¿Qué somos para el Primer Mundo?

“Comida rápida, con el pipí chiquito, son puros muchachitos lavando piso.”

Son Tizón

Se acaban las vituallas, se agota el agua o llueve demasiado. Y el calor horrible luego de la lluvia. Pululan nuevas naciones de zancudos, calor y agua no cesarán perennes las campañas contra dengue, plagas y pulgas que vengan sembradas o como quieran, todas invasoras. Cielos y mares, tierras y ondas, sutil y densamente, viene sin retroceso la vigilancia extrema, la final, se ponga un afro o un marciano al frente de la Casa Blanca.

Es la faena que le toca a cada quien del Grupo de Los Ocho en eliminarse su lastre si no se quiere perder escalafón. No es un acto aislado, al observarse con cierta agudeza. Un par de ellos sufre de superpoblación, el resto de migración. Los ocho, las cojeras por la caída del billete piramidal. Las divisas cual queso de grandes huecos están horadadas por la papel galleta de Washington. La retahíla amarrada a esa divisa enrosca las patas de los casi restantes 170 países, el otro grupo. Lógico que el lastre es lo primero a echar fuera de borda a las primeras de cambio. El lastre humano: Los migrados. El grupo europeo eligió su fecha de reto a duelo: El Día del Refugiado. Es de una sarna descarada su tupé, calidad aderezada a colonia con una contra migratoria de regalo para los más alebrestados de ese día de juicio para los que viven abajo.

El mundo vive divertimentos, diversiones entre retóricas, retardos, petardos y sainetes que se estirarían hasta más allá de las presidenciales estadounidenses -más allá de las locales venezolanas, más allá de noviembre, pues también influenciamos, somos peso en la cartelera mediática mundial-. Parar a las migraciones viene a ser el saludo al duelo, cacheteo de pañuelo. Los migrados son un mayor peso al país de origen, una presión para remover la fortaleza del país matriz que “exporte” emigrantes.

En este punto de convulsión, sin entrar en guerra global, el reto no es malo, si, tal cual juego de dominó, ahora nos toca poner nuestra piedra, pues es un juego político al que no está acostumbrado el Tío Brujo (Sam), dado que hasta ahora, según sus reglas, el juego no es para “los que sirven la mesa”, son ellos los que lavan nuestros platos sucios. La conciencia de los subdesarrollados tiene en esta escalada, aristas para su avance que antes ni apreciaba. No hacen falta muchas pruebas sobre la actuación nefasta de las franquicias exógenas y clasistas, de comida por ejemplo, que serían peso suficiente para llevarlas a juicio: extirparlas claro y raspado, lo que en criollito significaría enjuiciar a más de una intromisión de esos pura sangre en nuestras mesas “de segunda” -arista de esperanza que antes no traslucían las naciones-. Sí, de conciencia sobre esos extintores de cultura de pueblos, que se abran procesos locales y hasta referendos si es necesario para deportar a esos “cuartos” humanos”, dados que no son humanos completamente, que el pueblo vea la real falta de necesidad de casas que armaron un ser humano sumiso a las importaciones que se transformaron en obligaciones. Proponer las alternativas sanas que pueda reemplazarlas y comenzar otra visión, donde hasta las hamburguesas sean aceptadas tal cual las reinas pepeadas, los espaguetis, las caraotas, el con leche y el té de la India, en fin, que el sitio de cada quien es un sitio, no un sitial. Y si su contenido es dañino, mandarlos palca… sin mucha poesía. Poner en su sitio a los tsunamis del consumo.

Los pueblos del tamaño de sus líderes, despiertan, en algunos rincones, superarán y echarán a un lado a los guías que no den la talla a nuevas reglas, porque es un hecho que hacer nuevos juegos con deudas por pagar por décima vez, no es juego sino asalto a mediática armada, por lo tanto, hacer nuevos juegos con condiciones de exceptuación no es juego sino invasión para transformar en cretinos a los nacionales de algún sector. Una sola generación que adopte la carta Mac Donald’s, y se pierde en el olvido, las tradiciones culinarias de un país; para ello sólo hace falta una red de la franquicia extendida en todo el territorio... que aquí la tienen.

Los migrados son un problema para el país receptor a la hora del siguiente paso: apretar la tuerca contra el país originario de los migratores. Los migrados se transformarían en quinta columna, hasta ahora dóciles e inocentes obreros al asalto de cualquier trabajo duro que los nacionales abordados no realizan, o a un costo muy superior. Sin embargo, el trasfondo político que atraviesan los países de origen que “exportan” migrados, es una piedra en el zapato a la hora de endurecer las reglas. En Europa han solidificado la ronda socialistas y neonazis, ya que “está en peligro el futuro para unos y otros” con líderes que afecten desde los países tercermundistas, las bondades de las “madres patrias”. Y si, como que son unos ingratos esos subdesarrollados.

No hay que temer. Las medidas de presión en Argentina por ejemplo, no son medidas de fuerza, sino de desesperación; mientras más es el cretinismo de los propietarios de la tierra, mayor es el cimiento en los pueblos, lo que importa. Eso sí, hay que aprovechar al máximo esa coyuntura. El resto mira en silencio. Ya viene el retruque a las leyes de deportación, tenemos que asimilar el sabor de lo que somos para ese primer mundo: ¡Nada!

¿Ahora, qué tan algo son ellos para nosotros?


arnulfopoyer@gmail.com


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Arnulfo Poyer Márquez


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