La metamorfosis de Chávez

Con estilo sobrio el presidente Chávez anunció desde La Habana su enfermedad; cuidadosamente leyó sus palabras, desatando toda suerte de conjeturas. Para unos era una clave mortuoria, débilmente disimulada. Para otros un mal ya superado, pero oportuno para captar simpatías.

Tras el shock del anuncio llegó el comandante a cumplir con su presencia en las celebraciones bicentenarias. No obstante el evento estelar, la reunión inaugural de la Celac fue suspendida, lo cual no era poca cosa. Las mujeres hacían pucheros al mirarlo y muchos hombres tragaban grueso y se aclaraban la garganta para evitar algún quiebre en la voz.

El propio Chávez lucía confundido, sin saber para qué lado agarrar: convaleciente delicado o macho guapeando contra el dolor. Con el pasar de los días la incógnita se despejó y quedó claro que no está muriéndose, pero tampoco podría brincar en una pata o sustraerse a la vigilancia de médicos y terapistas. Para quienes lo conocen ya eso de por sí era un milagro solo atribuible al poderoso exordio de Fidel.

Pero Chávez es él y sus circunstancias. El Presidente no sabe mentir, sino que a veces representa un papel que él mismo termina por creer y así se lo transmite a los demás.

El líder inició una especie de "Confieso que he vivido". Las remembranzas pulularon en charlas nostálgicas y la cosa no iba bien encaminada. Para colmo monseñor Moronta le hizo la unción, terminando por confundirnos y estimular a los fúnebres.

Sin embargo, de repente y tal las cosas comenzaron a cambiar. Chávez sacó a la muerte del refranero revolucionario. Empezó a recordar que estará en Miraflores hasta el bicentenario de Carabobo o un pelín más, hasta el 2031.

El cumpleaños le dio bríos para cantar, bailar y zapatear, de tal manera que casi nadie cree que habrá duelo nacional por un mes y sálvese quien pueda en las filas del Psuv.

De paso reconoció que debe delegar y no acaparar toda vaina.

Por mi parte estoy absolutamente convencido de que el presidente Chávez superará todos los escollos de la enfermedad que lo aqueja; el único peligro, que por fortuna no afecta su salud, es que nos cuente cada detalle día a día y paso a paso.

augusther@cantv.net


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Augusto Hernández


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