Medicina e historia

El informe final sobre la muerte del Libertador Simón Bolívar de la comisión investigadora

Dedico: al Presidente Cmte. Hugo Rafael Chávez Frías.

“La objetividad histórica es una actividad

 primordialmente cognoscitiva, consagrada

 de una manera independiente, al pasado,

 cuya naturaleza tuvieron que investigar

  por su propio interés”.

 W.H. WALSH

I

 Siempre he visto la historia, luego de estudiar filosofía i graduarme Suma Cum Laude, como un volver al pasado huyendo de la especulación metafísica i otras similares, persiguiendo la Verdad i el hecho histórico, tantas veces deformado por enunciados novelados o intención de deformarla por otros intereses, entre ellos el comerciar con ella. Sin embargo, en cuanto a la investigación de documentos, cartas, libros, i otros testimonios históricos materiales o artísticos, he practicado el método i lo he manejado de acuerdo a lo que proponen textos importantes sobre la iniciación a la historia; mi especialidad, en cambio, o profundos conocimientos, son en el campo de la Filosofía de la Historia, como hacen muchos filósofos a partir, sobre todo de la obra de Hegel que está dentro del llamado idealismo alemán, pensando que toda realidad existente se reduce a lo espiritual, ostentando no solo la primacía de lo real, sino también su raíz última. Hegel está en el pensamiento filosófico de Karl Marx, pero diferenciándose en que tanto su dialéctica, como al orientación  última  a lo absolutamente absoluto, Marx lo mundaniza i lo baja de las nubes de esa falsa espiritualidad, aunque tanto Hegel como Ficthe, habían creído comprender a Kant, más que Kant mismo, i en éste genio de la filosofía, en la Crítica de la Razón Pura, habíase encontrado la primera gran explicación del conocimiento humano. I es a partir de estos tiempos, cuando entramos en el inicio cierto de la civilización contemporánea, cuando empezamos a comprender la necesidad de volver al pasado, interpretarlo i cerciorarnos de los elementos que nos proporcionan una visión objetiva i auténtica. Así nos permite descubrir los fraudes históricos, i reafirmar la verdadera historia como biografía del mundo. Por eso grandes hombres escriben la historia; otros reflexionamos sobre la historia, que son muchas historias  sobre algunos hechos importantes, i con ayuda de las crónicas i los testimonios, tratamos de traslucir o enfocar i poner de relieve la verdad.

 Esto nos pasa con los hechos i las vidas de los hombre que forjaron nuestra entidad de patria libre, especialmente los grandes héroes a cuya cabeza está el Libertador Simón Bolívar, de quien en los momentos actuales de revolución bolivariana, nos interesaba confirmar que sus restos están en el Panteón Nacional i, luego, saber cuál fue la causa de su muerte a una edad, en la cual estaba en condiciones de vivir –suponemos− por muchos años más.

El diagnóstico de la muerte

 Durante mi docencia universitaria en Medicina, primero en Sociología Médica donde se enseña a los alumnos cómo es el trato con el enfermo, las maneras de enfermar, la realidad económico social en las que nos toca actuar o ejercer la profesión i hasta cómo ayudar al hombre enfermo, el que sufre, el que agoniza (agonía es lucha, hasta literariamente; Unamuno escribió La Agonía del Cristianismo) o el que está muriendo. Luego, cuando fundé la Cátedra de Ética Médica, siempre el tema de la muerte estuvo entre los temas a estudiar, para lo cual, la obra de la Dra. Elizabeth Kübler-Ros fue un libro imprescindible (Sobre la muerte y los moribundos), la Medicina a saber los test para confirmarla, las pautas de distintas escuela médicas mundiales, etc., i la Filosofía me ayudó mucho a a tratar lo relativo a lo humano, a lo social, especialmente una obra de Michele Federico Sciacca, titulado Muerte e Inmortalidad. Desde entonces, con la doctora Kübler-Ros, contemplamos bien las cinco etapas que se presentan  (no todas las veces) en el proceso de morir, excepto naturalmente en las muertes repentinas o súbitas. De este modo, aunque mi especialidad era la de cuidar parturientas i traer vidas al mundo, como médico general i en las emergencias hospitalarias en el ejercicio profesional privado, tiene uno muchas oportunidad de contemplar muertes, algunas realmente tormentosas i otras apacibles, tal como se ha dicho: saber morir con dignidad. Adelanto que Bolívar murió con dignidad. Empero, el primer informe que se dio, decía que murió por choque de desequilibrio electrolítico (shock), lo que me pareció algo nunca contemplado antes, e ignoro cómo puede conducir a eso, la experticia de una osamenta con dos siglos arropándola. Luego, se ha callado ese diagnóstico.

 Cuando uno tiene a mano, un libro-joya (por lo menos lo ha sido para mí), como El Diagnóstico Médico, de Pedro Laín Entralgo, sabio español que tuve la dicha de conocer i escucharle conferencias sobre Filosofía de la Ciencia, en Madrid, conseguimos  descrito de manera magistral cómo fue evolucionando el diagnóstico médico de los tiempos de Hipócrates, hasta los modernos métodos actuales, ayudado por una tecnología avanzada; pero sobre todo el diagnóstico que como médicos cirujanos comunes, tuvimos la oportunidad de hacer para bien de nuestros pacientes. I entre tantas verdades i conocimientos, entresacar experiencia de hombres extraordinarios como Viktor Von Weizsäcker, que nos recalcó que “una historia clínica auténtica, un relato patográfico antropológica y biográficamente orientado es en rigor el diagnóstico como tal”. En medicina, todavía en los tiempos actuales, seguimos diciendo lo que sobre todo franceses, españoles i alemanes repetían desde antaño: la clínica, es la reina de la medicina. I en el caso del Libertador, pese a su evasión de los facultativos i las medicinas, fue visto en ocasiones por médicos i al final, su diagnóstico de una enfermedad con un gran daño en los pulmones, fue lo que lo que apreció Próspero Reverend  i el Dr. Nigth, médico norteamericano de una corbeta en el puerto. Sin embargo, la historia clínica del Libertador, sobre todo de los tres años finales de su vida, está escrita por él mismo en sus cartas o las razones para rechazar cargos o tareas, padecimientos apreciados  por sus generales i allegados que le rodeaban, i hasta por personas que dejaron testimonios de su deterioro progresivo (pinturas o retratos de artistas como Roulin) i algunos sabiendo sus antecedentes familiares, como la muerte de sus padres por tuberculosis, con los que convivió por lo menos 9 años en su infancia caraqueña. Ahora bien, negar la autenticidad, la seriedad, la exposición clara i didáctica de obras de historia como la de Indalecio Liévano Aguirre, de Augusto Mijares, de Gerard Masur, Felipe Larrazábal, Rufino Blanco Fombona i muchísimos otros autores, incluyendo la más recientemente leída de John Lynch, profesor de la Universidad de Londres i con una de las más ricas bibliografías que haya conocido, es algo inadmisible, pese a que hai otras obras también recientes que se contaminan de política. Pese a las objeciones, observaciones i críticas que se le hagan al Dr. Própero Reverend, hai que admitir que su participación en eso de darnos a conocer cómo i porqué fue la causa de la muerte de Bolivar a los 47 años, cinco meses i 23 días, es formidable; unos documentos que nos deparó la suerte del destino i tener la visión bastante exacta de cómo fueron sus últimos momentos, lo que no ha sucedido con casi ningún otro de los hombres de la gesta libertadora.

                                          (CONTINUARÁ)

robertojjm@hotmail.com



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Roberto Jiménez Maggiolo


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