"No te pongas Popi, que tú eres muy bonito. Eres un huevo pelao mi llave; lo material se recupera y tú tienes que jode. Dame lo mío y felices los cuatro, como dice la canción…".
Eso fue, en esencia, lo que dijo Donald Trump en Davos cuando le dedicó una fracción de su discurso a Venezuela. Si no me creen, aquí se lo dejo textualmente: “Los líderes del país han sido muy buenos (...), muy, muy listos (…) Venezuela hará más dinero en los seis próximos meses que el que hizo en los 20 años pasados (…) a Venezuela le va a ir fantásticamente bien”.
La modificación a la Ley Orgánica de Hidrocarburos es la cuarta o quinta enmienda que se le hace. Uso “enmienda” por si acaso algún gringo me lee y no entiende que las leyes se modifican o se rehacen en lugar de "enmendarlas", pues se enmienda un error y no una norma. Pero bueno, hasta en nuestra Constitución hablamos de enmienda, síntoma evidente de subordinación mental.
Volviendo al punto: vamos a pagar el rescate modificando nuestra ley. Sí, pues la vida de los secuestrados es valiosa, no solo por humanidad —que es más que suficiente— ni porque se trate de nuestro presidente constitucional y su esposa, sino también porque no queremos que vengan otra vez y asesinen a cien o más, más.
Pagar o no al secuestrador es una decisión muy difícil. Es una decisión que toman los familiares del secuestrado y que, por lo general, la policía pide que no se ejecute. Pero en este caso, vale la pregunta: ¿Qué se puede hacer si los secuestradores son la policía del mundo?
Otro elemento a considerar para pagar el rescate y evitar más agresiones contra nuestro pueblo es la enorme necesidad de resolver el problemón que causaron los extorsionadores antes de convertirse en secuestradores, al destruir nuestro sistema salarial.
Jamás debemos olvidar que, en lugar de haber venido y exponer sus razones para que reconsideráramos modificar nuestras leyes soberanas para que ellos pudiesen ganar lo suficiente, y hasta lo justo, instalándose en Venezuela para extraer petróleo, los hoy secuestradores y antes extorsionadores optaron por inducir a nuestra sociedad a una guerra civil.
Alimentaron los odios, propiciaron la demolición personal con la campaña “Maduro coño’e tu madre”, e intentaron reducirnos por hambre mediante una inflación provocada al negarnos el acceso al dólar. Se robaron nuestro papel moneda para limitar el comercio, apoyaron política y financieramente a los sediciosos creando un “gobierno paralelo e interino”, nos decomisaron aviones para destrozarlos, nos robaron dinero y oro confiados a sus bancos y conminaron a los países de la región a darnos la espalda so pena de ser maltratados igual o peor que nosotros.
Eso y más hicieron, menos reconocer que el mundo es de todos y que podemos hablar en inglés, aunque suene "trazaneao" o necesitemos de alguna app.
Siempre he tenido presente la enorme preocupación de cómo resolver el problema del salario nominal, pues hoy tenemos un salario bonificado que en la práctica es un ingreso fijo y hasta regular, pero que en realidad —o mejor dicho, en lo legal— no lo es. Por ende, perjudica al punto de que se eliminaron todos los beneficios legales o contractuales basados en un tabulador. Siempre hemos estado conscientes de que es imposible volver a intentar una reconversión monetaria con un ajuste salarial, tal y como se hizo en 2018, pues si el Estado no tiene suficientes dólares para satisfacer la demanda inmisericorde de la población y los empresarios, la emisión monetaria de bolívares se diluye de inmediato. Por lo tanto, la solución temporal, inmediata y práctica es volver a un rentismo petrolero, pero sin el derroche del pasado y con el objetivo claro de convertirlo en un elemento más del todo, y no en el todo.
Ok, el malandro parece haberse salido con la suya, pero no ha tomado en cuenta un pequeño detalle: vamos a pactar, vas a venir, vas a generar empleos y vas a resucitar la fracción de nuestra economía que se dedicaba al servicio de las empresas petroleras. Vas a pagar regalías, ISLR, LOCTI, aduanas, impuestos municipales, trámites, publicidad, responsabilidad social y hasta vas a comprarle empanadas a la señora que se va a instalar en la puerta del campo petrolero.
Tal vez vas a pagar menos; pues de un 30% de regalías pagarás 10 o 15, no sé, pero no vas a volver a pagar 1% de regalías ni cero por ISLR.
Vas a pagar bien caro tu maldad, Donroe. Ya no somos los mismos; tu tortura, lejos de doblegarnos, nos formó y nos redimensionó. Hoy por hoy sabemos que podemos vivir sin la renta petrolera. Sabemos, por experiencia vivida, que nuestros profesionales son excelentes en cualquier lugar del mundo, y muchos regresarán sin títulos de posgrado, pero con experiencias de vida y con amistades económicas —no académicas ni de aventuras de juventud— allá y más allá. No solo nos hemos demostrado a nosotros mismos que somos inteligentes, sino que también nuestro sistema educativo tiene bondades interesantes, a pesar de los pesares.
El malandro, malandro es aquí y allá. Y como todo delincuente, cree que su fechoría es perfecta y no será alcanzada por "el largo brazo de la ley", frase muy norteamericana que aprendí de muchísimas comiquitas gringas que vi de niño. A esa frase hoy le sumo algo que está demostrado por vías de hecho constatables: quien se mete con Venezuela, se seca. Así que es solo cuestión de algunos errores más del malandro para sentarnos a verlo secarse, cual limonero cosechado al mediodía.