El debate abierto debe ser para transformar revolucionariamente a las universidades

Hay que llevar la lucha de clases al seno de las instituciones de educación superior

Las movilizaciones estudiantiles desarrolladas en el país en los últimos días, como reacción de los sectores de oposición a la decisión del gobierno de no renovarle la concesión a RCTV, marcan un punto de inflexión en el proceso revolucionario, ya que aparece en el escenario político un nuevo actor social que hasta hoy no había tenido un papel protagónico.


¿Cómo se explican estructuralmente las movilizaciones estudiantiles?

Para comprender la situación actual de las universidades y del movimiento estudiantil, hay que remontarse a los años 80. En aquella década el estudiantado universitario recibió una severa derrota por parte de los gobiernos de la IV República. Las movilizaciones que se desarrollaron en aquellos días contra la aplicación del reglamento de repitientes o normas de permanencia, el cobro de matrícula y otros aranceles, la “semestralización” de los estudios y la aplicación de exámenes de admisión o pruebas de aptitud académica, no lograron detener los planes privatizadores y elitescos, que desde aquellos años comenzaron a instrumentarse en las universidades públicas, constituyéndose en el antecedente más remoto de la aplicación de las políticas de ajuste neoliberal, las cuales se enmarcaban en el proceso de transformaciones que el capitalismo sufría, denominado globalización o mundialización. Simultáneamente con estas políticas, se producía un cerco económico, mediante la restricción progresiva del presupuesto para las universidades, que a su vez era parte de la reducción del gasto público, especialmente en educación, salud, seguridad social y vivienda, con el objetivo de pagar la cuantiosa deuda externa y reorientar la inversión hacia el sector privado.

Como consecuencia de la derrota del movimiento estudiantil en los años 80, comenzaron a aplicarse las políticas antes mencionadas, las cuales iniciaron un proceso de transformación en la composición social de las universidades.

La Universidad, que hasta esos años había sido un mecanismo de ascenso social, que había permitido el acceso a la educación superior, más o menos irrestricto de los hijos de los trabajadores, cedió su lugar a una universidad más cerrada, menos democrática y popular, a la que comenzaron a ingresar preferencialmente sectores de clase media, que en el contexto de la crisis económica que se inició a principios de la década del 80, ya no podía enviar a sus hijos a las universidades privadas o al exterior.

Por otra parte, en lo que tiene que ver con la reposición de cargos y el desarrollo de una generación de relevo entre los docentes, igualmente, se produjo un cambio social y generacional, que a la larga, también tendría consecuencias políticas.

Como consecuencia de las restricciones presupuestarias que desde el Estado se impusieron a las universidades, los recursos financieros destinados a reponer los cargos de los profesores que se jubilaban, se vieron sensiblemente limitados e incluso paralizados. Esto trajo como consecuencia que desde los años 80 ingresaran muy pocos profesores jóvenes, produciéndose un estancamiento generacional, que tendría repercusiones en un cambio social, político e ideológico entre el profesorado. La mayoría de los docentes universitarios que otrora habían sido de izquierda o de pensamiento crítico, con el tiempo se hicieron cada vez más conservadores, tanto de su ubicación dentro de la academia, como, por supuesto, ideológica y políticamente. Esto explica que la mayoría de los docentes universitarios hayan jugado un papel contrarrevolucionario en los últimos años.

El cambio social que se produjo en la composición del estudiantado de las universidades, al igual que el de los profesores, ha tenido repercusiones políticas, lo cual se refleja con toda claridad en la coyuntura actual.

La mayoría de los estudiantes de las universidades públicas no están tan urgidos de los servicios estudiantiles como el comedor, el transporte o las becas, lo cual hace que no haya luchas por mejorarlos. Y estos mismos estudiantes son parte de los sectores de oposición que se han movilizado contra el gobierno y el proceso revolucionario en los últimos años.

No es casual que una organización que en el pasado fuera radical como Bandera Roja, en el último período se ha nutrido de jóvenes de clase media o de la pequeña burguesía -que es una categoría social más exacta-, conllevándolos a defender intereses opuestos al proceso revolucionario.

Sin embargo, es importante destacar que a pesar de esto, existe en las universidades públicas una pequeña vanguardia, compuesta por estudiantes de bajos recursos, que sí necesitan de los servicios estudiantiles, que tímidamente han venido dando algunas luchas, que respaldan el proceso revolucionario y que podrían jugar un importante papel promoviendo un proceso de transformación profunda de las universidades, en el marco del debate que se está suscitando en las instituciones de educación superior. No obstante, esta pequeña vanguardia, en este momento está en proceso de recuperación de la derrota sufrida en el 2001 después de la toma del salón de sesiones del consejo universitario, está aún dispersa, en cierta medida dependiente del gobierno, y con muchas debilidades en el plano político.

