Sindéresis

4F, la rebelión necesaria

Venezuela lucía acogotada. Un inmenso mar de incertidumbres se cernía desbordado sobre la conciencia ciudadana. El engaño feroz por más de casi un siglo de la Venezuela Republicana, reflejaba en hambre y miseria, indefensión y exclusión, la posesión del poder por un régimen embozalado con las miserias que le obsequiaba el imperialismo yankee, después de haberlo despojado de la mejor de las raciones. La política cupista en las universidades, seguía su rumbo fatídico y las necesidades básicas en la niñez casi abandonada no permitían su desarrollo básico para la educación. La salud del pueblo estaba en bancarrota, con unos números en mortalidad infantil, y esperanza de vida, comparables con los países de mayor pobreza en el mundo. Las petroleras, enclave gringo en los campos petroleros de la patria, hacia yunta con los tecno-mercenarios criollos y arrebataban al pueblo sus derechos sobre la riqueza petrolífera. Ya el hablar inglés o tener la naturaleza de unos ojitos claros, era requisito forzoso para un empleo en cualquier filial petrolera. Un pocotón de empresas extranjeras, ávidas de la riqueza criolla, forzaban en el Macizo Guayanés la explotación ilegal de los yacimientos de oro y diamante, dejando trastornos ambientales  que han enfermado profusamente el hermoso entorno ecológico de la más antigua tierra venezolana. El negocio fraudulento se hacia en tiempo record y la corrupción mas espantosa campeaba por los cuatro costados de la patria. De verdad que Venezuela gemía sus dolores por todas partes. Por eso en suspiro casi terminal, Caracas elige a Aristóbulo como Alcalde empezando a notar que una nueva forma de gobierno es posible. Y Velásquez en Bolívar hace lo propio, a pesar de rajarse temprano en el camino. Entonces, vino por ósmosis  de incontenible furor, aquella explosión desordenada del  caracazo que un febrero  abrió la avenida para el otro febrero. Y Por eso, en consecuencia,  llegó ese 4 de febrero constituido en  el inmenso portal  de una esperanza reprimida. Y  ya esa esperanza, para provechoso saber de quienes sueñan el retorno de los desmanes públicos, se ha convertido en una avalancha que ahora es aun más arrolladora.

n_lacruz@yahoo.com



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Neri La Cruz


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