La conciencia de los límites

El cuerpo del Presidente

El filósofo holandés B. Spinoza en su tratado teológico-político nos afirmaba que “nadie sabe todo lo que puede un cuerpo”. Efectivamente el cuerpo lo perdemos cada vez más en esta civilización que pierde “su tierra” convirtiéndose en puro simulacro y entre tanto ya ni idea tenemos de las maravillas que condensa. Pero esta misma afirmación por inversión lógica nos lleva a otra menos alentadora y es que tampoco sabemos hasta donde puede un cuerpo. O al menos nada sabemos hasta que revienta.

El presidente Chávez tiene cáncer y su situación después de dos operaciones en Cuba es muy delicada como él mismo lo ha dejado entrever. No sumemos ningún tipo de especulación acerca de las gravedades del caso, simplemente situémonos en tres planos útiles de reflexión: primero uno de conciencia, es decir, la luz colectiva que de manera intempestiva nos deja el hecho. Segundo, es muy probable que existan razones más políticas y menos médicas para explicar su enfermedad que valen la pena desenmascarar. Tercero, hay ciertas consecuencias e interrogantes centrales que se cuelan en todo este asunto demasiado importantes tratándose de Chávez y del comandante y líder que es.

Vamos con lo primero. Hace algo más de una semana en un discurso leído desde Cuba el presidente informa algunas de las razones que lo mantuvo en la isla y reconoce que tiene cáncer y ha sido operado en una segunda oportunidad por esta razón. Debilitado, cansado y a la vez firme y alentador como siempre, su cuerpo se presenta por primera vez desde el límite de la vida y la muerte. Esto era algo que no estaba previsto, nadie se preguntó hasta dónde podía realmente ese cuerpo y de pronto develó su límite, reconociendo su miedo y su tristeza y al mismo tiempo su pasión por la vida, convirtiendo la enfermedad en una batalla más por vencer. Inmediatamente después cayó un inmenso manto de silencio por la ciudad y barrios enteros se callaron. No fueron pocas las lágrimas que aparecieron pero sobretodo brota un vacío que nadie explica; una sensación que rebota totalmente con lo que ha sido Chávez desde hace más de una década: una presencia desbordante, en muchos momentos asfixiante pero sin duda necesaria tanto para seguidores como enemigos: una derecha que no sabría que decir sin él, y en otros necesaria para dotar de voz y dirección a esta historia. Ahora esa presencia nos dice entre línea “aquí estoy y lucharé por seguir, ayundenme también, pero puede suceder que mañana no esté”. Se desmorona el mito inmortal y aparece el hombre en su límite, destrozando al mismo tiempo uno de los pilares básicos de la ideología adulante, pertrecho final del stalinismo burocratizado y corrupto desde donde se repitió y repite mil veces “con Chávez todo sin Chávez nada”. Si es así, efectivamente no valemos nada como pueblo, pero al mismo tiempo por incrustación obviamente religiosa y culposa nadie se atrevió a mandar a la mierda esa frase denigrante hacia todos hasta que el propio cuerpo del comandante por sus gestos y entredichos más que por sus mismas palabras marca el límite y reconoce su humanidad.

No vale la pena recordar para cuanto ha servido este hecho a la manipulación mediática de la derecha y sus circuitos globales, lo asombroso al menos por muchos ecos que me han llegado de todas partes del país es la ruptura que estos mismos hacen frente a esta manipulación por supuesto y por otro lado a la manipulación oficialista que centra la batalla solo en el cuerpo del presidente que por su inmensidad personal y supuesta seguridad milagrosa ganará a la enfermedad. Lo bello de estos ecos es que admitiendo el sentimentalismo inevitable que produce la circunstancia, estos se paran como auténticos revolucionarios aflorando una luz clara y fortalecida en ellos. Desde lo más recondito de los llanos de Apure le oí decir a alguien con mucha historia en esa tierra: “si claro con Chávez todo pero sin Chávez ¡rebelión popular!”. Pase lo que pase con su enfermedad finalmente se humaniza el cuerpo de Chávez, se humaniza él mismo y se pone en claro que esto es una revolución no una devoción. Siguen estas voces diciendo: “pa’lante comandante” que esté o no esté, vamos hasta la victoria siempre, esto es una revolución popular no una lagrimera adulante dirigida desde la fiesta dorada de ningún cogollo. El cuerpo enfermo genera luces, el “tercer actor autogobernante” afianza conciencia y probablemente acciones reveladoras.