Sobre el carácter de las movilizaciones estudiantiles

En primer término, se trata de un movimiento estudiantil de clase media e ideológicamente de derecha, profundamente antichavista y anticomunista, proveniente tanto de universidades privadas como de universidades públicas autónomas.

Lo original del movimiento es que no está encabezado por los dirigentes tradicionales de los partidos de la burguesía, sino por jóvenes y nuevos dirigentes estudiantiles ligados, sin embargo, a partidos como Primero Justicia y Bandera Roja. Por ejemplo, Yon Goicochea pertenece al primero, y Stalin González militó hasta hace poco en Bandera Roja, y recientemente se incorporó a Un Nuevo Tiempo. Esto no es casual, de todos los partidos de la oposición, Primero Justicia y Bandera Roja son los que tienen más trabajo a nivel estudiantil, especialmente en el sector universitario.

Ahora bien, decir que este es un movimiento totalmente aupado por los partidos tradicionales de la burguesía, o que los estudiantes que se han movilizado son manipulados por dichos partidos, no es exacto, como tampoco, decir que no tiene nada que ver con dichas organizaciones, y en general, con los planes de desestabilización que estaría promoviendo la burguesía y sus partidos. Ambas son visiones maniqueístas y verdades a medias.

En la medida que es un movimiento relativamente espontáneo, que ha arrastrado a sectores que hasta ahora eran neutrales frente al gobierno, podríamos decir que hay algo de genuino en las movilizaciones. Sin embargo, esto no significa que detrás del mismo no se encuentren sectores importantes de la burguesía y de sus principales partidos, y que estarían tratando de aprovechar la coyuntura abierta con la no renovación de la concesión a RCTV, para iniciar una escalada de desestabilización que eventualmente podría desembocar en un pronunciamiento militar. La negativa de un sector de la Guardia Nacional a reprimir la movilización que debía ir hasta la Asamblea Nacional la semana pasada, así como la supuesta detención de un grupo de oficiales, podrían estar relacionados con los planes de desestabilización de la derecha.

Esto se explica por el hecho de que a pesar de los avances en los acuerdos con sectores de la burguesía, y de la “normalización” del funcionamiento capitalista, el de Chávez no es el gobierno directo de la burguesía y del imperialismo, se mantienen los roces con este último, lo que hace que estos sectores no dejen de presionarlo para eventualmente voltearlo y liquidar el proceso revolucionario que sigue abierto, y que es la principal preocupación de la patronal y el imperialismo.

La política del gobierno frente a las movilizaciones estudiantiles y RCTV

Si algo ha quedado claro es que la medida contra RCTV debió tomarse hace por lo menos 4 años atrás, durante el golpe o el paro-sabotaje petrolero. Pero no sólo debió ejecutarse contra este canal, sino contra todos los demás canales golpistas, así como contra los demás medios de comunicación privados que atentaron contra el pueblo y el proceso revolucionario.

Por otra parte, la no renovación de la concesión a RCTV, se toma en frío, quizás no en el momento más adecuado políticamente, y además es una medida absolutamente parcial y limitada. La situación se agrava porque el mismo día que se le vencía la concesión al canal 2, se le renovaba la licencia a Venevisión, lo que pone en evidencia, sin ninguna duda, que existe un acuerdo del gobierno con Cisneros. Esto, indudablemente, evidencia que no es política del gobierno rescindirle la licencia a los canales de televisión privados, y mucho menos, expropiar a los medios de comunicación en su conjunto.

Asimismo, la política de defensa de la medida adoptada por el gobierno ha sido completamente equivocada. Se ha apoyado en la “legalidad” de la decisión; en reafirmar que es una medida “ajustada a derecho”, incluso se establece como punto de comparación que en Estados Unidos el gobierno también tiene esta potestad.

Con respecto a las movilizaciones estudiantiles, en un primer momento el gobierno intentó restarle importancia, decir que los estudiantes estaban siendo manipulados y quiso restringir las protestas. Por otro lado, el discurso gubernamental no intenta apreciar en su justa dimensión las movilizaciones estudiantiles, y se limita a decir que están siendo utilizados y manipulados por la oligarquía, la CIA y el imperialismo.Ahora está cambiando la política y se ha ido para el otro extremo, tratando de concederle gran importancia a la dirigencia estudiantil golpista y promover diálogos y debates con ellos.

