Al Diablo en sus propios términos

El histórico discurso del presidente Chávez ante la Asamblea General de la ONU ha sido reseñado en los principales titulares de prensa y espacios informativos de radio y televisión del mundo, destacando el calificativo de "diablo" que le fue otorgado al presidente estadounidense, George W. Bush.

Esta brillante aserción lleva implícita una genial ironía, el haber enfrentado al líder del imperio en sus propios términos.

El presidente Bush asegura ser un "renacido al cristianismo." Dice que a Dios le debe su "salvación" de la promiscuidad, drogas y alcohol, y a Dios ha jurado pagarle desde la cima del poder político. Su fraudulenta victoria en las elecciones presidenciales de 2000 significó la "señal" de que Dios lo había escogido para cumplir una misión trascendental en la tierra: una "cruzada" neoimperialista en el Medio Oriente contra el "eje del mal", advirtiendo en todo momento que se trata de una batalla entre el bien y la maldad, entre los defensores de la libertad y los promotores del mal, entre los "freedom-fighters" y los "evil-doers", entre Dios y el Diablo. Para Bush, la decisión de calificar a un “diablo” no es competencia exclusiva de la iglesia, como lo pretende hacer ver el embajador Brownfield para desacreditar el discurso del presidente Chávez.

Lo cierto es que la retórica religiosa de Bush no ha producido un mayor estado de bienestar espiritual, sino por el contrario, ha exaltado el fanatismo de los grupos cristianos más extremistas y recalcitrantes de Estados Unidos, al punto de llevar al reverendo fascista, Pat Robertson, a solicitar formalmente el asesinato del presidente Chávez.

De acuerdo al pastor presbiteriano Fritz Ritsch (Washington Post, 2 de Marzo de 2003), la derecha cristiana estadounidense cree que el Estado debe someterse a lo que ellos interpretan como el designio de Dios en la tierra, y en este sentido, han añorado el surgimiento de un dirigente davídico - "un líder político como el David de la Biblia, capaz de unir su visión secular con sus aspiraciones espirituales" - que ha sido encarnado en el presidente Bush, como el mismo lo ha manifestado en innumerables ocasiones. Para el pastor Ritsch, los grupos religiosos que apoyan a Bush son sus mas grandes "cheerleaders", discípulos del líder escogido por Dios para librar al mundo de las tiranías, así sea mediante la guerra, invasiones, bombardeos y ocupaciones militares.

Es precisamente el fervor religioso que Bush ha cultivado entre sus más extremistas seguidores, lo que le ha permitido justificar el genocidio del pueblo árabe y musulmán en Irak, Líbano y Palestina, así como las continuas agresiones contra Irán que podrían desembocar eventualmente en una guerra de incalculables proporciones.

En este contexto se produce la oportuna intervención del presidente Chávez en la ONU para desenmascarar a quien vestido de ángel ha plagado de maldad, hambre y miseria a todos los confines de la tierra.

El "diablo" acusa a todo el que se rebela contra su hegemonía neoimperialista de extremista y terrorista, mientras protege en su propio suelo al asesino Luis Posada Carriles, quien hizo explotar un avión comercial con mas de 70 personas a bordo.

El "diablo" señala a países soberanos de violar los derechos humanos, incluso evitó que el terrorista Posada Carriles fuera deportado a Venezuela porque supuestamente enfrentaría amenazas a su integridad física, pero no le tiembla el pulso para practicar y promover la tortura de quienes considera "enemigos" violando flagrantemente las leyes internacionales y las de su propio país.

El "diablo" exige acabar con la energía nuclear utilizada con fines pacíficos en países en desarrollo, pero incrementa exponencialmente su gasto militar y la elaboración de armas nucleares.

El "diablo" se presenta como defensor de las libertades civiles, pero intensifica sus labores de espionaje en todo el mundo, incluyendo a sus propios aliados y ciudadanos estadounidenses.

El "diablo" dice promover la paz y la democracia, pero pretende implementarlas a punta de bayoneta a través de los focos de guerra que mantiene en todos los rincones del planeta.

No se equivoca entonces el presidente Chávez cuando además de pedir la refundación de la ONU para que expanda la composición del Consejo de Seguridad con países en desarrollo, aplique métodos eficaces de atención y resolución de conflictos, elimine el mecanismo antidemocrático del veto y fortalezca las atribuciones del Secretario General, enfrentó al "diablo" con admirable valentía en su propio patio y en sus propios términos. Así lo entendió el pueblo estadounidense y así fue apreciado por los pueblos del mundo, dignamente representados por el Primer Mandatario Venezolano.

(*) Internacionalista


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Antonio Guillermo García Danglades *


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