Carlos III y la Capitanía de Venezuela

Carlos III fue quizás el monarca que más proyección tuvo en nuestra historia y dinámica social. Integró todas estas provincias y las puso bajo la égida de Caracas; lo que no fue ni pura casualidad, ni mero capricho sino expresión del tremendo ajedrez que mantuvieron Carlos III y la oligarquía caraqueña.

Entre otras la creación de la unidad política que con el nombre de Gran Capitanía General daría paso a la actual República de Venezuela.

Carlos III en 1777 que la Capitanía General de Venezuela y cuya superficie estimaba en 2.500.000 Kms2. Que comprendían por el Este: el río Esequibo; por Occidente desde el Cabo la Vela en la Península de la Goajira límite con la provincia de Santa Marta; Oeste más allá del Orinoco, los territorios de Casanare, Arauca y Guainía; por el Sur el río Negro hacia el Océano Atlántico.

Antes de 1777 nuestro país estaba formado, apenas, por los Estados centrales, el actual Estado Guárico, Cojedes, Portuguesa, Falcon, Lara y Trujillo.

El Zulia, Táchira, Mérida, Barinas, la casi totalidad del Apure y la Guayana, estaban bajo la dependencia jurisdiccional del Virreinato de la Nueva Granada o actual Colombia. Y Trinidad y Margarita dependían de la audiencia de Santo Domingo; al igual que los tres estados orientales que formaban otra unidad política que mejor explica y en forma exhaustiva el Dr. Guillermo Morón en su monumental y apasionante Historia de Venezuela.

Carlos III: Tengo otra fórmula que amaso desde hace tiempo. Voy a poner bajo la égida de Caracas todas estas provincias que la circundan. Cuando los de Maracaibo y Cumaná se sientan desplazados por los caraqueños serán los primeros en disputarles el poder. <<Hay que dividir para reinar. >>

(Lo que no fue ni pura casualidad, ni mero capricho sino expresión del tremendo ajedrez que mantuvieron Carlos III y la oligarquía caraqueña).

Ministro: Los mantuanos, como se hacen llamar los nobles, son dueños de vidas y haciendas. Son hombres de guerra y en un santiamén, con el apoyo de los herejes o sin él, pueden declararse independientes, como vienen amenazando desde 1749.

Carlos III: (Haciendo gala de su memoria) ¿Os referís a la asonada de aquel canario en 1749?

Ministro: En efecto, majestad. Reinaba vuestro infortunado hermano don Fernando VI, a quien el Señor tenga en su gloria. Los mantuanos no soportan a nuestros representes de la Compañía Guipuzcoana.

Carlos III: (Reticente) ¿Y a mis gobernadores?

Ministro: Los detentan más que nunca y en especial desde que el último gobernador don Felipe Ricardo los trató con rigor.
Carlos III: ¡Craso error, mi querido amigo! ¡Craso error! Los funcionarios del Rey en Venezuela deben dividirse las funciones.
Ministro: (Desconcertado) No entiendo Majestad…

Carlos III: (Sibilino) Muy fácil, señor ministro. Los factores de la Guipuzcoana y sus servidores deben continuar, como hasta ahora lo han hecho, decapitando la hidra del mantuanismo: llevándolos a la ruina, fijándoles el precio del cacao por debajo de su costo de producción. Sin riqueza no hay poder político. Arruinados los mantuanos terminará su ascendencia sobre mis súbditos y se acabará, de una vez por todas, ese pugnaz y contagioso foco de insurrección de la nobleza caraqueña.

Carlos III: Ah, ahí está el meollo del asunto. Si los de la Guipuzcoana encarnarán las legiones infernales, mis gobernadores y oficiales se pondrán incondicionalmente a favor de los nobles, simulando abogar por ellos, gastando mucho papel y tintas; que mientras las comunicaciones van y vienen es mucho lo que adelantarán los vascos…

Tal como lo recomendó el Rey, si los factores de la Guipuzcoana agotaban a los mantuanos con sus excesos, los capitanes generales hacían ostentación de su oposición a los vascos y de su amor a los mantuanos.

Carlos III: ¿Cómo son las relaciones de los pardos de Venezuela con la causa de la corona? Y a todas éstas ¿qué dicen, que son las cuatro quintas partes de la población de Venezuela?

Ministro: No dicen mucho; pero bien sabéis cómo odian a los mantuanos por sus desprecios. Hay ya numerosos pardos de gran riqueza, que no tienen acceso a la instrucción ni a los cargos públicos, por prohibirlo expresamente las leyes.

Carlos III: Ya había pensado en eso. Sumemos a los pardos a la causa del Rey. De aquí en adelante todo pardo que no sea muy oscuro podrá comprobar el estado de blanco, siempre y cuando pague una buena cantidad de doblones. Llamad a esto <<Gracias al sacar>>.

No erró el rey en sus cálculos. Si por sus medidas sumó a su causa pardos y canarios, como lo demostrarán durante la guerra de Independencia, los oligarcas de las provincias anexadas a Caracas, disputaron a los mantuanos el gobierno de la Provincia. No duró, sin embargo, mucho tal pugnacidad. Hicieron frente común, hasta el punto de que tres años más tarde el Rey se vio obligado a suprimir la Guipuzcoana y declarar el libre comercio. Ya era tarde para echar marcha atrás al proceso de Independencia.

En 1788 murió Carlos III, sustituyéndolo en el trono Carlos IV, su abúlico hijo que, sin el talento de su padre, no supo conducir el proceso americano, ni el español, hasta el punto de abdicar el trono en Napoleón Bonaparte.

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!


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Manuel Taibo


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