El caso de las lolas francesas

Para empezar, la moda de llamar “lolas” a los senos femeninos crea confusiones. La auténtica Lola, para mí, es Lola Flores, la cantaora sevillana epítome de la gitanería y demás asuntos relativos a la España cañí. Lola Flores se distinguió por muchas virtudes, entre ellas la de acostarse con más toreros o “mataores” que cualquier otra en su época, pero no lo hizo por tener un par de pitones como los que suelen volver guiñapos a los diestros de la tauromaquia. Los senos de La Faraona, a ojo de buen cubero, eran medianos, muy distintos a los implantes del tamaño de balones de futbol que se estilan en estos días.

Claro está que los toreros prefieren los pitones recortados, lo cual tal vez influyó para que la Flores se impusiera con sus “lolas” regulares. Además en esa época las mujeres se defendían con sus propios recursos naturales y en caso de fallar por un lado compensaban la carencia de una cosa con la abundancia o mayor habilidad para usar otra, pero mejor será no entrar en esas honduras.

La cuestión que ocupa la atención pública en estos días es la ingrata noticia de que los implantes de silicona para aumentar el tamaño de los senos marca PIP, de fabricación francesa, tienen defectos que pueden culminar causándole cáncer a la portadora. Para empezar suena extraño que un implante mamario sea marca PIP, cuando sería más lógico que la marca fuera TET, pues lo de PIP insinúa que se trata de otro órgano corporal.

Los implantes PIP tiene defectos de fábrica y se recomienda a las portadoras proceder al destete inmediato para evitarse riesgos. El ministerio de Salud se ofrece para remover las lolas francesas gratuitamente aunque lo más lógico y conveniente sería que obligara a los cirujanos plásticos que los insertaron a ocuparse de enmendar el daño causado, pues ellos, mejor que nadie, deberían saber lo que se traen entre manos.

Naturalmente, como cualquier mamífero legítimo, aprecio un buen par, aunque, a decir verdad, el solo hecho de saber que el paisaje que se admira es artificial no produce la misma emoción.

Además me da pavor que vayan a estallar o desinflarse en una situación delicada.

augusther@cantv.net


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Augusto Hernández


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