La era Trump acelera la crisis de los Estados Unidos en América Latina tal como la veía Fidel Castro. ¡Vamos a ver!

A mí me parece estar viendo con una gran claridad lo que va a ocurrir… Pienso que un día esa política entrará en crisis, y creo realmente que se aproxima ese momento en que tal política (de Estados Unidos) va a entrar en crisis: la política de intervenir en todos los países de la América Latina, Fidel Castro.

Hasta ahora tal parece que nadie frena la egolatría y los desmanes puestos en práctica por Trump sobre la política interna y externa de los Estados Unidos. Sus medidas gubernamentales, sus anuncios y declaraciones, sus diatribas, sus improperios a simples ciudadanos, países, o presidentes de otros países y, especialmente, su injerencia en las decisiones soberanas de ellos, permiten calificar al mandatorio como un paciente necesitado de un tratamiento urgente por psiquiatras especializados en estas peligrosas manías. La mejor cura sería relevarlo del cargo. ¡Y eso es posible! No se olvide que es un delincuente sancionado por tribunales de justicia de Estados Unidos y existen otras causas pendientes por fraudes al fisco y asuntos morales que debían acelerase.

Si bien el conjunto de los asuntos involucrados hacen difícil el tratamiento correctivo, el agravamiento del sujeto y sus comportamientos erráticos exigen medidas urgentes por los propios estadounidenses o por los países y gobernantes aliados o no a la política imperialista de los Estados Unidos.

Desde su atalaya del pasado la visión de Fidel se proyectaba hacia el futuro, y es bueno hoy analizar las generalidades útiles para el presente que confronta a la América Latina y el Caribe con los Estados Unidos. Veamos estos juicios:

»Yo tengo la esperanza de que algún día Estados Unidos sea realista en su concepción y en sus ideas sobre las relaciones con los pueblos latinoamericanos. Claro que, naturalmente, ninguno de estos cambios de opinión son los que se suelen producir como resultado del razonamiento o de las ideas justas, de los análisis profundos. Desgraciadamente, tales cambios de concepción suelen tener lugar cuando ocurren problemas y cuando ocurren crisis; por eso uno habla, explica, razona, tratando de hacer que se comprenda que hay políticas equivocadas, que llevan muchos años de equivocación, y que esas políticas conducen a crisis.

Yo estoy convencido de la inevitable crisis de la política de Estados Unidos con relación a la América Latina, la vieja idea de actuar como propietario de los países de este hemisferio, con verdadero desprecio hacia sus pueblos (…). Me da la impresión de que cuando Colón, Cortés, Pizarro y los otros colonizadores europeos llegaron a este continente, trataban a los indios prácticamente con el mismo estilo y misma filosofía, que no excluía la filosofía de cambiar espejos y otras baratijas por oro, me parece que esa es la concepción. Yo lo noto, lo palpo (…)

Pienso que un día esa política entrará en crisis, y creo realmente que se aproxima ese momento en que tal política va a entrar en crisis: la política de intervenir en todos los países de la América Latina, dictar pautas, decir qué tipo de gobierno tienen que elegir, qué cambios sociales pueden hacer o no pueden hacer; esa política va a entrar en crisis y en un período no lejano.

Como a mí me parece estar viendo con una gran claridad lo que va a ocurrir, he estado precisamente planteando estos problemas, insistiendo en estos problemas con cuanto norteamericano me encuentro, y quizás ese esfuerzo pueda tener alguna utilidad y haga que al menos un número de norteamericanos razone.

No creo que le prestemos un mal servicio al pueblo de Estados Unidos, cuando insistimos que en la América Latina se está gestando una situación verdaderamente explosiva; y si no se resuelven urgentemente determinados problemas, entonces Estados Unidos se va a encontrar ante problemas serios que no podrá afrontarlos con la concepción, las ideas y los métodos con que ha tratado históricamente a los pueblos de América Latina.

Pienso, francamente, que Estados Unidos tendrá que adaptarse a esas realidades, tendrá que cambiar la concepción, y no tiene necesariamente que esperar a que haya cataclismos sociales y políticos para tratar con más respeto y menos menosprecio a los países latinoamericanos. Cuando ese día llegue, cuando se produzca ese cambio de concepción, empezarán a crearse las condiciones para las relaciones de comprensión y de respeto, incluso de amistad, independientemente de la diferencia ideológica y del sistema social existente entre Estados Unidos (...). Y resistir quiere decir victoria, resistir significa ganar esta contienda (…)«.

¿Qué pueden añadir los lectores al analizar el presente multiforme de la política imperial y sus vasallos y, principalmente, los espíritus rebeldes de los países negados a padecer mansamente la esclavitud y el despojo de las libertades y recursos de las patrias amadas y de sus historias de independencia y soberanía?

 



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Wilkie Delgado Correa


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