El Willard de la embajada se fumó una lumpia

Nos cuenta el Daily Herald que mister Willard Tenney Smith, director de la sección de Asuntos Narcóticos y Policiales de la Embajada de los Estados Unidos en Venezuela, dictó una charla a 24 estudiantes de la Universidad Brighman Young, de la Iglesia (mormona) de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en Utah.

A los estudiantes de la BYU, destinados a ser misioneros mormones, les está prohibido beber, fumar y tener relaciones premaritales, por lo que podemos imaginar que escucharon muy dóciles y se creyeron todo lo que les dijo Willard sobre el “creciente papel de Venezuela” en el tráfico de cocaína.

Según Willard el acuerdo bilateral sobre el tráfico se cortó porque los generales comprometidos en el negocio se sintieron afectados por la presión antidroga gringa y porque Chávez reprocha a los Estados Unidos el golpe del 2002, una acusación en la que Willard “no cree”… seguramente por las mismas razones por las que el Vice Cheney cree que Chávez es presidente del Perú.

Un trabajo difícil y frustrante, dice Willard de su cargo en la embajada de Caracas, porque los funcionarios venezolanos no le paran y el único que lo llamó fue para pedir visa para un familiar.

Pero no todo está perdido en América Latina dijo Willard y citó el caso de México (donde el narcotráfico domina regiones enteras y asesina a funcionarios, policías y obispos) como un “éxito” en colaboración antidroga. No porque el gobierno combata la pobreza y la miseria que inciden en el asunto, ni porque mejore la efectividad de las fuerzas militares y policiales y aumente el volumen de droga capturada como ocurre en Venezuela, sino porque en México gracias al Presidente Calderón “la cocaína es de menor calidad y el precio ha subido…” Sólo fumándose una lumpia o creyendo ciegamente en “la mano invisible del mercado” alguien puede creer como Willard que esa “es la única medida que cuenta” sobre la droga o que México pueda ser un ejemplo en la materia.

El artículo no dice si Willard explicó a los estudiantes que desde la invasión gringa a Afganistán, la producción de opio de ese país aumentó hasta cubrir el 90 % de la demanda mundial. Lo más probable es que tampoco loe dijo que Estados Unidos utiliza la lucha antidroga como una forma de insertarse en la administración y cuerpos de seguridad de otros países, léase espionaje e ingerencia.

Si leemos las torpes e irrespetuosas declaraciones del “diplomático” Willard sobre Venezuela, debemos alegrarnos de no tener un acuerdo antidroga con ellos. Ningún acuerdo bilateral podrá ser beneficioso para país alguno, en Latinoamérica o cualquier parte del mundo, hasta que una nueva administración desplace a la banda terrorista actualmente instalada en Washington.



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Eduardo Rothe


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