Medicina e Historia

El informe final sobre la muerte del Libertador Simón Bolívar de la comisión investigadora

“¿Cómo puedes dejar que tus palabras

 te mientan y te olviden y te pudran?

 Mario Benedetti

XI

 Me correspondería ahora, referirme a la carta de Bolívar para Estanislao Vergara, que creo se sintió motivado a leer conjuntamente con la dirigida a Urdaneta,  el presidente Chávez, influenciado por las citas que de ellas hace Jorge Mier Hoffman, apuntando las fechas respectivas de 18 i 25 de septiembre de 1830, i tomadas del tercer tomo de la obra de Felipe Larrazábal, donde curiosamente no están consignadas las fechas. Muchos creen también que fueron sus últimas cartas, i por lo menos la de Urdaneta no lo es.  Entonces es necesario aclarar que, la dirigida a Urdaneta no es una misiva a un amigo, sino al Presidente de Colombia que enfrentaba el problema de la inminente proclamación de Mosquera como presidente legalmente reconocida por el Congreso en Bogotá, i por eso Bolívar argumenta que él, en caso de acudir a tomar el poder i evitar la anarquía, estaría en el lugar de un usurpador. Esa carta no era para ponerse a hablar de su salud que, por demás, Urdaneta sabía que estaba mui enfermo. Sin embargo, deslizó lo ya comentado sobre el existir i el modificar. Pensaría: a buen entendedor, pocas palabras. En cambio en la carta a Vergara, en respuesta a carta de ese amigo, de fecha 14 de septiembre, se entera  que Vergara dejará el Ministerio porque quiere atender a su familia, i hacerle la sugerencia o exigencia de que marche a Bogotá a tomar el poder, que Bolívar califica como una usurpación  (lo mismo que razonó ante Urdaneta) con estas palabras: “No, mi amigo, yo no puedo ir, ni estoy obligado a ello, porque a nadie se le debe forzar a obrar contra su conciencia y las leyes”. Agrega al respecto otras cosas, piensa lo malo que está la situación en Bogotá i que actuar ilegalmente empeoraría todo; además que los militares i los políticos como Castillo, piensan que él no tiene ninguna cualidad, para gobernar acusándolo de soberbia, parcialidad, mal financista i que todo puede ser demostrado; mientras que el acusador si tiene las cualidades de las que él carece, por tener esas cualidades, agrega con cierto humor o ironía,  debería ser el mejor Presidente del mundo. I en cuanto a él, dice dolorosamente que aborrece mortalmente al mundo, porque mis servicios no han sido felices; textualmente trascribo: “porque mi natural es contrario a la vida sedentaria: porque carezco de conocimiento: porque estoy cansado y estoy enfermo. No puedo, mi amigo, no puedo volver a mandar” (el subrayado es mío). Continúa luego exponiendo lo mal que se siente emocionalmente en Colombia, prefiriendo irse hasta el infierno para salir de allí. Quiere ir a Santa Marta a ver si mejora, i que todo esto está en oposición con su proclama i oficio al gobierno, porque cuando vio que se arruinaba la patria, si redondamente respondía que no aceptaba lo que le proponían, era peor; por lo que “ofrecí, pues, disimular, hablando vagamente de servir como ciudadano y como soldado”. Por eso más adelante agrega: “me parece que yo, lejos de servir, me voy del país”. Era el hombre decepcionado que creía haber arado en el mar i al final asentaba: “no espero salud para la patria. Este sentimiento, o más bien esta convicción íntima ahoga mis deseos y me arrastra a la más cruel desesperación”. Aún con tanta decepción, creía posible algún sacrificio dentro de lo correcto o legal. Más estaba también convencido de que ese sacrificio sería inútil, “porque nada puede un pobre hombre contra un mundo entero y porque soy incapaz de hacer la felicidad de mi país, me deniego a mandarlo”. Finaliza así: “Perdóneme Ud., mi querido amigo, la molestia que le doy con esta declaración; la he debido al General Urdaneta y a Ud., por eso no me he detenido en hacerla, pues un desengaño vale más que mil ilusiones.

 Póngame Ud., a los pies de su señora y mande Ud., a quien lo ama de corazón. Bolívar.

  Espero haber resumido el contenido de la carta ¿Dónde está la contradicción? ¿Dónde surge el dilema? La dos cartas se complementan, i más la que escribió a Urdaneta días antes de la muerte ineludible.  Las dos expresan el por qué rechaza el volver al poder; la primera es carta oficial, la segunda es carta a un amigo, pero ambas dicen lo mismo respecto al mando, sólo que en la segunda, se sincera, expresa sus penas i dolores, señala que está enfermo i hasta anhela irse del país tal es la decepción que lo embarga i desespera.

 Además, estas no son sus últimas cartas. En el Boletín N° 7 de los escritos por Reverend, leemos: “S.E. pasó una buena noche y el día contento, alabando mucho la mudanza de temperamento, o más bien de hallarse en el campo. El pulso permaneció siempre regular, y observé poca cantidad de esputos. Además de las medicinas ya indicadas, tomó un baño con emoliente tibio y no tuvo novedad, es el mejor día que ha tenido S.E. después de su llegada. Diciembre 7 a las ocho de la noche. Reverend.”

