"Que me odien con tal de que me teman»
Calígula
El combate por la verdad parece desigual, pero en ningún momento se puede retroceder, a pesar de la montaña de dólares del máximo representante del fascismo en estos momentos: Donald Trump, quien habla, hasta por los codos, pero no deja una frase altisonante, que sirva para una reflexión en la vida, ya que, su vocabulario es propio de un guapetón de barrio y va terminar erigiéndose, como el Dios del universo, aprovechando todo el poder mediático y como dice un amigo, con muchos años encima: ¡Este señor, está dando muestras de ser el propio camorrero, valiéndose de la maquinaria bélica de los Estados Unidos, el cual la mueven para atormentar pueblos y después arremeten sin importarles las consecuencias!
Todos los arrebatos de este mandatario, están despertando una oleada de comentarios y preocupación en todo el mundo, por el peligro que corre la humanidad al depender la paz de los caprichos de una persona, que ha dado suficientes muestras de no estar en su mejor momento mental y según los rumores periodísticos, la bella Melania, parece que le dejó solamente el olor del perfume para que sufra, porque se apartó del que se cree el propio actor principal de un mundo, donde las montañas de dólares en manos de estos personajes, les permite conquistar cualquier deseo en la vida y con una simple mirada totalmente dolarizada, quieren llegar al cielo para ver si pueden bajar las estrellas, para alumbrar sus mansiones.
No es fácil la situación en los Estados Unidos, por muchas razones, ya que, los motivos vienen alborotando tempestades en el circo político, desde el mismo momento de la aparición de este personaje, como mandatario desfasado, porque más arrogante y presumido imposible, al pretender arrodillar a toda la humanidad a sus pies. Ahí, es cuando la expresión de mi fallecido abuelo materno, Dimas González, se puede utilizar, cuando a manera de reflexión propia de un llanero curtido en las llanuras del alto Apure, decía: ¡Un hombre viejo, enamorado y con plata, es como un caballo gordo, cuando siente a la yegua en celo, se hace sumamente peligroso y nada le importa! Cualquiera semejanza con el mandatario, no es producto de la casualidad.
Definitivamente lo de Trump, es para someterlo a una junta médica, conformada por psiquiatras, neurólogos y psicólogos, quienes están autorizados para emitir opiniones sobre la conducta humana, pero por su actitud y voceadas totalmente fuera de control, hacen pensar, que algo no está funcionando bien en su cerebro. Quién puede entender, que un mandatario se enoje, entre en colera o termine con soberana arrechera, como un niño, cuando se tira al suelo, porque no lo complacieron con el Nobel de la Paz. Aunque si a ver vamos, el galardón cayó en una persona, que anda tirando las mismas miradas por todos lados para ver si consigue, quien le diga ¡presidenta María Corina, la silla es suya! y es tan dislocado el comportamiento de ambos, que no hallaban que hacer con el Nobel de la paz, si repartírselo como una torta o rifarlo y después partir las ganancias, eso sí, en dólares nada en bolívares.
Trump y María Corina, están inventando y repitiendo mentiras, como unos autómatas, después del asalto del 3 de enero a Miraflores, con los resultados ampliamente conocidos, pero no se produjo lo que han venido planificando en sus cálculos iniciales: un estallido social a su favor, el cual esperaban, como la luz del día. Ahora, aparte de las mentiras, están utilizando una estrategia muy bien diseñada por el aparato mediático del imperialismo para tratar de confundir a la población y opinión pública. Por un lado, Trump, elogia a la corajuda presidenta encargada Delcy Rodríguez, sabiendo que no es una persona de las características de su socia del Nobel, María Corina, quien parece convencerse, que la presidencia de Venezuela, no la tiene a la vuelta, como ella anda pregonando, ya que, el gobierno bolivariano, a pesar del ataque despiadado sigue con las tareas planificadas por el presidente Nicolás Maduro, y eso les duele y por los momentos no consiguen calmante.
En todo el mundo reclaman el cese de la intervención y la libertad del presidente Nicolás Maduro y su compañera Cilia Flores, mientras Trump y la bellaca de la María Corina, no hallan, que planificar, aunque las amenazas no han cesado, pero lo que más llama la atención son los elogios y halagos hacía la presidenta encargada Delcy Rodríguez, después de la barbaridad cometida la madrugada del 3 de enero y además da la ligera impresión, que no sabe o se hace el loco o peca de inocente, porque Delcy, tiene un recuerdo de esos, que no se borran fácilmente, como es el asesinato de su querido padre, por la policía política del momento –DISIP– cuando Carlos Andrés Pérez, mandaba en Venezuela, escuchando las recomendaciones de la Casa Blanca. Todo lo que se diga de Trump, es para abultar la biografía de un personaje, que se torna totalmente oscura, pero sigue llenando las alforjas, como cualquier bandolero de la pasada época del viejo oeste de los Estados Unidos.