Esta política desacertada ha llevado a que dirigentes de la Federación de Estudiantes Bolivarianos, cometan el grave error de solicitar a la OEA que sea intermediaria para los debates. Con esas políticas equivocadas será imposible derrotar políticamente a la dirigencia estudiantil golpista, y abrir un espacio para el debate democrático con el estudiantado, sin distingo de sus posiciones políticas.

Lo que posibilita esta recuperación de los sectores de oposición, que hoy demuestran que sus fuerzas están aún relativamente intactas, pudiendo movilizarse nuevamente, es la propia política del gobierno que no teniendo intenciones de romper con el capital ni golpear políticamente a los dirigentes del paro-sabotaje y del golpe, que en su mayoría se mantienen libres, e incluso, ejerciendo cargos públicos, desde el revocatorio ha venido tendiendo puentes hacia sectores de la burguesía y del imperialismo, los cuales han aprovechado este proceso de “normalización” al que hacíamos referencia, así como la bonanza económica del país, para realizar jugosos negocios y recuperarse políticamente.

Una política revolucionaria frente a los medios y al movimiento estudiantil

En términos generales creemos que una política revolucionaria de cara a los medios de comunicación social, así como frente al movimiento estudiantil, debería partir de las siguientes propuestas.

En principio, respaldamos la no renovación de la concesión a RCTV, pero rechazamos que este canal sea sustituido por una televisora estatal, cuya directiva y presidenta fueron designadas de manera unilateral por el Presidente de la República. En tal sentido, proponemos que TVES debe ser controlado y gestionado por las organizaciones obreras, populares, campesinas, juveniles y culturales, y no por el gobierno ni los artistas o periodistas de confianza de Marcel Granier y demás dueños de RCTV.

Siendo progresiva la medida, no obstante es limitada y parcial. En tal sentido, deberíamos proponer que todos los medios de comunicación privados, incluyendo a Venevisión, a la cual se le ha renovado la concesión, sean expropiados y todos pasen a estar bajo control y gestión de las organizaciones obreras y populares, de forma proporcional. Por otra parte, la medida no debe ser una simple no renovación de la concesión, sino una expropiación de todos los inmuebles y equipos técnicos.

Por otra parte, con respecto al sector estudiantil y universitario, debemos aprovechar el debate que se está abriendo en el país y en las universidades para impulsar la lucha por una Constituyente Universitaria que promueva la transformación radical de nuestras instituciones de educación superior

En tal sentido es necesario debatir una serie de propuestas transicionales que sirvan para traer la lucha de clases al seno mismo de las universidades, y que permitan que estas instituciones empalmen con el proceso revolucionario que vive el país. En ese sentido, el debate que se abre debe servir para plantear la inmediata eliminación de las pruebas de admisión, así como el acceso irrestricto de todos los bachilleres que lo deseen, a la educación superior; debe discutirse exigir al gobierno una política de servicios estudiantiles que involucre el aumento de las becas, mejoramiento del transporte y de los comedores estudiantiles; la democratización de las instancias de co-gobierno, incorporando a los trabajadores, y propiciando la participación proporcional de todos los sectores de la comunidad universitaria; que se elimine el pago de matrícula y de todos los aranceles que actualmente se cobran en las universidades, así como las normas de permanencia; luchar por aprobar una nueva ley de educación superior que incluya a los trabajadores como parte de la comunidad universitaria, que sistematice todas estas transformaciones, y que sea elaborada con la participación democrática de estudiantes, docentes y trabajadores universitarios.

Pero esa batalla no se puede quedar sólo en el marco de las universidades públicas. Los socialistas revolucionarios afirmamos que para avanzar hacia el socialismo hay que liquidar las universidades privadas y no tratar de convivir con ellas, como parece ser es la política del gobierno, ya que no dice nada al respecto.

En tal sentido, una política revolucionaria de cara al movimiento estudiantil universitario debería promover el debate democrático de todas estas propuestas, así como el rol que la Universidad debe tener ante los medios de comunicación social. Para ello debemos convocar al debate en las aulas y en otros espacios universitarios con las bases estudiantiles, y no con su dirigencia ligada a los partidos de la burguesía y el golpismo.

Por otra parte, todo esto sólo se podrá lograr liberando al conjunto de la sociedad de las cadenas del capital, con la expropiación de todos los medios de producción, incluidos los medios de comunicación e información, colocándolos, además, en manos de las organizaciones obreras y populares.

*Docente de la UCV y dirigente del Partido Revolución y Socialismo (PRS)

miguelaha2003@yahoo.com
miguelangel249@gmail.com


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Miguel Angel Hernández*

Profesor de Historia en la UCV y miembro del comité impulsor del Partido Revolución y Socialismo. Como marxista, Hernández aboga por el definitivo rompimiento con el capitalismo en Venezuela y por la construcción del socialismo.


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