El ocaso del gigante: crónica de un saqueo anunciado y el nuevo orden del Sur

La economía de los Estados Unidos no solo está en problemas; está en una fase de metástasis financiera. Con una deuda soberana que ya escala los 38,4 billones de dólares y una carga de intereses anuales de 651.000 millones, el país que una vez fue el "motor del mundo" opera hoy bajo una insolvencia técnica inminente. Lo que estamos presenciando no es una crisis cíclica, sino el colapso de un modelo que prefirió la especulación sobre la producción.

​La raíz del engaño: De la fábrica a la imprenta

​Para entender el desastre hay que mirar hacia atrás. En 1971, bajo la administración Nixon, EE. UU. rompió con el patrón oro. Al eliminar la convertibilidad del dólar, convirtieron su moneda en un acto de fe. Sin oro para respaldar su valor y atraer inversores, recurrieron a la emisión masiva de bonos del Tesoro.

​Este mecanismo se transformó en un multiplicador perverso: para pagar el capital y los intereses de la deuda vieja, deben emitir deuda nueva, cada vez más grande y más impagable. Mientras tanto, su tejido industrial se evaporó. Hoy, desde los componentes del iPhone hasta las icónicas guitarras Fender o la ropa Nike, casi todo se fabrica en China, India o México. Incluso Tesla, el último bastión de la innovación estadounidense, es esclavo de las cadenas de suministro asiáticas. El imperio se quedó sin fábricas, pero lleno de papeles impresos.

​La estrategia de la desesperación: El robo como política exterior

​Donald Trump, con su mentalidad de empresario acostumbrado a gestionar quiebras, sabe perfectamente que dirige un negocio insolvente. Sus aranceles no fueron una medida proteccionista romántica, sino un intento desesperado de recaudar liquidez, un arma de doble filo que terminó asfixiando a las pocas industrias locales que aún respiran.

​Ante el fracaso de obtener recursos en Ucrania —donde las tierras raras del Donbás quedaron bajo control ruso—, Washington ha pasado a la fase de extractivismo agresivo. La mirada se ha posado con fuerza sobre Nigeria, Groenlandia y, muy especialmente, sobre lo ellos creen es su "patio trasero". La presión sobre Venezuela y el interés por los minerales estratégicos de la región no son diplomacia; son maniobras de supervivencia. EE. UU. necesita activos reales para respaldar una moneda que se hunde, y está dispuesto a tomarlos de donde sea.

​Latinoamérica en la línea de fuego

​Para América Latina, este colapso es una amenaza existencial. Históricamente, hemos sido la despensa de Washington, y ante su desesperación, la "Doctrina del Saqueo" se intensifica. El control del Triángulo del Litio (Argentina, Bolivia y Chile) se ha vuelto una obsesión para salvar la industria tecnológica del norte.

​Pero el peligro no es solo extractivo. Millones de familias dependen de las remesas de un dólar que pierde valor día a día. Si el sistema colapsa, la inflación importada y la devaluación social golpearán con fuerza a las economías dolarizadas de la región. El gendarme global se está quedando sin dinero para mantener sus 700 bases militares, y ese vacío de poder será tan caótico como peligroso.

​El Escudo de los BRICS+: Un nuevo horizonte

​Sin embargo, el fin de la hegemonía estadounidense no tiene por qué ser el fin del mundo para el Sur Global. La emergencia de los BRICS+ ofrece, por primera vez en un siglo, un seguro de vida geopolítico.

​La intervención de este bloque es la clave para una transición ordenada:

  1. ​Soberanía Financiera: El Nuevo Banco de Desarrollo ofrece una alternativa al FMI, permitiendo créditos sin las cadenas de la deuda eterna en dólares.

  2. ​Protección de Recursos: Al alinearse con potencias como China y Rusia, los países latinoamericanos pueden formar bloques de negociación para evitar que sus recursos sean robados a precio de saldo.

  3. ​Desconexión del Dólar: Herramientas como el BRICS Pay permiten comerciar en monedas respaldadas por producción real y materias primas, inmunizando a la región contra el default de Washington.

​El veredicto final

​Ninguna entidad al borde de la bancarrota ha resurgido mediante el simple robo de activos. Estados Unidos necesita una transformación profunda: dejar de ser un casino financiero y volver a ser una nación productora, abandonando su rol de "salvador" que ya no puede pagar.

​Sin estos cambios, el colapso será inevitable y, como todo fin de era, será espectacular. Para Latinoamérica, el desafío es claro: dejar de ser el escombro del imperio que cae para convertirse en el arquitecto de un nuevo orden multipolar, donde la riqueza de la tierra sirva, por fin, a quienes viven en ella.

Profesor Universitario UPTLL



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