PSUV...¿Dón está el partido?

Es posible que en la mente de muchos compatriotas exista la idea de lo innecesario del partido como factor determinante en el proceso revolucionario que ahora se experimenta en nuestro país. En otros, seguramente ocurre lo contrario. Saben con certeza que la existencia de una organización en franco proceso de consolidación y apertrechada ideológicamente garantiza los pasos que conducen a la construcción de un nuevo país, en el cual predominarán las relaciones humanistas entre sus habitantes.

Ocurre que los lastres de los partidos predominantes durante la cuarta república ocupan hoy, en buena medida, el quehacer de quienes se asumen dirigentes del proceso. Uno de los más palpables ejemplos es el comportamiento electoral de la dirigencia y militancia del PSUV, en algunas regiones del país. Si acaso no somos la excepción, el estado Sucre es una muestra de la práctica clientelar, demagógica y populista, que raya en la chabacanería al hacer el trabajo político. Como las estadísticas están a la vista, esta práctica no da los resultados deseados. Entonces hablamos de gestiones regionales y locales que no cubren las expectativas de la población para convertirse en serio obstáculo a la continuidad revolucionaria.

A manera de ejemplo, es posible que quien se asume militante no tenga en sus manos las bases programáticas y estatutos del partido (librito rojo), si sabemos que hace un año se realizó el Congreso constituyente. Naturalmente que la responsabilidad no es de ese militante de la llamada “base”, a quien se acude en tiempos de elección para entregarle la planillita del uno por diez, y ofrecerle la fulana logística para la movilización del día. ¿Qué hacemos para que el oportunismo, la improvisación y el inmediatismo sean borrados y dar paso a nuevos valores en la organización partidista?

El discurso debe recobrar la sinceridad y la transparencia. Y una manera de asumirlo es comenzar a construir un partido revolucionario, que actualmente no existe. Y por lo visto, Sucre no es el único ejemplo. Dar paso a la organización significará también dar paso al proceso ideológico, principal garantía de sostén y consolidación de la Revolución Bolivariana. Atrás debe quedar esa manía burocrática, electorera, y el despelote de la patota en momentos cruciales. Ya está dicho: sin partido revolucionario no habrá revolución posible. Y quien no crea en ésta premisa, entonces que hable de otra cosa.

juan_azocar@hotmail.com


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Juan Azócar


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