Esto nos lleva al segundo punto de la reflexión: ¿por qué se enferma Chávez?. Un estado envuelto en una crisis que se vuelve insuperable desde hace más de veinte años se conserva gracias al soporte carismático de un líder popular único pero que al mismo tiempo que lo fortalece lo tensiona hacia su quebrantamiento dándole eco y poder al deseo revolucionario colectivo que el líder encarna. Esa es la paradoja originaria del chavismo, y probablemente de todas las revoluciones democráticas de los últimos años en nuestro continente, pero que tarde o temprano ha de traer sus consecuencias. Lo que se promueve a sí misma como una dirección colectiva del proceso facilita la creación de un proyecto de república corporativa: el estado como empresa centralizada y máquina de cooptación política y explotación del trabajo; opuesto antagónico a la premisa libertaria que se difunde y sobre la cual irrumpe la revolución popular bolivariana. Dirección que en gran mayoría no tiene legitimidad en sí misma, que siente su decadencia, forzando con la anuencia del líder una presencia cada vez más vertical y  omnipresente de su figura que llene los vacíos inmensos, sin mediación alguna (el partido PSUV no aporta nada en ese sentido, refuerza más bien el hecho). Chávez se cree el cuento de ser el cuerpo capaz de llenarlo todo y por lo que vemos empieza a vivir él mismo una relación cada vez más vertical con el mundo inmediato y en gran parte enfermo que lo rodea, sin tiempo para una vida sana y horizontal entre seres que asumen como iguales y trasparentes.

Comienza una tragedia para su cuerpo: lo que está enfermo social y políticamente alrededor de él no existe voluntad política para enfrentarlo de lleno, es Chávez quien lo sana o lo salva a través del amparo de su palabra permanente y salvadora del enfermo. Todos lo empujan a no detenerse un segundo en esta misión, de lo contrario ese cuerpo político se muere, están condenados a  él, lo hacen imprescindible, todo se vuelve cada vez más vertical y neurótico. ¿Quién termina totalmente enfermo?, el propio líder, comandante de esta revolución, pero también el primer responsable de la razón política de su misma enfermedad.

¿Hasta dónde puede un cuerpo?, hasta allí, es el punto donde él mismo termina interiorizando y sufriendo lo que absorbe a su alrededor hasta llevarlo al límite. Que hable un médico chino o el maravilloso Benito desde los cielos y podrían explicar mejor esto. Lo que es evidente es que dentro esta es una historia que ya tiene enfermo gravemente a su comandante y  hasta cierto punto nos está enfermando a todos si no respondemos con la vitalidad de los cuerpos sanos, libres, honestos. Nos enferma con lo peor que se pueda colar dentro de una revolución, es el cáncer del silencio, del miedo, del cálculo inmovilizante, de la burocratización y la adulancia. Sanarnos es irrumpir y cuidado, si volvemos a los sentimientos, esta sea la única medicina que salve el cuerpo querido del presidente, le guste o no como toda medicina.

Pero entre tanto hay consecuencias obvias que giran alrededor de la total incertidumbre que crea la enfermedad pero que a su vez se pueden convertir en fuente de un refortalecimiento de la voluntad revolucionaria. ¿Podrá Chávez hacer campaña en medio de su enfermedad y el proceso de cura que supone?. ¿Podrá continuar al frente de la presidencia? ¿Si no es así qué pasará?, ¿Cuál es el eco que esto genera sobre el continente?. Cualquier cosa que pase sin embargo me da la impresión que estamos entrando en una nueva fase de este proceso. La debilidad de los líderes y sus manos amarradas a los viejos cortejos estatales y de secuelas coloniales internas que ratifica el capitalismo global se hace cada vez más evidente. Pero también se revela el límite del liderazgo en sus propios cuerpos; Chávez los vuelve a humanizar a todos. Todo esto tendera sin duda a forzar una importante reflexión colectiva y a redescubrir el sostén colectivo de la insurgencia nuestramericana. En el caso de Venezuela el Estado por su lógica redoblará el aventurerismo de sus conspiradores de derecha y extremar las ambiciones internas de las logias de poder inscritas en el chavismo. Pero al mismo tiempo que se genera esta consecuencia natural se produce un acto reflejo que se centra en la unidad y autonomía de la base revolucionaria. La alternativa autogobernante y de directa soberanía popular se convierte en opción urgente donde se levanta la vida por encima de cualquier circunstancia. En definitiva a lo que nos referimos es que la evidencia del cáncer en Chávez antes del desmoronamiento que pregona la derecha por el contrario coincide con una multiplicación de escenarios de conciencia, resistencia y movilización aquí y en todo el continente, incluso del mundo árabe y occidental. Hecho que antes de desmoronar renacimientos los profundiza preparándose para enfrentar no sólo los embates clásicos del imperialismo y la conspiración oligárquica sino los vacíos gigantescos que giran alrededor de las dirigencias sus anillos y anillajes. Con o sin Chávez aquí empezó otro camino de maduración e irrupción progresiva que coincide con la conciencia de los límites tanto del sentimentalismo colectivo como de los líderes a los cuales estos sentimientos se atan.

Salud y vida comandante, salud y vida para todos 



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Roland Denis

Luchador popular revolucionario de larga trayectoria en la izquierda venezolana. Graduado en Filosofía en la UCV. Fue viceministro de Planificación y Desarrollo entre 2002 y 2003. En lo 80s militó en el movimiento La Desobediencia y luego en el Proyecto Nuestramerica / Movimiento 13 de Abril. Es autor de los libros Los Fabricantes de la Rebelión (2001) y Las Tres Repúblicas (2012).

 jansamcar@gmail.com

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