto que se dedique a grandes personalidades mundiales) pero locales (me refiero al país) como Vanessa Davies, Ernesto Villegas, Mario Silva o Tania Díaz para citar solamente unos ejemplos, están tan convencidos de lo que estiman valer, una, directora del Correo del Orinoco i el otro de CCS Caracas,  los dos últimos con buenos programas  políticos, que los escritores, intelectuales i científicos del Zulia, no cuentan para ellos. Ignoran que Maracaibo que fue en un tiempo la ciudad más culta de Venezuela (testimonio de De Pons) a pesar de que actualmente,  no hai intelectuales de peso, e ignoraron siempre a Jesús Enrique Lossada (sin contar más atrás a Baralt, Udón Pérez, Marcial Hernández, Yépez Trujillo, etc.) sino quienes en mi tiempo se han destacado como Gastón Montiel Villasmil (un bolivariano excepcional)  Borjas Sánchez,  Hernández D’Empaire, Acosta Galbán, Frank Wenger, Barboza de la Torre, Américo Negrette (fallecidos) o actualmente productivos, o mejor, creativos, como Tito Balza Santaella, Camilo Balza Donatti, Manuel Martínez Acuña, César Prieto Oberto,  Juan Romero, Blas Perozo Naveda, Vinicio Nava Urribarrí, Germán Cardozo, Alexis Fernández Vidal Atencio, quien esto escribe i muchos más que lamentablemente olvido sin querer, que jamás los entrevistadores de programas televisivos quieran llevar a opinar con criterios bien formados i conocimientos. Apenas i sacan alguno de vez en cuando de Carabobo o de Mérida, especialmente a uno mui valioso como Sant Roz. En cambio, muchos que en sus respectivos estados no destacarían mucho o nada, se van a Caracas, buscan conexiones, publican o son entrevistados como grandes personalidades; así es hace siglos, i actualmente sigue lo mismo í, aunque no quiero desenmascarar a nadie.

     Por ejemplo, en tiempos del siglo pasado (siglo XX) i lo que va de este, he sido uno de los hombres que más ha escrito sobre la enfermedad i muerte del Libertador, soi yo; i hace apenas pocos meses, llegué a publicar hasta 12 artículos en serie, sobre la enfermedad i muerte de Simón Bolívar, sobre todo refutando unos libros lujosísimos, pero llenos de datos falsos i mentiras, titulados LA CARTA (que en principio era una misiva de Bolívar a Fanny Du Villars, donde en “clave masónica” denunciaba que estaba secuestrado i lo iban a matar; empero, luego ha mencionado dos o tres cartas más como protagonistas del libro). Este autor es antropólogo mago, i detective electrónico que, unos 180 años después de ese fusilamiento i sepultura, es el único en el mundo que ha identificado el sitio, i que pese a las pruebas de ADN i a todos los esfuerzos estupendos por no decir maravillosos, de científicos venezolanos, entre ellos muchas damas, este señor todavía sostiene que los restos que están en el Panteón Nacional, no son los de Bolívar. Supremo engaño al pueblo venezolano i al mundo entero que, gracias a la revolución, ha conocido al más grande héroe de América o del mundo, ya diré por qué. Este irrespeto anti histórico, anti científico i anti ético, todavía lo deja deslizar, i en carta del 24 de julio (fecha natalicia) enviada por Internet (yo borro todos los envíos que me hace sobre la vida del Libertador) ahora la leí, i el título dice así “Sobre los restos en el Panteón Nacional que se dicen de Bolívar”.  Por cierto que el verbo está mal empleado, porque debe ser dice, no dicen, además de otras líneas mui mal redactadas. De este modo termina el primer párrafo:  “...en el cual se anuncia la muerte de Bolívar, no por causa de una tuberculosis, sino con la mayor de las mentiras que se han vociferado contra el Padre de la Patria”. No murió, pues, de tuberculosis, sino de una mentira vociferada.

      Por eso, ahora cuando en sucesivos artículos me ocupe de dar mi opinión sobre el rostro de Bolívar (i lo que he conocido personalmente en la historia) i luego como médico i filósofo de la historia, i seria bibliografía consultada desde hace muchos años, me servirán para sentirme satisfecho con la “reconstrucción del rostro” hecho por capacitados científicos, i en cuanto a las causas de la muerte asentar dos cosas; en el cadáver no hai ningún indicio de huesos rotos o perforados por las balas de un fusilamiento (la gran mentira) i en cuanto a la opinión de mis colegas, de decir que no fue una tuberculosis, sino una histoplasmosis porque tiene la misma sintomatología, antes de entrar en materia, pregunto: ¿Por qué, si la sintomatología es lo que se conoce (que dije la anamnesis está en las cartas del héroe, más la opinión de los doctores de aquellos tiempos, la necropsia, etc.) de dos enfermedades, una mui comprobada para la época  (con antecedentes familiares i madre muerta por esa enfermedad) i la otra, menos probable i más rara, no diagnosticable entonces i difícil de probar ahora, me inclinaría por la segunda? De comienzo, resulta ilógico o rebuscado, aunque no me opongo a que se investigue i aclare. Ciencia i dogmatismos, jamás podrán marchar juntas.

robertojjm@hotmail.com

                                               (Continuará)


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Roberto Jiménez Maggiolo


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