Trump miente como siempre, el petróleo venezolano que se exporta a Estados Unidos sigue siendo exclusivamente el producido y manejado por Chevron en sus empresas mixtas con PDVSA.
Los famosos "11 buques" fletados por la compañía estadounidense, que están cargando crudo en enero de 2026 y dirigiéndose principalmente a refinerías norteamericanas, no representan ninguna novedad: son parte del mismo esquema de joint ventures que operaba bajo el gobierno de Nicolás Maduro desde que se otorgó la licencia especial a Chevron en 2022 y que se renovó con restricciones en 2025, no hace muchos meses atrás ¿Recuerdan eso, cuando Marco Rubio aseguró que no se renovaría y la oposición venezolana lo celebró pero después el negociador Grenell dijo que Si y efectivamente Trump la renovó?
No hay ventas directas a otras empresas estadounidenses como Exxon o ConocoPhillips; todo pasa por Chevron, la única autorizada por Washington. Estos cargamentos acelerados sustituyen en parte a la "flota oscura" que antes llevaba petróleo sancionado a China e India, pero el mecanismo es idéntico al de siempre: producción en campos compartidos, exportación controlada por la empresa estadounidense y pagos ajustados por regalías e impuestos.
Lo que sí cambió es la narrativa del presidente Donald Trump, quien anunció con bombo y platillo que Venezuela "entregará" entre 30 y 50 millones de barriles a EE.UU. y que, con los ingresos, Caracas comprará "SOLO productos norteamericanos". Esta condición —impuesta desde Washington como parte del nuevo acuerdo tras la captura de Maduro— no fue una solicitud venezolana como si de una rendición a su poder se tratara, tal como lo deja ver Trump, o un acto de sumisión, sino mas bien la concreción de una propuesta que el propio Maduro había buscado durante años para aliviar sanciones y acceder a bienes estadounidenses esenciales (alimentos, medicinas, repuestos), pero que el propio Estados Unidos no permitió.
Trump intenta vender una "gran conquista" que confunda a la opinión pública, intentando hacer creer que ahora Venezuela enviará petróleo a Estados Unidos y de paso gastará los dólares en el imperio mismo, cuando la realidad es que Venezuela no está haciendo nada diferente con su petróleo a lo que hacía antes. El único beneficio real es que ahora los ingresos podrán dirigirse preferentemente a compras en EE.UU., algo que no sólo impulsa la economía venezolana, sino que era un objetivo largamente perseguido por el gobierno venezolano para sortear restricciones.
Al final, el bocón de turno logra titulares, pero la realidad petrolera sigue igual y algo mejor al permitir que productos norteamericanos vuelvan a llegar al país cosa a la que jamás nos opusimos.