 Como cometa Ángel R. Fajardo H., en su obra Camino a Santa Marta (que le sirvió de guía a García Márquez para escribir El General en su Laberinto, como expuse en una extensa conferencia que hice hace años). El enfermo había dado la gran sorpresa (sería, agrego yo, que ¿dejaron de poner gotas de veneno en la toma de sagú con vino que le daban?) restablecimiento que llenó de asombro y alegría a todos sus compañeros, menos al médico y al general Mariano Montilla, quien dudoso se había informado del cambio tan repentino. Empero, esa felicidad no duró mucho tiempo, esa misma noche empezó a variar la enfermedad, el médico no lo abandonó en toda la noche, el enfermo durmió poco y, cuando lograba conciliar el sueño, empezaba a delirar por la fiebre que de nuevo le había invadido; pero gracias a los cuidados del médico, amaneció mejor, con la mente despejada, lo que le permitió después del desayuno, dar un paseo por el cuarto a medida que dictaba tres cartas, una para los señores de la ciudad de Buga dándole las gracias por los efectos (sic) recibidos, etc. El caso es que Fajardo, sigue diciendo aquí que las otras dos cartas eran, una para su amigo Estanislao Vergara, con las disculpas que ya expuse, i otra para Rafael Urdaneta, dándole muchas recomendaciones i consejos. Esas cartas tenían por fecha 8 de diciembre de 1830 (diferente a las fecha que hemos señalado) i en archivos se conocen que las últimas esquelas del Libertador (de las que existen archivadas), son la dirigida a los habitante de Buga, una para Estanislao Vergara, otra para Rafael Urdaneta (distinta a la que se encuentra en Larrazábal por ser anterior) i finalmente una para el general Justo Briceño, con la petición de todo corazón, de reconciliarse con el General Urdaneta. Todas tienen fecha 7 i 8 de diciembre de 1830, o sea que ciertamente las escribió (o dictó), no 2 meses i 23 días como dice Mier, sino apenas 9 días antes de morir. Puede corroborarse de la página 521 en adelante, del Tercer Tomo de Obras Completas de Simón Bolívar, Ediciones LISAMA, Caracas. De modo que los investigadores de la historia, que supongo los hai en la Comisión Investigadora del IVIC, deberían precisar estas cosas. No soi historiador de oficio, si no, un Filósofo de la Historia, que conoce sí, mucha historia. Es sensata, científica i mui humana la posición del Dr. Lorente Acosta al decir que, científicamente de la osamenta estudiada con veneración sin maltratarla en lo mínimo, ya no se pueden lograr más informaciones i que necesario es recurrir a la historiografía.

  La obra de Felipe Larrazábal tiene ciertas fallas, i a mi juicio creo que fue como un adelanto su biografía en tres tomos, tan interesante para entonces que la edición que conocemos fue modificada i prologada nada menos que por Rufino Blanco Fombona; así , las múltiples investigaciones que hacía todavía sobre la vida del Libertador debían ser más que valiosas. Se dice que con unos baúles llenos de documentos recopilados, se fue a Nueva York, con la intención de pasar a Europa en busca de más informaciones. Lamentablemente el barco naufragó, el historiador i su preciosa carga desaparecieron, para dolor de la Patria.

 Hasta aquí hemos visto, o mejor, leído pruebas respecto a la causa de la muerte del Libertador Simón Bolívar, descartando que no existe prueba ni testimonio alguno  que demuestre que haya sido asesinado con alguna sal de arsénico, por ejemplo, ya que sería la primera vez en la historia de la medicina o de la literatura fantástica, que un envenenamiento cause abatimientos espirituales i produzca signos i síntomas propios de una enfermedad mui común en aquel siglo XIX, como tos constante, con expectoración de esputos verdosos, malestar general i fiebre casi constante, especialmente al final del proceso. Pero como insisto, no es que esto se conozca por referencia de terceros, opiniones de familiares o amigos íntimos, o teorías o tesis propuestas por historiadores, sino que todos los datos recogidos, están expresados i escritos por el propio paciente, tal como si estuviese sentado delante del escritorio de un médico que lo interroga, para hacer la primera i más importante parte del diagnóstico médico en su inicio. Laín Entralgo, tanto en su obra Relación Médico-Paciente como en su Antropología Médica, enseña los pormenores i detalles más importantes del  comienzo de la relación, i lo perfecciona prácticamente en El Diagnóstico Médico, describiendo su evolución en el tiempo, cómo se hacía desde los días de Hipócrátes de Cos, hasta las técnicas más avanzadas del presente. Por eso, vuelvo a insistir en el trabajo del Dr. Oscar Beaujón, porque es algo mui serio i demostrativo de lo que he venido exponiendo o explicando. Por ello, en próxima última entrega de estos artículos seriados, completaré de mostrar, lo cierto de la evolución de la enfermedad que acabó con la vida del Libertador Simón Bolívar a los 47 años de edad. Pero me falta una observación más, de actualidad. Aunque por vía telefónica, relación personal i algunas cartas o notas escritas por correo electrónico, hai gente interesada en saber cómo fueron los últimos tiempos i la causa del deceso de Simón Bolívar –gloria i honra de Venezuela, América i el mundo−  el número de lectores en Aporrea, lo encuentro deficiente o bajo, especialmente cuando comparo con otros escritos, a mi juicio, de menor importancia. Ojalá los pueda convertir en un modesto libro, i sentir que las editoriales venezolanas se preocuparan de publicarlo. Que no sea como otros libros mui lujosos i falsos, donde las palabras te mientan, te olviden o te pudran, como dicen esos versos de Mario Benedetti.

(CONTINUARÁ)

robertojjm@hotmail.com



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Roberto Jiménez Maggiolo


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