Sólo para Chávez

Hay quienes aseguran, y yo lo creo, que los seres humanos sólo sabemos usar una parte minúscula de nuestros cerebros.

Para apelar a una comparación un tanto chusca, lo mismo me sucede con mi computadora, que sirve para mil cosas distintas y yo sólo la empleo como máquina de escribir y apenas logro controlar dos o tres funciones adicionales, como archivar y enviar correos.

Cuando era muchacho, leí en alguna parte que algunos monjes asiáticos aprenden a utilizar músculos que los demás ni siquiera sabemos que existen.

Entonces me dio por entrenarme para mover las orejas y los bíceps, lo que logré y hasta hoy puedo hacer cuando me provoca. Por desgracia, dichas habilidades no resuelven nada, aunque entretienen en las reuniones.

Naturalmente, me habría gustado aprender a controlar los latidos del corazón, para hibernar como los osos o durar largos minutos sin respirar. El problema es que no encontré instructivos para tales conocimientos y, aunque lo intenté bastante, no logré distanciar la diástole de la sístole.

Todo esto viene al caso porque estoy seguro de que en alguna parte del cerebro está la clave para mover objetos sin tocarlos y dominar habilidades que hoy ni soñamos. Por ejemplo, es muy posible que si miles o millones de personas se concentran para que algo suceda -que salga un número en la ruleta o aparezca un niño perdido-, ello ocurra si logramos canalizar el esfuerzo colectivo.

Tener fe en ciertas creencias es algo que me identifica con Chávez, a diferencia de los camaradas que ven la religión como un atavismo para ignorantes.

Tengo fe en que los millones de personas que rezan o ruegan a la Providencia por nuestro Presidente, sumadas a su inquebrantable voluntad de vivir, lograrán como conjunto que el mal que lo asechó se retire y desaparezca sin dejar rastros en su organismo.

A decir verdad, creo que esa es una de las razones para que Chávez haya impuesto su total rechazo a la enfermedad y una actitud positiva hacia la vida, que le ha dado excelentes resultados.

Al final de este episodio, no sólo tendrá más vitalidad, sino mayor sabiduría, la cual le resultará muy útil en la tarea suprema de acabar con la pobreza en Venezuela.

augusther@cantv.net


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Augusto Hernández


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