¡Los que quieran patria… Vengan conmigo!

El del epígrafe no es un mensaje cualquiera y mucho menos un slogan
electoral. Esa frase, de una profunda emotividad, contiene, en apenas 32
letras, la esencia de la Revolución Bolivariana y el objetivo fundamental
de un proceso que se inició hace ya 13 años… Construir patria.
Ahora, el contenido de esa frase tiene su contracara en una propuesta de la
oposición que bien pudiera ser resumida con esta otra: ¡Los que quieran
ser
colonia y volver al pasado… vengan con Capriles”
No se trata, como de seguro argumentarán los opositores que lean esta nota,
de un intento por calificar de apátridas y traidores a quienes adversan el
proceso bolivariano. No, es la firme convicción de que existe toda una
estrategia política destinada a transformar a Venezuela nuevamente en
parte del patio trasero gringo y en el “seguro, confiable y barato
suplidor de crudo a los Estados Unidos de América”.
Por ello es que nos negamos a caer en el debate sobre si realmente votaron
uno, dos o tres millones en la “majunchada”. El tema importante, una vez
seleccionado el candidato rival de Chávez, es lo que nos jugamos como
país en una contienda que por ahora está planteada en las urnas, pero que
todos sabemos que, muy probablemente, habrá que librarla en la calle.

Negar que en el pasado Venezuela actuaba en los grandes foros mundiales
(ONO, OPEP; OEA, etc.) de acuerdo y bajo lineamientos de los gringos es
además de un acto de estupidez, un acto de profunda ignorancia. En lo
interno nada era diferente, nuestra política petrolera, nuestra sumisión a
los lineamientos del FMI y del Banco Mundial y nuestro apego a las
tesis
neoliberales dejaron muy en claro a quienes servían y de quienes recibían
instrucciones aquellos gobernantes que hicieron de un país con grandes
potencialidades una caricatura de país.
Ya la oligarquía y sus amos del norte seleccionaron el mejor candidato
disponible para tratar de volver a “poner las cosas en orden”,
entendiéndose como orden en el que conviene a sus intereses económicos,
políticos y geopolíticos.
Capriles, es ese hombre. Él reúne las características que lo hacen el
candidato ideal. Es un político de extrema derecha con una fuerte carga
de fascismo en sus ideales y prácticas y al que poco le importan los
formalismos, las leyes y la opinión pública nacional o internacional
cuando
de defender los intereses de la oligarquía, a la cual pertenece, se trata.
Es Capriles para la burguesía venezolana, lo que en su momento fue Carmona
Estanga para el empresariado criollo (y lo de criollo es un decir).

Este personaje a quien le asignaron la misión ya mencionada de
transformarnos nuevamente en colonia gringa, fue muy joven y sin
experiencia política alguna, impuesto, en aquellos días en los que se hacía
evidente que el viejo pacto de punto fijo agonizaba, como presidente de la
cámara de diputados. Sin pudor alguno lo colocaron en un “puesto salidor”
como candidato a diputado en un Estado donde absolutamente nadie lo conocía
(Zulia)… Así comenzaron a prepararlo para la responsabilidad que ahora le
asignan.
Pero Capriles no fue traido de la mano hasta donde hoy se encuentra. El
hizo méritos para ganarse la confianza de quienes tenían el poder para
decidir quien sería el sujeto con quien adelantarían el plan imperial.
En todas y cada una de las jugadas con las cuales se ha intentado acabar
con la revolución Bolivariana, el petimetre ha jugado papel
preponderante.
Cuando los gringos impulsaron un golpe de Estado en Venezuela y barrieron
con las instituciones democráticas en menos de 24 horas; Capriles estuvo
allí como protagonista.
Cuando fue necesario intentar generar terror en la dirigencia y la
militancia chavista para ponerla en fuga y consolidar así aquel nefasto
golpe, Capriles sacó a relucir su alma fascista, su desprecio por las leyes
y los derechos humanos y “valientemente” asumió la responsabilidad de
usar sus policías (con transmisión en vivo) para perseguir, allanar las
residencias y promover golpizas a un Ministro, a un Diputado y a decenas de
dirigentes sociales.

Para no dejar ninguna duda de su alineación con la política norteamericana
y con los métodos que usan para tratar a los que consideran enemigos o
peligrosos; Capriles “se pasó por el forro” acuerdos y leyes
internacionales al promover y atacar la embajada de Cuba en Venezuela.
De igual manera, para que a la oligarquía criolla no le quedara ninguna
duda sobre como defenderá sus intereses y como tratará a los que siempre
han considerado inferiores; desde el mismo momento en el que asumió
posiciones de dirección como alcalde y gobernador se dedicó, en su
territorio, al cierre, acoso y ataque a las instalaciones de Barrio
Adentro, Simoncitos y Escuelas Bolivarianas.

Es, sin embargo, en materia petrolera donde Capriles se graduaría de
cipayo. Allí el mensaje mencionado (¡Los que quieran ser colonia y volver
al pasado… vengan con Capriles!) se haría efectivo en toda su dimensión.
Capriles es defensor del retorno de la vieja meritocracia a PDVSA.
Públicamente ha expresado que las demandas de la Esson Movil contra la
petrolera estatal son consecuencia de la “irresponsabilidad de un gobierno
que incrementó las regalías y los impuestos ilegalmente a las
transnacionales”. Obviamente, con él retornaría el 1% de regalía y la
entrega descarada de la faja petrolífera del Orinoco y sus millonarias
reservas de crudo.

Capriles, con sus aliados meritócratas dirigidos por el ladrón de Luis
Giustí, representan para los gringos el sueño dorado de tener bajo su
control las mayores reservas de crudo del mundo y unas reservas de gas que
cada día crecen de forma impresionante.

Sólo hay, en resumen, dos opciones: Construimos patria o le entregamos el
país nuevamente a los gringos en las manos de Radonski.

arellanoa@pdvsa.com


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Alexis Arellano


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