Vivir sin Coca Cola

Al decir que ‘Uno puede vivir sin Coca Cola’ el Presidente Chávez
produjo un ataque desconsiderado contra el imperio estadounidense y su
institución más venerable.

Por menos que eso han caído gobiernos en Centroamérica o han llegado
los ‘marines’ a instalar dictadores que sí saben apreciar bebidas
vivificantes.

Aunque las comparaciones son odiosas, por vía de ejemplo diremos que
la Coca Cola es al capitalismo lo que es el vino del cáliz para los
católicos. Se trata de la ambrosía que tomaban los dioses del Olimpo,
un producto bendecido y afamado.

Más que eso, es una de las principales oferentes de acciones en la
bolsa de Wall Street, base fundacional del capitalismo, adalid del
libre mercado, símbolo del exquisito toma y dame de la oferta y la
demanda.

Pero nunca faltan detractores gratuitos u otros que, como en el caso
de la Pepsi Cola, son archirrivales históricos, practicando la
competencia desleal durante lustros, aunque casi siempre bien
disimulada.

No es oportuno ni cortés expresar que una Coca Cola que no esté
gélida, sino medianamente tibia, es un menjurje intragable con sabor a
orine de algún engendro y los mismos efectos mortíferos.

La Coca Cola debe su nombre a la sustancia que empleó originalmente
para hacerse adictiva y crear una dependencia enfermiza entre millones
de consumidores. Luego, por alguna razón privaron criterios sanitarios
sobre el afán de lucro y retiraron la cocaína como componente
principal. Entonces recurrió al aspartame como edulcorante,
identificado como creador de hábito y causante de efectos nefastos
para la salud.

Tampoco conviene añadir que la Coca Cola figura entre las empresas
más agresivas del capitalismo salvaje, sin respeto por normas
elementales para el resguardo de la salud de sus consumidores o por el
medio ambiente que depreda sin consideraciones.

Coca-Cola tiene plantas en Caracas, Valencia, Maracaibo y Barcelona.
Según sus cifras, en 2009 registró ventas totales por 255 millones de
cajas unitarias. Cada caja tiene 24 botellas de 237 mililitros. La
empresa mexicana Coca-Cola Femsa compró en 2003 la concesión de
Coca-Cola a la venezolana Hit, del empresario Oswaldo Cisneros.

En la Convención de Basilea (1994) se prohibió el comercio de
residuos tóxicos y peligrosos. La campaña ‘Coca y Pepsi fuera de la
India’ (2006) intensificó su actividad con un día de acciones para la
prohibición de los dos refrescos. Kerala ya ha prohibido las colas.
Karnataka, Madhya Pradesh, Gujarat y Rajastán han prohibido los
refrescos en centros educativos y en cafeterías de instituciones
oficiales, los espacios libres de Coca-Cola y Pepsi se están
extendiendo por todo el país.

En India cada fábrica de Coca o Pepsi extrae 1-2 millones de litros
de agua diarios. Hay 90 fábricas por lo que la extracción diaria se
encuentra entre 90-180 millones de litros que cubrirían las
necesidades de agua potable de millones de personas. Cada litro de
refrescos destruye y contamina 10 litros de agua y en los lodos
tóxicos producidos se han encontrado altos niveles de cadmio y plomo.

El Presidente Chávez se quedó corto. No es que ‘Uno puede vivir sin
Coca Cola’. Para vivir más y mejor resultaría indispensable que la
fabricación de la fatídica bebida y sus similares fuera eliminada por
completo.

augusther@cantv.net


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Augusto Hernández


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