Rodeados, invadidos, disociados

En materia militar la resistencia venezolana ante un ataque conjunto
colombo-gringo duraría lo que un céfiro en una hamaca, para decirlo
con refinamiento bogotano.

Las cuentas elementales indican que Colombia dispone de 450.000
efectivos armados, sin sumar paramilitares, sicarios y narcos, que
también cuentan. Mientras los colombianos de a pie aportan carne de
cañón, los gringos pondrían la tecnología de punta para la destrucción
de nuestros aviones, radares y equipos antiaéreos, lo que tardaría el
término de la distancia o poco más.

Los Estados Unidos tienen 7 bases en Colombia y el uso de otras
instalaciones. En Panamá rehabilitaron la Zona del Canal, Costa Rica
está recién invadida y Honduras aporta la de Palmerola. Añádanse las
bases de Guantánamo, Curazao y Aruba, amén de la IV Flota.

Sin embargo, mucho antes del primer disparo nos daríamos cuenta que
ya estamos invadidos por más de 4 millones de colombianos que viven en
Venezuela y abrumadoramente odian a Chávez como si fuesen directivos
de Fedecámaras. Por mera casualidad se concentran principalmente en
Zulia, Miranda, Aragua, Carabobo y, naturalmente, Táchira. Cabezas de
puente o zonas estratégicas.

No quiero pecar de pesimista, pero creo que en su inmensa mayoría
tienen documentación venezolana expedida a la machimberra por las
autoridades de Migración y Extranjería, ahora Saime. Distinguir a los
naturalizados e inmigrantes serios de quienes vinieron en plan de
buhoneros requeriría un trabajo minucioso. Esto lo afirmo sin un ápice
de xenofobia, pues los naturalizados que conozco aman a Venezuela
tanto como yo.

La infiltración mediática con fines de propaganda, desinformación y
guerra sicológica funciona desde hace años. Con la complacencia de
Conatel y otros despachos oficiales cundidos de vendepatrias, la
televisión privada en Venezuela está saturada de telenovelas
colombianas y producciones conjuntas donde priva la exaltación de todo
lo foráneo y por ende contrarrevolucionario. Los noticieros transmiten
como propias las versiones colombianas dirigidas a desacreditar a
nuestro gobierno. De manera simultánea televisoras y radioemisoras
privadas cantan las alabanzas de los que procuran denigrar de nuestra
patria. Esto hace estragos a diario en una población cada vez más
afectada por la disociación sicótica.

Lejos de sugerir que nos rindamos al estallido del primer misil,
propongo que iniciemos la defensa antes que eso ocurra,
Pudiéramos comenzar por descolombianizar las transmisiones de las
sedicentes televisoras y radioemisoras “criollas”.

augusther@cantv.net


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Augusto Hernández


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